InicioComunidad de MadridCristina Bermejo: "Necesitamos hospitales más amigables con las personas mayores, con equipos multidisciplinares y con servicios de Geriatría"

CRISTINA BERMEJO / PRESIDENTA DE LA SOCIEDAD MADRILEÑA GERIATRÍA Y GERONTOLOGÍA (SMGG)

Cristina Bermejo: "Necesitamos hospitales más amigables con las personas mayores, con equipos multidisciplinares y con servicios de Geriatría"

La doctora Bermejo es coordinadora de Geriatría del Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda y uno de sus objetivos como presidenta de la SMGG es promover una atención integrada entre hospitales, centros de salud, servicios sociales y residencias

PREGUNTA.- ‘Diseñando el hospital del futuro’ fue el lema del XXVI Congreso de la SMGG. Tras este encuentro, ¿cuáles son las conclusiones? ¿Qué características deben tener los hospitales para dar una correcta atención a una sociedad que envejece?

RESPUESTA.- La principal conclusión es que el hospital del futuro debe estar pensado para las personas y no solo para las enfermedades. Los hospitales se diseñaron para atender procesos agudos, pero hoy la realidad es diferente: la mayor parte de los pacientes ingresados son personas mayores con varias enfermedades, fragilidad, dependencia o deterioro cognitivo. Paradójicamente, el propio hospital puede producir complicaciones como delirium, pérdida de movilidad o deterioro funcional e infecciones nosocomiales. Por ello, necesitamos hospitales más amigables con las personas mayores, con equipos multidisciplinares y con servicios de Geriatría que se centran en valorar no solo la enfermedad, sino también la capacidad funcional, la mental, la nutrición, la medicación o el entorno social. El futuro pasa por hospitales más coordinados con la atención primaria, las residencias y el domicilio, donde el ingreso sea solo una parte del proceso asistencial. También debemos avanzar hacia una medicina más personalizada, con mayor protagonismo de la prevención, la rehabilitación y las nuevas tecnologías. El éxito ya no se medirá únicamente por curar una enfermedad, sino por conseguir que las personas mantengan su independencia y calidad de vida.

P.- ¿En qué consiste el Plan de Fragilidad que proponen desde la SMGG para las personas mayores en las urgencias hospitalarias?

R.- La fragilidad es una situación de especial vulnerabilidad. Una persona frágil tiene más riesgo de sufrir caídas, discapacidad, dependencia o complicaciones tras una enfermedad. Muchas veces una visita a urgencias o un ingreso pueden suponer un antes y un después en su autonomía. Por eso, desde la Sociedad Madrileña de Geriatría y Gerontología proponemos que las urgencias incorporen una visión geriátrica. El objetivo es identificar precozmente a las personas con mayor riesgo y ofrecer una atención adaptada. No se trata únicamente de diagnosticar una neumonía o una infección urinaria, pues en muchas ocasiones son la consecuencia de otro problema que hay que identificar, sino también de evitar el deterioro funcional, revisar la medicación, prevenir el delirium, valorar la situación social y asegurar un buen seguimiento tras el alta. Queremos que el paso por urgencias no sea el inicio de una cascada de complicaciones o de una dependencia evitable. En definitiva, se trata de poner el foco en la persona y no exclusivamente en la enfermedad que motiva la consulta.

SMGG

P.- ¿Qué retos específicos presenta la Comunidad de Madrid en materia de atención a las personas mayores?

R.- Madrid tiene una gran red sanitaria y es una de las comunidades con mayor desarrollo de la Geriatría, pero el envejecimiento de la población plantea nuevos retos. Cada vez habrá más personas mayores de 80 años, más pacientes con enfermedades crónicas y más personas con fragilidad o demencia. Uno de los objetivos necesarios es garantizar una atención integrada entre hospitales, centros de salud, servicios sociales y residencias. El sistema sanitario y el sistema social deben funcionar como un continuo, porque las necesidades de las personas mayores no entienden de compartimentos. Otro reto importante es promover el envejecimiento saludable y prevenir la fragilidad antes de que aparezca la dependencia en fases mucho más tempranas. Además, tendremos que responder a problemas emergentes como la soledad no deseada, la falta de cuidadores y el aumento de las enfermedades neurodegenerativas. Uno de los desafíos que se deben desarrollar los próximos años es la atención más centrada en el paciente y que sea el hospital o el médico de cabecera el que se desplaza a valorar, diagnosticar y tratar al paciente en su domicilio en lugar de obligar al mayor con discapacidad o dependencia a diferentes consultas o niveles.

P.- ¿Cree que la pandemia nos enseñó lecciones respecto a la mejora en la atención sanitaria y social a las personas mayores?

R.- Sin ninguna duda. La pandemia nos enseñó que la salud y los cuidados sociales son inseparables. También puso de manifiesto que las residencias no pueden trabajar aisladas y que es necesario acercar la atención especializada allí donde viven las personas. Aprendimos la importancia de la coordinación entre hospitales, atención primaria y residencias, y vimos que muchos problemas podían resolverse evitando traslados innecesarios. También nos recordó que la edad no es un criterio de discriminación y que las decisiones deben basarse en la situación clínica, las necesidades y en los valores de cada persona. Creo que una de las grandes lecciones es que debemos pasar de un modelo reactivo a otro más preventivo y más cercano al domicilio.

P.- La Comunidad de Madrid destaca por un gran número de hospitales con servicio de geriatría pero, ¿qué pasos hay que dar para alcanzar una cifra óptima de centros que cuenten con esta especialidad?

