lunes, 12 enero 2026
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PEDRO GIL / PRESIDENTE DEL COMITÉ CIENTÍFICO DEL ADULTO MAYOR DEL ICOMEM

‘Seguimos con una forma de actuar en los hospitales similar al siglo pasado, por lo que se necesitan cambios estructurales, organizativos y de personal’

El Comité Científico del Adulto Mayor del Colegio de Médicos de Madrid (Icomem) ha elaborado un documento en el que establece diferentes líneas de actuación para mejorar la atención sanitaria del paciente mayor en el hospital. Las recomendaciones recogidas en este texto apuestan por un cambio en el modelo asistencial de las personas de edad avanzada
PREGUNTA.- El Comité Científico del Adulto Mayor del Icomem publicó recientemente  un documento con recomendaciones para mejorar la atención sanitaria del adulto mayor hospitalizado. ¿Cuáles son las principales necesidades que presentan las personas mayores edad cuando están hospitalizadas?

RESPUESTA.- Las necesidades son las mismas que cualquier otro grupo etario pero con las particularidades de su situación clínica. Teniendo en cuenta que son pacientes crónicos, con pluripatología, con polifarmacia, con cronicidad y con una baja reserva fisiológica a consecuencia del envejecimiento. Por lo tanto, tienen muchas necesidades, porque sabemos que el medio hospitalario es hostil para las personas mayores. Lo que más genera discapacidad o dependencia en la población mayor son los ingresos. Los hospitales, en general, no están preparados para atender a este tipo de población, se diseñaron hace muchos años y no ha habido una modificación ni estructural ni organizativa que se adapte a las nuevas demandas. Seguimos con una forma de actuar en los hospitales similar al siglo pasado, por lo que las necesidades son múltiples, tanto estructurales como organizativas o de personal. 

P.- Desde el Comité han señalado que este documento surge por las nuevas necesidades que están generando el actual perfil del paciente que ingresa en los hospitales, un perfil que ha cambiado en las últimas décadas. ¿Cuáles son los principales cambios que ha detectado a lo largo de su trayectoria profesional?

A lo largo de mi trayectoria profesional como geriatra, que comenzó en el año 1982, es decir, hace 40 años, ha cambiado de forma sustancial el tipo de pacientes que ingresan en el hospital. En primer lugar, son mucho más añosos, con mayor número de enfermedades, más discapacidad y mayor dependencia. Por lo tanto, son pacientes mucho más complejos que hace 40 o 50 años. 
Esto desde el punto de vista de la Geriatría, si lo enfocamos desde el punto de vista de la medicina, evidentemente, el fenotipo del paciente que ingresa actualmente en el hospital ha cambiado radicalmente. Además, tenemos mayores institucionalizados, que viven en residencias. Es decir, hay cambios a nivel social, de ubicación y también de tipología de los enfermos. 

P.- ¿Cuáles son las principales recomendaciones que podrían mejorar la atención que reciben los pacientes mayores en los hospitales?

R.- El documento del Comité es de mínimos, porque entendemos que sobre este informe hay que construir. Los cambios que hay que poner en marcha son, en primer lugar, adaptar las instalaciones a los pacientes. Lo que no se puede pretender es que el paciente se adapte al hospital. Esto supone un cambio radical desde el punto de vista estructural, que conllevará a una humanización del centro. Esta es una de las áreas que plantemos como fundamental, la humanización en la atención al adulto mayor. En este sentido, algunas reforma serían suelos antideslizantes para prevenir caídas, iluminación adecuada, sistemas adecuados de orientación en tiempo y espacio, etcétera. Estos pequeños cambios disminuyen la hostilidad del medio.
Otra modificación importante es en los servicios de urgencias, que también habrá que adecuarlos a los pacientes mayores.
Por otro lado, se necesitan cambios a nivel del personal. En primer lugar, es imprescindible que todos los hospitales de nuestro país cuenten con servicios de Geriatría, este es un aspecto que se ha conseguido en la Comunidad de Madrid, puesto que todos los hospitales tienen esta especialidad, algo fundamental a la hora de ofrecer una buena atención.
Por supuesto, también es necesario impulsar una adecuada formación de los profesionales: médicos de todas las ramas, enfermeras, auxiliares, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, etcétera. Es decir, tenemos que adecuar la estructura personal de los hospitales a la demanda, y como el 30% de las altas hospitalarias son personas mayores, pues tendremos que adaptarnos a esa población y el personal tendrá que estar formado.
Por último, hay que hacer cambios también en los programas universitarios, porque en la universidad la asignatura de Geriatría debería ser troncal, para que todos los médicos tuviesen una formación básica para atender al adulto mayor. Y esto lo hago extensible a otras carreras como enfermería, fisioterapia, etcétera.

