Ahorro, estabilidad económica y patrimonio inmobiliario: las tres fortalezas de los mayores para la etapa de jubilación
Los mayores de 55 años se han consolidado como un pilar clave en la economía española, ya que concentran aproximadamente el 68% del ahorro total de los hogares y el 43% de los recursos económicos totales, tal y como se muestra en el informe Ingresos y gastos de los hogares españoles por edad y género, del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre y Fedea. Este liderazgo responde, en gran medida, a factores estructurales como la acumulación de patrimonio a lo largo de la vida laboral, un menor nivel de endeudamiento y una mayor estabilidad de ingresos, condiciones que las nuevas generaciones no tienen garantizadas y que obligarán a una evolución del modelo sénior.
Según el VI Barómetro del Consumidor Sénior, elaborado por el Centro de Investigación Ageingnomics, la mitad de los mayores de 55 años (51%) ahorra todos los meses, lo que refleja uno de los rasgos más característicos de esta población: su capacidad de anticipación.
Así, como reconocen en este informe, la principal razón de hacerlo es estar preparados ante posibles imprevistos económicos (58% en el caso de los de entre 55 y 64 años, y 56% entre los que tienen 65 o más años). Le siguen el ahorro sin un objetivo concreto, asociado a la tranquilidad —40% y 43%, respectivamente—, y la previsión ante situaciones de dependencia o mala salud, un motivo que gana peso a partir de los 65 años, cuando alcanza el 49%, frente al 37% del grupo de 55 a 64 años. También se observan diferencias por etapa vital: complementar la pensión tiene más relevancia entre quienes se aproximan a la jubilación (28%, frente al 14% de los mayores de 65), mientras que ayudar a hijos y nietos adquiere mayor peso entre los sénior de más edad (38%, frente al 27%).
ESTABILIDAD FINANCIERA
En el 60 % de los hogares en los que vive un sénior, dos o más personas aportan con sus ingresos, lo que contribuye a una mayor resiliencia económica. Como resultado, una amplia mayoría declara sentirse tranquilo con su situación financiera actual (59%). Un escenario que, de cara al futuro, apenas sufrirá variaciones: el 67% cree que su situación económica se mantendrá más o menos igual en el futuro, el 7% prevé que mejore, el 22% atisba un empeoramiento y el 4% no sabe.
Ante el reto de optimizar su futuro tras la jubilación, esta generación muestra una incipiente actitud proactiva hacia la planificación patrimonial y financiera, siendo, según las tendencias de búsqueda en Internet referenciadas en el VI Barómetro del Consumidor Sénior, hasta un 50% más propensa a gestionar estos recursos que el resto de las edades. De hecho, alrededor del 20% de los mayores de 55 años en España digitalizados consulta información sobre planificación financiera y un 18% sobre planificación patrimonial.
Esta mayor preocupación por la planificación se refleja en la forma en la que empiezan a concebir el uso de su patrimonio durante la jubilación: cada vez menos sénior priorizan dejar la vivienda en herencia frente a mantener o mejorar su calidad de vida durante la jubilación (reduciéndose 7 puntos porcentuales en solo dos años, al pasar del 40% al 33% actual). Este cambio resulta especialmente relevante en un colectivo en el que la gran mayoría dispone de vivienda en propiedad —el 85%, y el 69% sin cargas hipotecarias—, ya que este activo no solo reduce los gastos asociados a la jubilación, sino que actúa como un colchón patrimonial que refuerza su seguridad económica.
Sin embargo, este modelo también presenta limitaciones relevantes. La principal es la baja penetración de instrumentos de previsión privada, como los planes de pensiones. Y es que, solo el 25% tiene contratado un plan de pensiones. Una cifra que, si bien ha aumentado 3 puntos porcentuales en un año, sigue evidenciando insuficiente utilización de los instrumentos específicamente diseñados para preparar la jubilación. Esta brecha entre interés y adopción de productos como este refleja que, aunque existe conciencia sobre la necesidad de planificar, esta no siempre se traduce en las decisiones financieras más adecuadas. En un contexto de envejecimiento poblacional y presión creciente sobre el sistema de pensiones, una estrategia que dé protagonismo al ahorro finalista como complemento a la pensión pública aparece como la más recomendable para las generaciones futuras.
EL RETO DE LAS NUEVAS GENERACIONES
El escenario que afrontan las generaciones más jóvenes (vidas más largas, condiciones laborales más débiles, carestía de la vivienda…) hacen necesario adoptar estrategias financieras más activas y a largo plazo, así como comenzar a planificar antes su jubilación, incorporando no solo el ahorro, para no depender exclusivamente de las prestaciones públicas.
En este sentido, el comportamiento financiero de los sénior españoles deja como enseñanza el valor de la disciplina de ahorro, la prudencia financiera y la acumulación patrimonial, factores que aportan estabilidad durante la jubilación. Ciertamente este modelo se apoya en unas condiciones —como la elevada vivienda en propiedad, un menor endeudamiento o una mayor estabilidad de ingresos— que no necesariamente se repetirán con la misma intensidad en las próximas generaciones. Por eso, el reto no pasa por replicar el modelo sénior, sino por adaptarlo a un nuevo contexto económico, demográfico y laboral.
“El modelo de los sénior españoles ofrece lecciones valiosas en términos de estabilidad, disciplina de ahorro y control del gasto, pero también evidencia la necesidad de evolucionar hacia una mayor planificación financiera”, explica Juan Fernández Palacios, director del Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre. “La clave para las nuevas generaciones no será replicar ese modelo, sino evolucionarlo: empezar antes, invertir mejor y planificar la jubilación como un proyecto integral de vida, no solo como un objetivo financiero”.
