InicioA Fondo'No se trata de cubrir las necesidades que creemos que tienen los mayores, sino de sus preferencias y elecciones'
Amal Abou Rafeh / Directora del Programa de Envejecimiento del Undesa

'No se trata de cubrir las necesidades que creemos que tienen los mayores, sino de sus preferencias y elecciones'

Entrevistamos a Amal Abou Rafeh, directora del Programa de Envejecimiento del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas, sobre la situación actual de los mayores en el mundo
Pregunta: Usted dirige el Programa de Envejecimiento del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (Undesa) desde hace varios años. ¿De qué logro está más orgullosa?
Respuesta:Diría que de la contribución de nuestro equipo a cambiar la narrativa sobre la longevidad y las personas mayores en los debates mundiales que tienen lugar en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York. Se espera que el número de personas mayores de 60 aumente en un 38% para 2030, superando al número de jóvenes en todo el mundo. Esto muestra la magnitud del envejecimiento de la población. Sin embargo, el verdadero desafío es la necesidad de una nueva narrativa sobre el envejecimiento. Necesitamos examinar cómo nos referimos a esa población. Poner el acento en una visión negativa olvida las principales oportunidades que surgen, y omite las partes positivas, como la longevidad. No se trata de una cuestión moral, ni de hacer lo correcto. Hay investigaciones recientes que muestran cómo la longevidad tiene el poder de transformar los mercados globales, así como las economías y las sociedades. Por eso, cambiar la narrativa sentará las bases para poner en marcha políticas sociales y económicas que aprovechen los puntos fuertes, la experiencia y el talento de las personas mayores, lo que repercutirá en el bienestar de todos nosotros a medida que envejecemos.
Pregunta: En 2023, se publicarán los resultados del Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento (MIPAA). ¿Qué nos puede adelantar?
Respuesta:A medida que se acerca el 20º aniversario de la Segunda Asamblea Mundial sobre Envejecimiento, el cuarto y último ejercicio de revisión y evaluación del MIPAA es una oportunidad única para reimpulsar la acción internacional y avanzar en la agenda del envejecimiento. La forma en que resulte todo esto está en manos de los Estados miembros.
Pregunta: Hablando del MIPAA: usted la calificó como una “norma blanda”. ¿Cree que sería más efectivo si tuviera carácter vinculante?
Respuesta:Creo que el desarrollo y los derechos humanos se retroalimentan. El desarrollo es un proceso económico, social, cultural y político, que tiene como objetivo mejorar el bienestar de las personas. El derecho al desarrollo es un derecho humano inalienable, en virtud del cual todas las personas tienen derecho a participar, contribuir y disfrutar. No hay que olvidar que, en la adopción del MIPAA, los gobiernos acordaron vincular, por primera vez, las cuestiones del envejecimiento a otros marcos de desarrollo social, económico y de derechos humanos, y reconocieron la necesidad de promover tanto el desarrollo como los derechos humanos para alcanzar una sociedad inclusiva para todas las edades. Dicho esto, nuestro equipo apoya el trabajo del Grupo de Trabajo de Composición Abierta sobre Envejecimiento (OEWGA) de la ONU con la finalidad de fortalecer la protección de los derechos humanos de las personas mayores. Hasta la fecha, el equipo produjo dos documentos que analizan la aportación de los gobiernos, las instituciones, las oenegés y las agencias de la ONU en forma de contenido normativo para el desarrollo de un posible estándar internacional sobre autonomía personal e independencia, los cuidados paliativos y de larga duración, la educación, la formación, el aprendizaje permanente; así como la protección y la seguridad social.
Pregunta: Usted dijo que caracterizar al cambio demográfico como un desafío es un error. ¿Qué oportunidades surgen como parte del cambio demográfico?
Respuesta:Creemos que los mayores son sujetos activos que realizan contribuciones sustanciales a los esfuerzos en materia de desarrollo. Las prácticas de exclusión, que suelen describirlos como débiles y dependientes, pasan por alto sus aportaciones, fortalezas, ingenio y humanidad. Según el estudio ‘Longevity Economy Outlook’, publicado recientemente por la American Association of Retired Persons (AARP), solo en los Estados Unidos, las personas de 50 años o más contribuyen a la economía con 8,3 billones de dólares, y se espera que se triplique a 28,2 billones para 2050. Si estuviéramos hablando de un país, sería el tercero más grande economía en el mundo detrás de Estados Unidos y China. Un informe reciente estima que se podrían sumar 3,5 billones de dólares a las economías de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) si se anima a las personas que se acercan a la edad de jubilación a continuar trabajando. Los estudios muestran que una fuerza laboral diversa en edad puede mejorar significativamente la continuidad de la misma, así como la estabilidad y la retención del capital intelectual.
