España hace frente a un reto compartido y prioritario: el abordaje de las soledades
Fue hace apenas unos meses, a finales de febrero, cuando el Gobierno daba luz verde, en el Consejo de Ministros, y tras varios anuncios previos sobre su inminente aprobación, al Marco Estratégico de Soledades, que se presentó en aquel momento como un instrumento orientado a actuar frente a la soledad de manera transversal y desde una perspectiva estructural, comunitaria y centrada en las personas.
Esta estrategia, impulsada desde la Secretaría de Estado de Derechos Sociales y presentada por Pablo Bustinduy, ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, supuso, y en este reportaje analizaremos si así sigue siendo, un paso decisivo en España, permitiendo establecer de manera pionera un marco común para abordar la prevención de la soledad en todas las etapas de la vida, situando la pertenencia y la cohesión social como pilares del estado de bienestar. “El problema no es la soledad, sino que es algo que no siempre se puede elegir. Tenemos que garantizar que haya una comunidad a la que acudir cuando se busque compañía”, expresó el ministro durante la presentación de este marco.
Lo primero y más destacable de esta acción es el consenso en el que se gesta, materializando por fin esa mirada amplia y transversal que tanto se había reclamado, y prueba de ello es que once ministerios, el conjunto de las comunidades autónomas, un total de 64 entidades locales, representantes del tercer sector y un consejo asesor formado por 36 expertos en la materia han dejado su impronta en la elaboración de este instrumento. El abordaje de la soledad se plantea, por fin, como un reto compartido.
“En este país existen desde hace años distintas estrategias, programas e iniciativas relacionadas con la soledad. Es una base de conocimiento y experiencia sobre la que el marco estratégico pretende sumar. Su aprobación es muy relevante, especialmente considerando el proceso de diálogo generado y el consenso que se ha alcanzado”, expone Carmen Galán, jefa de Servicio en la Unidad de Coordinación de Estudios y Apoyo Técnico del Imserso. “Precisamente por esta transversalidad y por la diversidad de actores y escalas implicadas la materialización del marco es compleja y se hace necesario un esfuerzo de coordinación importante. En este sentido, todo un eje temático del marco se orienta a la gobernanza. Creo que el contar con una base y un acuerdo tan amplio se puede considerar un buen punto de partida”, añade Galán en una entrevista con entremayores.
El Instituto de Mayores y Servicios Sociales es un agente clave –en concreto, regentando la Vicepresidencia Segunda– en la Mesa Interinstitucional creada a raíz de este marco. Se trata de un órgano que nace para reforzar la coordinación y la participación en el seno de la Administración General del Estado y con el tercer sector, institucionalizar la colaboración interministerial y fortalecer un diálogo permanente entre el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 y otros representantes de la Administración, así como facilitar la articulación con otros actores implicados en el marco.
Decisiva ha sido, también, la implicación de las entidades locales, tal y como expresa la alcaldesa de Jerez de la Frontera (Cádiz) y presidenta de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), María José García-Pelayo: “Las Administraciones locales han participado en la elaboración del documento a través de los talleres específicos desarrollados por el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. Creo que en esos espacios el mundo local ha tenido la oportunidad de compartir sus experiencias y sus aprendizajes. Tras los momentos más críticos de la pandemia, la soledad no deseada quedó sobre la mesa de las prioridades de las entidades locales. Y han sido muchas las que, con recursos limitados pero una gran capacidad de innovación, han desarrollado iniciativas que hoy nos permiten contar con un bagaje significativo”.
Este paso dado en España viene a demostrar que abordar la soledad desde las políticas públicas es una necesidad estratégica, dadas sus implicaciones para el bienestar individual y colectivo, la calidad de vida, la cohesión social y la salud democrática.
TRANSFORMACIÓN DE LA NARRATIVA PÚBLICA
La estrategia parte de la idea de que la soledad no es un problema individual, sino que va más allá para tratarlo bajo un enfoque público, es decir, reconociéndola como una realidad atravesada por condiciones sociales, territoriales y relacionales que requieren respuestas públicas ambiciosas y sostenidas en el tiempo. De ahí que la intención de este marco sea diseñar respuestas integradas, que se centran en “las condiciones que generan, agravan o cronifican las soledades, y, como novedad, incorpora de forma explícita la dimensión relacional, que había quedado históricamente en un segundo plano en todo lo relativo al desarrollo de la política pública”, explicaba el ministro Bustinduy en la presentación.
