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La enfermedad renal crónica se posiciona como una prioridad de salud pública

Expertos analizaron recientemente en Madrid los avances en nefrología y alertaron del impacto de una patología silenciosa que afecta a uno de cada diez ciudadanos, especialmente en una población cada vez más envejecida. Hablamos con el doctor José María Portolés Pérez, un destacado exponente en la materia en España

La enfermedad renal crónica (ERC) se consolida como uno de los grandes desafíos sanitarios del envejecimiento poblacional. Así se puso de relieve recientemente en la 9ª edición del foro Avances y Controversias en Nefrología (ACN), organizado por la compañía biofarmacéutica CSL, que congregó a más de 140 especialistas de todo el país para analizar las principales novedades en el abordaje de las patologías renales. En esta edición, uno de los focos principales ha sido el impacto en las personas mayores de la ERC –es decir, un deterioro lento y progresivo de la función renal–, un colectivo en el que la detección precoz y el tratamiento integral se perfilan como claves para evitar complicaciones graves y preservar la autonomía.

“El gran problema de la enfermedad renal crónica es que es silenciosa, porque no suele provocar síntomas evidentes hasta fases avanzadas”, explica para entremayores el doctor José María Portolés Pérez, jefe del Servicio de Nefrología y Trasplante del Hospital Universitario Puerta de Hierro de Madrid. “Muchas personas pueden perder más de la mitad de su función renal sin darse cuenta, lo que retrasa el diagnóstico de forma significativa”.

Se calcula que la ERC afecta a una de cada diez personas, pero continúa siendo una patología infradiagnosticada y poco visible. La ausencia de síntomas en fases iniciales hace que, en muchos casos, la dolencia se detecte cuando ya ha progresado considerablemente. Portolés insiste en que existen herramientas sencillas y accesibles para su detección precoz: “Dos pruebas esenciales permiten identificarla a tiempo: la creatinina en sangre –para estimar el filtrado glomerular–, que aparece en casi todos los análisis de básicos de seguimiento en salud laboral o en la consulta de casi cualquier especialista; y la albuminuria en orina, un marcador muy específico pero muy fácil y barato”. Sin embargo, estas pruebas no siempre se utilizan de forma sistemática en los pacientes de riesgo. Por ello, ¿a qué habría que estar atento? “Diabetes, enfermedades cardiovasculares, obesidad o antecedentes familiares son factores que deberían activar las alertas”, tanto en atención primaria como en otras especialidades.

Pero hay un cambio sustancial en el abordaje actual. “Hace años, el objetivo principal del nefrólogo era tratar las fases avanzadas con diálisis o trasplante. Hoy sabemos que debemos actuar mucho antes, en las fases precoces, para proteger la función renal”, señala.

MAYORES: ENTRE EL ENVEJECIMIENTO Y LA ENFERMEDAD

Uno de los debates centrales del foro giró en torno a cómo diferenciar la pérdida de función renal asociada al envejecimiento de una enfermedad renal propiamente dicha, especialmente en personas mayores. “Con la edad, el filtrado renal disminuye ligeramente, aproximadamente un 1% anual a partir de los 45 años, pero eso no implica necesariamente enfermedad”, explica el especialista. “Un riñón envejecido sano mantiene estabilidad en la función y no presenta albuminuria”. Por el contrario, la presencia de proteinuria, descensos acelerados del filtrado o la coexistencia de patologías como la hipertensión o la diabetes, son señales de alerta que requieren intervención.

Sin embargo, el doctor Portolés explica algo muy relevante: “La ERC ya está incluida en los planes de cuidados de nuestros mayores por atención primaria, así que el seguimiento no es difícil. Lo más relevante es saber el grado de función renal que tienen, los factores de riesgo de progresión y ver si realmente está progresando en análisis periódicos”. Y es que el impacto de la ERC en este grupo de población es especialmente relevante. “En fases avanzadas limita mucho la calidad de vida y, cuando requiere diálisis, reduce significativamente la expectativa de vida”, advierte Portolés. No obstante, el mensaje de los expertos es claro: no existe una edad límite para intervenir. “No hay una edad en la que podamos decir que ese riñón no merece tratamiento”, subraya.

Uno de los conceptos que ha tenido un especial protagonismo en el foro ACN es el del continuo cardio-reno-metabólico, una visión integradora de cardiólogos, endocrinos, internistas y nefrólogos, una mirada que beneficia especialmente al paciente mayor. “Riñón, corazón y metabolismo están profundamente conectados. Cuando uno se afecta, los otros también”, explica Portolés. “Por eso no tiene sentido analizar los problemas por órganos separados, sino por personas. Un paciente diabético, por ejemplo, tiene problemas de azúcar y posiblemente de colesterol, pero también un riesgo o daño presente de enfermedad cardiovascular y renal”, insiste el experto. Por tanto, este enfoque permite abordar de manera simultánea enfermedades como la diabetes, la insuficiencia cardíaca, la obesidad o la hipertensión, muy prevalentes en la población mayor. En la práctica clínica, esto se traduce en modelos asistenciales multidisciplinares, “como la unidad Cardiorrenal de mi hospital Puerta de Hierro, en donde atendemos al paciente en una ventanilla única cardiólogos, nefrólogos e internistas”, concreta.

