Un estudio de la SEN apunta a un sesgo de género en la atención del Parkinson
La Sociedad Española de Neurología (SEN) ha alertado de importantes desigualdades de género en el acceso a terapias avanzadas para la enfermedad de Parkinson en España. Según un estudio reciente, las mujeres no solo reciben menos estos tratamientos, sino que además acceden a ellos en fases más avanzadas de la enfermedad.
El trabajo, –Sex Differences in the Treatment of People with Parkinson’s Disease with a Device-Aided Therapy: A Prospective Real-World Study–, y que acaba de ser publicado en la revista Medical Sciences, fue impulsado por el Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento de la SEN en colaboración con la Fundación Degen, y analizó a más de 600 pacientes con Parkinson avanzado atendidos en más de 40 hospitales del país.
“El objetivo del trabajo era analizar las diferencias por sexo en la selección, el manejo y la respuesta a estas terapias avanzadas en la práctica clínica diaria en España”, explica Diego Santos García, miembro del GETM de la SEN y principal autor del estudio.
Los resultados muestran una clara brecha: en el caso de la estimulación cerebral profunda, una de las principales terapias avanzadas, el 73% de los pacientes tratados son hombres, frente al 27% de mujeres. Además, cuando las mujeres finalmente reciben estas terapias, lo hacen con mayor edad –una media de 69,2 años frente a los 65,2 en hombres– y con una peor calidad de vida y menor autonomía. Este retraso podría implicar la pérdida de la ventana terapéutica óptima, clave para maximizar los beneficios del tratamiento. Los expertos señalan que esta desigualdad no se explica únicamente por factores clínicos.
Aunque existen diferencias en la manifestación de la enfermedad –como mayor afectación emocional y cognitiva en mujeres–, también influyen elementos sociales y culturales. Por ejemplo, los hombres cuentan con mayor frecuencia con el apoyo de su pareja como cuidador principal, mientras que las mujeres dependen más de otros familiares. Además, las decisiones terapéuticas pueden verse condicionadas por una mayor percepción de riesgo o dudas ante posibles complicaciones.
A pesar de estas diferencias en el acceso, el estudio destaca un dato positivo: las terapias avanzadas son igualmente eficaces en hombres y mujeres. Tras seis meses de tratamiento, ambos grupos experimentan mejoras significativas en los síntomas motores y no motores, así como en la calidad de vida.
Desde la SEN subrayan la necesidad de avanzar hacia una atención más equitativa y personalizada, que tenga en cuenta no solo las características clínicas, sino también el sexo y el contexto social de los pacientes. Además, los especialistas reclaman más investigación y estrategias específicas para reducir estas desigualdades y garantizar que todos los pacientes accedan al tratamiento más adecuado en el mejor momento.