Pregunta: ¿Podría hacer un balance de la situación general de las personas mayores en todo el mundo?
Respuesta:La situación de las personas mayores varía entre países, y también dentro de ellos. Desatender a este colectivo a nivel político pone en riesgo sus derechos; y muchos mayores sufren desigualdad sistémica en ámbitos económicos y sociales. Nos han llegado informes de que este colectivo se enfrenta a barreras a la hora de acceder a servicios sociales y de salud básicos; al mercado laboral y a oportunidades de trabajo digno; a servicios financieros, al conocimiento, a la educación y a la formación. Voy a poner dos ejemplos que lo demuestran. Si bien el cambio climático afecta a todo el mundo, hay evidencia de que los mayores son más vulnerables a los efectos de las temperaturas extremas, y tienen un riesgo de mortalidad significativamente mayor si se dan catástrofes climáticas. Las desventajas socioeconómicas incrementan la fragilidad de los senior en estos contextos, con una capacidad de adaptación menor en el caso de que sean pobres, tengan condiciones crónicas preexistentes, movilidad limitada; vivan aislados o tengan acceso restringido a recursos y transporte. Otro ejemplo es la pandemia de Covid-19. El virus tiene una tasa de mortalidad estimada inferior al 2%, pero aumenta hasta el 8-15% en personas mayores. Casi toda la atención de larga duración a las personas mayores la dan los miembros de su familia –sin el apoyo de servicios asistenciales, formación o ayudas económicas–, en cuyo caso es crucial dar cabida a las bajas por enfermedad o por cuestiones familiares, de modo que se puedan llevar a cabo esos cuidados. Por otro lado, la atención de larga duración se puede dar en una residencia, en las cuales, los usuarios tienen un mayor riesgo de contagiarse. En este sentido, apoyo la atención domiciliaria, y creo que los servicios médicos deben adaptarse a la realidad de los mayores: sin discriminar por edad, en el entorno y en una infraestructura que sea amigable para este colectivo.
Pregunta: Se ha pedido reiteradamente a los gobiernos que aborden los desafíos del envejecimiento de la población. En su opinión, ¿qué medidas y políticas deberían implementarse para abordar esta situación?
Respuesta:No voy a entrar en las medidas y políticas que deberían implementarse, pero destacaré dos cuestiones clave que los gobiernos deben tener en cuenta a la hora de desarrollarlas. El año pasado, nuestro equipo analizó 158 revisiones nacionales voluntarias de 143 países entre 2016 y 2019. Descubrimos que más de dos tercios incluían referencias al envejecimiento, lo cual es bastante impresionante. Pero al fijarnos más, vimos que las personas mayores se abordaban como un grupo vulnerable. Los problemas relacionados con el envejecimiento se describían como un desafío, una preocupación por la sostenibilidad de los servicios sociales, las pensiones y los sistemas de atención médica, y mi favorito, “como un factor que limita el crecimiento económico y de ingresos a largo plazo”. Al crear políticas, las personas mayores deben ser vistas como contribuyentes activos de la sociedad, y no solo como receptores pasivos de atención y asistencia y una carga inminente para los sistemas y economías. El segundo mensaje hace eco del mantra “nada sobre nosotros sin nosotros”. Asegurar un enfoque participativo requiere de la creación de canales y mecanismos efectivos para la participación y el diálogo con los mayores, para darles voz en las decisiones que les afectan directamente. No se trata de cubrir las necesidades percibidas, sino también de sus preferencias y elecciones.
Pregunta: Ha centrado su actividad en cuestiones de género y maltrato hacia los mayores. ¿Cuál es la situación actual de ambos problemas? ¿Cómo deberían abordarse?
Respuesta:Las desigualdades en los ingresos, el acceso a la educación, el empleo y la salud a lo largo del ciclo de vida exponen a muchas mujeres a la pobreza en la vejez, que se ve agravada por las limitaciones de los derechos de pensión y, en algunas culturas, la falta de control sobre los recursos financieros y la pérdida de independencia. Como las mujeres generalmente viven más que los hombres, el riesgo de pobreza es mayor. Por ello, hace falta aumentar la cantidad y el alcance de los planes de pensiones sociales, las pensiones de viudedad y permitir que se cotice durante los años que se ejercen trabajos de cuidado no remunerado. Esas serían algunas de las medidas que necesitan ser adoptadas urgentemente para abordar este problema.

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Redacción EM
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Información elaborada por el equipo de redacción.

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