Y es que se trata de un fenómeno social que no puede ser afrontado únicamente desde respuestas individuales, familiares o comunitarias aisladas. “El pasar de una lógica individual a comunitaria, supone considerar a la soledad una cuestión de justicia social que genera sufrimiento individual, pero también pérdida de bienestar y de calidad de vida a nivel global, y costes económicos. Todo ello contribuye a que sea susceptible de abordarse desde la política pública”, destaca Carmen Galán.
Recuerda para entremayores la investigadora de la Universidad de Vic, Universidad Central de Cataluña y coordinadora de Posgrado Atención a personas en situación de soledad de esta misma universidad, Laura Coll Planas, que cuando empezó a estudiar el fenómeno de la soledad, hace 20 años, no era considerada un problema de salud pública, pero la pandemia –como en tantos otros temas– marcó un punto de inflexión para observar y tener en cuenta aquellas consecuencias del aislamiento más allá de las que afectan a la salud. “Se habla más de que pone en peligro la democracia, por ejemplo, porque afecta a la cohesión social, la confianza social, la confianza de las instituciones. Para mí, tildarlo como problema de salud pública implica poner el énfasis en las consecuencias de salud, cuando no hay que olvidar las verdaderas causas, pues la soledad está desigualmente repartida, por lo que es una situación injusta socialmente. Por ello hay una narrativa nueva que propone ver las soledades como un tema de justicia social, pues las personas en situación económica más vulnerables la sufren más”, declara. “Tenemos que estar muy abiertos a no reducirlo al ámbito de la salud, porque nos vamos a perder cosas de este fenómeno que es muy complejo”, añade la investigadora. En este sentido, es decir, en el abordaje más allá de la salud, es donde se perfila uno de los hitos de esta estrategia.

SOLEDADES EN PLURAL
Se observa, en el contenido del documento, una nueva tendencia que se refiere a soledades, en lugar de una única soledad. Las soledades, se recoge en la estrategia, “son el resultado de procesos de producción complejos, donde interactúan dinámicas estructurales –demografía, urbanismo, desigualdad, accesibilidad, cuidados, mercado laboral– con trayectorias vitales, normas culturales y experiencias relacionales. Estos niveles no operan por separado: determinadas condiciones sociales generan escenarios que incrementan la probabilidad de vivir soledades, mientras que las vivencias personales se ven modeladas por estas mismas estructuras. Esta mirada permite entender la soledad como un fenómeno socialmente producido, más que como un problema individual”.
“Si todos tuviéramos unas condiciones de vivienda, de trabajo, de vida adecuadas, hay soledades que no existirían”, asegura Coll Planas. “A las soledades se les hace frente desde la comunidad, desde el conjunto de las políticas públicas y desde su conocimiento riguroso e inclusivo”, señala Matilde Fernández, presidenta del Observatorio SoledadES de Fundación ONCE. Este órgano está comprometido desde 2022 con el análisis de la soledad y, en este tiempo, ha publicado ya seis estudios nacionales y otros tantos autonómicos que están contribuyendo de forma clave al avance en esta materia. Como reconoce su presidenta, “desde un mejor conocimiento de este ‘malestar’, poder incidir, también mejor, en las soluciones a aplicar”.
Según los datos del Barómetro del Observatorio Estatal de la Soledad no deseada –realizado por Fundación ONCE y Fundación AXA en 2024–, una de cada cinco personas en España experimenta soledad no deseada, un dato que supone que el 20% de la población española se siente sola sin quererlo, y en muchos casos esa soledad no es puntual, sino persistente. Dicho informe muestra que la vulnerabilidad económica es uno de los factores más determinantes en la producción de soledades. Casi la mitad de las personas que llegan a fin de mes con mucha dificultad, el 47,4 %, experimentan soledad no deseada, frente a solo un 10,9 % entre quienes lo hacen con mucha facilidad. La cifra evidencia que la falta de recursos limita la participación en actividades sociales, reduce la movilidad y aumenta las dificultades para sostener vínculos.
En este contexto, Derechos Sociales considera “una cuestión democrática” abordar las soledades desde una perspectiva estructural, comunitaria y centrada en las personas. En este sentido, el ministro señaló que la estrategia va a impulsar que se construya un tejido comunitario que sirva de red a quienes viven una situación de soledad no deseada, creando entornos de proximidad en los que participar, desde una perspectiva inclusiva, y luchar contra la discriminación teniendo en cuenta factores como la edad, el género o la discapacidad. Ante esto, y como se recoge en el documento, “la producción de soledades es también el resultado de carencias en los sistemas de cuidados y en la provisión de apoyos comunitarios”, de ahí que desde el ministerio apuesten por la idea de que abordar estas dinámicas requiere avanzar hacia modelos de cuidados de proximidad y corresponsabilidad comunitaria que sostengan la vida cotidiana y reduzcan los factores estructurales que producen las soledades.
