Se calcula que entre 30.000 y 40.000 vascos tienen Alzheimer
El profesor Juan José Zarranz aseguró en un reciente encuentro enmarcado en el ciclo 'Encuentros con la Salud' que esta enfermedad es 'una enorme amenaza para la salud individual y para los sistemas sociosanitarios'
Se calcula que entre 30.000 y 40.000 vascos sufren una demencia, y el 70% de estos enfermos están afectados por Alzheimer. Estas cifras han hecho que el Alzheimer haya pasado de considerarse “una enfermedad rara a ser una de las más frecuentes y una enorme amenaza para la salud individual y para los sistemas sociosanitarios de todo el mundo”, aseguró el profesor Juan José Zarranz, catedrático y jefe de servicio de Neurología del Hospital Universitario Cruces y ex presidente de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao, en una reciente conferencia en el marco del ciclo Encuentros con la Salud.
Tal y como apuntó el profesor, los síntomas principales de esta enfermedad no incluyen sólo los trastornos de memoria sino que afecta a otras funciones mentales como los, “trastornos de la personalidad, de la conducta y del sueño, problemas de lenguaje, así como la enorme repercusión que todo ello tiene en la esfera familiar”. “A pesar de que esta enfermedad fue descrita hace casi 100 años, el diagnóstico precoz de este proceso continúa revistiendo dificultades, y en la actualidad es un desafío”, explicó.
Por su parte, el doctor Manuel Fernández, doctor de la Unidad de Trastornos de Memoria y Demencias del Servicio de Neurología, profesor Asociado del Hospital Universitario Cruces y coordinador del Área de Neurociencias de BioCruces, centró su ponencia en los tratamientos actuales y a las perspectivas de futuro. Según señaló el experto, “en la actualidad disponemos de marcadores de los niveles de determinadas proteínas que nos permiten un diagnóstico precoz. Las resonancias magnéticas permiten ver ya en fases muy iniciales de la enfermedad la atrofia del hipocampo, que es una de las partes del cerebro que inicialmente se ven afectadas en la enfermedad”. Estas nuevas técnicas de imagen permiten visualizar en fases muy precoces el estado de los enfermos.
Qué podemos hacer para prevenir la enfermedad es otra de las cuestiones que se debatieron en el encuentro. El doctor Fernández tiene clara la respuesta: dieta mediterránea y ejercicio físico. “Últimamente hemos cambiado los hábitos y nuestro estilo de vida ha empeorado”. Sin embargo, el experto afirmó que seguir estas pautas reduce la posibilidad de sufrir demencia y disminuye la mortalidad de los enfermos.
En lo que respecta al futuro, el doctor explicó que se están llevando a acabo más de 200 ensayos clínicos en Alzheimer. Estos ensayos se desarrollan con distintos fármacos y vacunas que proporcionan o generan anticuerpos frente a una de las proteínas más dañinas que se depositan en el cerebro.
En general, “el objetivo terapéutico en la demencia es mejorar y retrasar en lo posible el empeoramiento de los síntomas y, por tanto, mejorar la calidad de vida”. En las fases tempranas de la enfermedad se persigue estabilizar el rendimiento cognitivo y prevenir la pérdida en la autonomía funcional, incluso para actividades instrumentales que permitan al sujeto afectado mantener una vida de relación el mayor tiempo posible, y sin supervisión. En el caso de la demencia avanzada, “los esfuerzos deben dirigirse a la estimulación física y mental del paciente, a manejar los síntomas psicológicos y conductuales y a aliviar la carga del cuidador”.
Por ello, el especialista se mostró optimista, “los próximos años serán apasionantes. Aunque todavía queda mucho camino por andar, las nuevas técnicas de imagen, el estudio de los factores de riesgo para desarrollar la enfermedad, los avances en el campo de la genética y el desarrollo de nuevos fármacos son una llama de esperanza para vencer esta terrible enfermedad”.
Tal y como apuntó el profesor, los síntomas principales de esta enfermedad no incluyen sólo los trastornos de memoria sino que afecta a otras funciones mentales como los, “trastornos de la personalidad, de la conducta y del sueño, problemas de lenguaje, así como la enorme repercusión que todo ello tiene en la esfera familiar”. “A pesar de que esta enfermedad fue descrita hace casi 100 años, el diagnóstico precoz de este proceso continúa revistiendo dificultades, y en la actualidad es un desafío”, explicó.
Por su parte, el doctor Manuel Fernández, doctor de la Unidad de Trastornos de Memoria y Demencias del Servicio de Neurología, profesor Asociado del Hospital Universitario Cruces y coordinador del Área de Neurociencias de BioCruces, centró su ponencia en los tratamientos actuales y a las perspectivas de futuro. Según señaló el experto, “en la actualidad disponemos de marcadores de los niveles de determinadas proteínas que nos permiten un diagnóstico precoz. Las resonancias magnéticas permiten ver ya en fases muy iniciales de la enfermedad la atrofia del hipocampo, que es una de las partes del cerebro que inicialmente se ven afectadas en la enfermedad”. Estas nuevas técnicas de imagen permiten visualizar en fases muy precoces el estado de los enfermos.
Qué podemos hacer para prevenir la enfermedad es otra de las cuestiones que se debatieron en el encuentro. El doctor Fernández tiene clara la respuesta: dieta mediterránea y ejercicio físico. “Últimamente hemos cambiado los hábitos y nuestro estilo de vida ha empeorado”. Sin embargo, el experto afirmó que seguir estas pautas reduce la posibilidad de sufrir demencia y disminuye la mortalidad de los enfermos.
En lo que respecta al futuro, el doctor explicó que se están llevando a acabo más de 200 ensayos clínicos en Alzheimer. Estos ensayos se desarrollan con distintos fármacos y vacunas que proporcionan o generan anticuerpos frente a una de las proteínas más dañinas que se depositan en el cerebro.
En general, “el objetivo terapéutico en la demencia es mejorar y retrasar en lo posible el empeoramiento de los síntomas y, por tanto, mejorar la calidad de vida”. En las fases tempranas de la enfermedad se persigue estabilizar el rendimiento cognitivo y prevenir la pérdida en la autonomía funcional, incluso para actividades instrumentales que permitan al sujeto afectado mantener una vida de relación el mayor tiempo posible, y sin supervisión. En el caso de la demencia avanzada, “los esfuerzos deben dirigirse a la estimulación física y mental del paciente, a manejar los síntomas psicológicos y conductuales y a aliviar la carga del cuidador”.
Por ello, el especialista se mostró optimista, “los próximos años serán apasionantes. Aunque todavía queda mucho camino por andar, las nuevas técnicas de imagen, el estudio de los factores de riesgo para desarrollar la enfermedad, los avances en el campo de la genética y el desarrollo de nuevos fármacos son una llama de esperanza para vencer esta terrible enfermedad”.
