DIRECTOR GENERAL DE FUNDACIÓN MÉMORA
José Joaquín Pérez: “Pacificar el final de la vida no consiste en preparar la muerte, sino en cuidar mejor la vida hasta el último momento”
PREGUNTA.- ¿Qué es la Fundación Mémora y cuál es su “misión” principal?
RESPUESTA.- La Fundación Mémora trabaja para mejorar la atención y el acompañamiento de las personas y las familias que atraviesan situaciones relacionadas con el final de vida, apoyando también a los profesionales que las atienden. Queremos contribuir a construir una sociedad más cuidadora y más humana. Para lograrlo, impulsamos proyectos de acción social, sensibilización, investigación y formación sobre el envejecimiento, los cuidados, el duelo y el final de la vida. Nuestro objetivo es que las personas puedan vivir esta etapa con dignidad, acompañamiento y respeto a sus decisiones.
P.- ¿Planificar el final de la vida es una forma de ejercer la autonomía o sigue siendo un tema que socialmente evitamos por miedo o superstición?
R.- Planificar el final de la vida no solo es una de las formas más importantes de ejercer nuestra autonomía, sino que además permite a las personas vivir esta etapa con mayor paz y serenidad. Sin embargo, todavía nos cuesta hablar de ello. Existe la falsa idea de que hacerlo es perder la esperanza, cuando en realidad permite vivir con más tranquilidad y ofrecer seguridad a quienes nos rodean.
P.- Desde su experiencia, ¿está cambiando la forma de planificarlo?
R.- Sí. Cada vez más personas entienden que no solo debemos planificar cuestiones económicas o patrimoniales. También es importante reflexionar sobre cómo queremos ser cuidados, qué valores queremos preservar y quién queremos que nos represente si un día no podemos decidir por nosotros mismos.
P.- ¿Qué conversaciones considera imprescindibles mantener con la familia antes de que llegue una situación de dependencia o una enfermedad grave?
R.- La pregunta clave es: “¿Qué es importante para ti?”. A partir de ahí pueden abordarse las preferencias sobre cuidados, la toma de decisiones, los temores, los deseos y las responsabilidades pendientes. Hablar de ello con tiempo reduce conflictos y genera serenidad cuando llegan momentos difíciles.
P.- En ocasiones son los hijos quienes evitan hablar de estos temas con sus padres. ¿Cómo se puede iniciar esa conversación sin que resulte incómoda o se interprete como una pérdida de esperanza?
R.- Cambiando el enfoque. No se trata de hablar de la muerte, sino de hablar del cuidado. Preguntar cómo les gustaría ser acompañados o qué consideran importante suele abrir conversaciones muy enriquecedoras. Hablar de ello es un acto de cariño y de responsabilidad compartida. En este sentido, la Fundación Mémora ha elaborado la guía Pacificar el final de la vida. Elaborada en colaboración con la Cátedra Ethos de la Universidad Ramon Llull, recoge una serie de propuestas y orientaciones tanto para personal sanitario y del ámbito social como para el público en general que acompañan a personas en la etapa final de la vida. El documento precisamente pone el acento en transitar esta etapa con paz y respeto y cuidar las diferentes dimensiones humanas –la física, emocional, social y espiritual– en este proceso de final de vida.
P.- Si pudiera dar algún consejo a cualquier persona, especialmente a partir de los 65 años, para afrontar el final de la vida con mayor tranquilidad, ¿cuáles serían?
R.- Hablar, planificar y cuidar los vínculos. Expresar nuestros deseos, agradecer, resolver conversaciones pendientes y compartir lo que realmente es importante. En definitiva, vivir de forma coherente con nuestros valores para que, cuando llegue ese momento, podamos afrontarlo con serenidad y paz. Pacificar el final de la vida no consiste en preparar la muerte, sino en cuidar mejor la vida hasta el último momento. Ese es el compromiso que impulsa la labor de la Fundación Mémora.