Además, hay otra idea interesante que avala esta visión multidisciplinar y es que las medidas de protección son, en gran medida, compartidas: ejercicio físico, dieta equilibrada, control del peso y abandono del sedentarismo, puntualiza.

REVOLUCIÓN TERAPÉUTICA

El foro ha puesto de manifiesto que la nefrología vive una auténtica revolución terapéutica. En los últimos años han surgido tratamientos capaces de frenar la progresión de la enfermedad e incluso estabilizarla, algo especialmente relevante en pacientes de edad avanzada. A los clásicos inhibidores del sistema renina-angiotensina (IECA y ARA2) se han sumado nuevas estrategias como los inhibidores SGLT2, la finerenona o los fármacos basados en GLP-1. “Estamos en la era dorada de la nefroprotección”, afirma Portolés. “Disponemos de tratamientos eficaces y seguros también en personas mayores, siempre siempre con individualización. Son fármacos que protegen el capital vascular, metabólico renal de los pacientes, evitando que las enfermedades renales progresen. Un diagnóstico a tiempo –desde cualquier especialidad–, un tratamiento integrado de protección nos va a dar un control de la enfermedad renal evitando que progrese”. Es decir, estos avances no solo mejoran el pronóstico, sino que reducen la necesidad de tratamientos sustitutivos como la diálisis o el trasplante, con el consiguiente impacto en la calidad de vida.

Otro de los grandes avances abordados en el foro ha sido el papel de la genética en el diagnóstico de la ERC. Actualmente, “cerca de uno de cada cuatro pacientes que llegan a diálisis no tiene una causa claramente identificada”. “Los estudios genéticos permiten detectar enfermedades renales hereditarias que antes pasaban desapercibidas”, explica Portolés. “Esto permite orientar mejor el tratamiento, evitar pruebas innecesarias y ofrecer consejo familiar”. En esta línea, iniciativas como el ensayo Gensen han demostrado que hasta el 25% de los casos de enfermedad renal de origen desconocido pueden esclarecerse mediante análisis genéticos, abriendo nuevas vías terapéuticas. Finalmente, en este sentido, recuerda que “la Sociedad Española de Nefrología tiene una estrategia en marcha para identificar enfermedades específicas en pacientes renales sin diagnóstico”.

El foro también abordó aspectos clave en la atención a pacientes en diálisis, especialmente en población mayor. Entre ellos, la fragilidad y la malnutrición, dos problemas que han aumentado en la última década. “Es fundamental integrar la valoración del estado nutricional y la fragilidad en la práctica clínica diaria”, apuntan los expertos. Asimismo, se ha debatido sobre la necesidad de impulsar la diálisis domiciliaria como alternativa terapéutica, aún poco extendida en España, y sobre el papel del nefrólogo en el manejo de pacientes críticos con fracaso renal agudo.

MIRANDO AL FUTURO

En el manejo de la ERC, especialmente en personas mayores, el papel del paciente es fundamental. La educación sanitaria y el autocuidado pueden marcar la diferencia en la evolución de la enfermedad. “Mantener la presión arterial controlada, evitar antiinflamatorios, caminar a diario, seguir una dieta mediterránea con poca sal y revisar periódicamente la función renal puede ralentizar mucho la progresión de la ERC”, señala Portolés. En todo caso, “en las enfermedades crónicas es muy importante la implicación de los pacientes, que conozca la enfermedad, su tratamiento, lo que se juega…”. El concepto de ‘paciente experto’ gana terreno: personas que conocen su enfermedad y participan activamente en su cuidado. En este sentido, “las asociaciones de pacientes como Alcer hacen una gran labor conjunta con nosotros”, subraya.

Pese a los avances, los expertos coinciden en que quedan importantes retos por abordar. Entre ellos, mejorar la detección precoz, generalizar el uso de la albuminuria en el cribado, integrar sistemas automáticos de diagnóstico, desarrollar políticas específicas de salud renal y reforzar la educación tanto de profesionales como de pacientes –“para combatir mitos sobre la ERC especialmente en mayores”, destaca–. “Ha llegado la hora de los mayores para la protección del capital renal”, concluye Portolés. “Tenemos herramientas, tratamientos y conocimiento. Ahora necesitamos aplicarlos de forma sistemática y coordinada”.

Como conclusión, podríamos decir que en un contexto de envejecimiento acelerado de la población, la enfermedad renal crónica se posiciona como una prioridad de salud pública. La apuesta por la prevención, la innovación terapéutica y la atención integral será clave para cambiar el rumbo de una enfermedad que, pese a su silencio, tiene un profundo impacto en la vida de millones de personas.

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Emma Vicente
Emma Vicentehttps://entremayores.es/
Licenciada en Periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. Cubre la información de salud e internacional de entremayores y la edición de Castilla y León.

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