R.- Madrid es una de las comunidades más avanzadas en este aspecto, pero todavía queda camino por recorrer. El objetivo debe ser que todas las personas mayores con problemas complejos tengan acceso a una atención geriátrica especializada, independientemente del hospital en el que sean atendidas. Además de disponer de servicios de Geriatría, es importante desarrollar recursos como las unidades de ortogeriatría (unidades donde los geriatras valoran a todos los mayores con fracturas de cadera para prevenir complicaciones, reducir su dependencia y su mortalidad), las consultas de fragilidad, las consultas de oncogeriatría o cardiogeriatría, los equipos de geriatría de enlace con residencias y la atención geriátrica domiciliaria. La Geriatría no es una especialidad para unos pocos pacientes, sino una forma de abordar los problemas complejos del envejecimiento. La evidencia científica ha demostrado que mejora la supervivencia, reduce las complicaciones y favorece que las personas mantengan su independencia por lo que es.

P.- Y los hospitales de agudos, ¿hay suficientes para atender a la población mayor?

R.- Más que aumentar el número de hospitales, el reto es transformar el modelo asistencial. Muchas personas mayores no necesitan más camas hospitalarias, sino más médicos especialistas en geriatría, garantizar una continuidad asistencial, recuperación funcional y atención en su domicilio o en las residencias. El futuro pasa por hospitales más abiertos, con programas de hospitalización a domicilio, unidades de geriatría de enlace y una estrecha coordinación con atención primaria y servicios sociales. Ingresar menos y atender mejor debe ser uno de los objetivos. La hospitalización seguirá siendo imprescindible, pero debemos desarrollar una atención más centrada en el paciente, en la prevención y evitar ingresos innecesarios que puedan favorecer la pérdida de autonomía.

P.- Si mira al resto de las comunidades, ¿cree que el sistema sanitario en Madrid avanza en una buena dirección? ¿Hay algo que aprender de otras regiones?

R.- Madrid cuenta con una red hospitalaria muy potente y con una amplia implantación de la especialidad de Geriatría, algo que no ocurre en todas las comunidades. Se han desarrollado programas innovadores y existe una larga tradición de trabajo en fragilidad y atención a las personas mayores. Pero siempre hay margen de mejora. Podemos aprender de otras comunidades en aspectos como la atención domiciliaria, la integración sociosanitaria o determinados modelos comunitarios. El envejecimiento es un desafío compartido y las mejores soluciones surgirán de compartir experiencias y aprender unos de otros.

P.- El aislamiento y la soledad no deseada empiezan a considerarse un problema de salud pública. ¿El sistema sanitario está impulsando servicios adecuados para detectarlo y evitarlo o se necesita replantear el modelo?

R.- La soledad no deseada es uno de los grandes problemas emergentes de nuestra sociedad. Sabemos que se asocia a mayor riesgo de depresión, deterioro cognitivo, fragilidad, dependencia, ingresos hospitalarios e incluso mortalidad. El sistema sanitario está cada vez más sensibilizado y existen programas para detectarla, pero no es un problema que pueda resolver únicamente la sanidad. Se necesita una respuesta comunitaria en la que participen servicios sociales, ayuntamientos, asociaciones y el propio entorno vecinal. Probablemente debamos replantear parte del modelo para pasar de una atención centrada en enfermedades a una visión más amplia que tenga en cuenta también las relaciones sociales, la participación y el bienestar emocional.

P.- ¿Tendrán un papel relevante la tecnología y la inteligencia artificial en la atención geriátrica?

R.- Sin duda. La tecnología y la inteligencia artificial van a desempeñar un papel muy importante. Nos permitirán detectar antes situaciones de riesgo, predecir complicaciones, mejorar los diagnósticos y reducir tareas administrativas para que los profesionales puedan dedicar más tiempo a las personas. La monitorización domiciliaria, la telemedicina, los sensores, la robótica o la inteligencia artificial pueden ayudar a que muchas personas mayores vivan más tiempo en su entorno habitual y con mayor seguridad. Pero debemos dejar claro que la tecnología no sustituirá a los profesionales ni al contacto humano. La inteligencia artificial debe ser un copiloto, no el piloto. Debe ayudarnos a ofrecer una atención más personalizada y humana.

P.- Respecto a las especialidades de enfermería y medicina geriátrica, ¿hay suficientes estudiantes que se decantan por estas ramas o se debería dar un impulso desde las universidades para aumentar el número de facultativos?

R.- El envejecimiento de la población hace imprescindible disponer de más profesionales formados en Geriatría. Sin embargo, la presencia de esta disciplina en las facultades de Medicina sigue siendo insuficiente y muy desigual. Esto explica que muchos estudiantes terminen la carrera sin conocer realmente la especialidad. Necesitamos reforzar la enseñanza de la Geriatría en las universidades, aumentar las plazas de formación y hacer visible una especialidad profundamente humana, innovadora y basada en la evidencia científica. La sociedad envejece y todos los profesionales sanitarios van a atender a personas mayores. Por eso, además de formar más geriatras y enfermeras especialistas, es importante que todos los médicos y enfermeras reciban una sólida formación en envejecimiento. Cuidar adecuadamente a las personas mayores será uno de los grandes desafíos de la medicina del siglo XXI y debemos prepararnos para ello.

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Cristina Villanueva
Cristina Villanueva
Licenciada en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. Cubre la Edición de Madrid de entremayores.

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