IMPLICACIÓN A TODOS LOS NIVELES
Desde el Observatorio SoledadES recuerdan que es necesario que las Administraciones públicas de todos los niveles pongan la lucha contra la soledad no deseada como una prioridad en su agenda política, dando respuestas coordinadas con medidas transversales y priorizando aquellos aspectos que tienen mayor impacto en la calidad de vida de las personas y mayores consecuencias económicas. Las políticas, además, deben prestar especial atención a aquellos grupos más vulnerables a la soledad no deseada, como las personas mayores o personas con discapacidad.
“Los municipios y las diputaciones provinciales han de ser los mayores protagonistas de esta tarea y los grandes líderes. En la cercanía, en la proximidad es donde se amplifica el desarrollo de la comunidad viva, colaboradora e inclusiva. Es donde las redes comunitarias de ayuda mutua juegan un papel transformador. Lo importante es fijar prioridades, como se ha hecho, e incorporar, en el trabajo de todos, la conexión, la integración y la inclusión de quienes nos rodean”, destaca Matilde Fernández.
“Desde la FEMP vamos a tratar de que las entidades locales conozcan la estrategia y pueden participar en los mecanismos de seguimiento que se pongan en marcha. Incorporaremos la estrategia como referencia esencial de nuestras acciones formativas sobre soledad no deseada y trataremos de que los aprendizajes del mundo local nutran el seguimiento de la estrategia”, declara la presidenta de la federación, María José García-Pelayo.
Desde SoledadES insisten en que al tratarse de un problema multidimensional, es indispensable que las políticas públicas adopten un enfoque transversal, integrando los departamentos de salud, educación, cultura, juventud, personas mayores, urbanismo y servicios sociales. “La coordinación entre las diferentes áreas de gobierno es importante para mejorar el impacto de las políticas y para que las iniciativas contra la soledad sean coherentes”, recomiendan.
HORIZONTE: NO BAJAR LA GUARDIA
Si la última vez que analizamos la soledad en esta sección de A Fondo de entremayores pusimos el acento en la concienciación social sobre este tema, no hay duda que se ha ido avanzando en España, en este tiempo, hacia la implicación real –como demuestran las iniciativas puestas en marchas para para reducir el aislamiento– para culminar, como demuestra esta estrategia, con la toma de medidas concretas. El sector es optimista, como no puede ser de otra manera, pero es imprescindible que, tras el consenso alcanzado en este escenario, se garantice el cumplimiento de las medidas que integran este marco.
“El consenso de una estrategia estatal que sirva como marco es importante, que integre la visión de la soledad en las distintas políticas a partir de medidas, programas e instrumentos, pero es necesario, por supuesto, la dotación de recursos, algo que se defiende desde la institución a nivel de cuidados y de apoyos”, puntualiza Carmen Galán desde el Imserso. Lo esencial para la presidenta de la FEMP “es mantener activos todos los sistemas de escucha y participación para poder atender la complejidad de este fenómeno. Un punto fundamental consiste en incorporar la mirada de la soledad al conjunto de las políticas. Generar espacios públicos seguros, espacios de confianza, y favorecer la proximidad de los servicios resulta clave para la prevención y la atención de la soledad”.
“La soledad que duele es compleja, muy poliédrica, y necesita de respuestas compartidas desde diferentes enfoques. La soledad necesita de un trabajo individual y personal pero más necesario es el enfoque social global. También tendremos que hacer frente a cambios estructurales de nuestros modelos de estado de bienestar. Consensuar una forma participativa e integradora de trabajar cooperativamente es una pequeña revolución, aporta inteligencia, eficacia, buen uso de los recursos y así, sostenibilidad. Se ha consensuado un enfoque para el trabajo de todos que implica transversalidad y también intergeneracionalidad e intersectorialidad. La persona y su entorno en el centro de las políticas y estas diseñadas y aplicadas a lo largo de todas las etapas de sus vidas”, concluye Matilde Fernández.
Entre los retos actuales destacan ampliar la comprensión social de las soledades y superar el estigma que las rodea, reforzar el papel de las comunidades como entornos protectores, capaces de generar vínculos y redes de apoyo mutuo, promover una cultura que valore el cuidado, la interdependencia y la participación, y ofrecer apoyos relacionales a lo largo de la vida. Esto último implica que se consoliden los modelos de intervención basados en el acompañamiento y la conexión humana.