P.- ¿Cree que la pandemia de la Covid-19 agravó las carencias en al atención que presentan las persona mayores cuando llegan a un hospital?

R.- La pandemia ha demostrado una gran carencia a nivel sanitario, social, educacional,… Evidentemente, debería haber servido para hacer cambios importantes en muchos aspectos, pero yo tengo mis dudas de que haya modificado la atención que se presta a las personas mayores en nuestro país. Ha habido pequeñas modificaciones, por ejemplo, en la Comunidad de Madrid se ha creado la figura de Geriatra de enlace, que es fundamental en la atención, pero se ha quedado ahí; es necesario dar más pasos porque el atención sanitaria necesita un cambio radical.
Lo que pasó en las residencias durante la pandemia está muy ligado a la falta de atención sanitaria que se ofrece en ellas, puesto que son centros preparados para ofrecer sólo atención social. Los geriatras llevamos mucho tiempo diciendo que las residencias en España están llenas de pacientes mayores y con esto nos referimos  a personas con enfermedades complejas y esa atención no puede recaer en el departamento de servicios sociales. En los años 80 había residencias de válidos y asistidos, pero hoy en día apenas hay usuarios válidos institucionalizados. Por lo tanto, las residencias están llenas de personas que tienen unas necesidades sanitarias enormes y esto no se resuelve con atención social, que es la que pueden ofrecer actualmente estos centros. 
 
P.- En el documento reflejan que la base de una buena atención comienza por una valoración geriátrica integral, pero ¿Y los hospitales que no tienen la especialidad de Geriatría? 

R.- La Geriatría en los hospitales da un plus de calidad en la atención a los pacientes mayores, por eso es fundamental que esta especialidad se implante cuanto antes en las comunidades que no la tienen en todos o casi todos sus centros. 
Mientras esto sucede, se puede formar a los profesionales de otras especialidades, como por ejemplo los internistas, en Geriatría, para que sepan hacer una valoración geriátrica básica. Esto se consigue desde la universidad o con cursos de capacitación.  
La evidencia científica demuestra la gran utilidad de los servicios de Geriatría para ofrecer atención sanitaria de calidad.

P.- Un problema para establecer el servicio de Geriatría en todos los centros puede ser la escasez de geriatras en nuestro país ¿Cree que también debería darse un impulso a la especialidad en la universidad? 

R.- Este es un problema complejo. Hay un dato, que es que si revisamos las plazas MIR, las que menos eligen los estudiantes son Médico de Familia, Geriatría y Medicina Interna, porque son las más denostadas por el sistema.
Por lo tanto, tanto la Universidad como las autoridades sanitarias tienen la obligación de potenciar esas especialidades transversales denostadas y dotarlas de otro perfil tanto económico como de reconocimiento profesional. Es decir, habrá que hacer un lavado de imagen de estas ramas.

P.- El documento apunta la posibilidad de protocolizar la asistencia de las complicaciones clínicas más frecuentes y realizar reuniones periódicas del equipo para establecer objetivos de asistencia personalizados y planificar de forma precoz el alta hospitalaria. ¿Cómo se realizarán estos protocolos y que medidas contemplarán?

R.- Los protocolos son buenos instrumentos para que el personal tenga unas normas de actuación en determinadas situaciones. Lo útil sería que las consejerías de sanidad y los hospitales empezasen a poner en marcha protocolos, por ejemplo para las caídas. En mi hospital tenemos uno que se llama ‘Caídas Cero’.
También son muy importantes los nutricionales, que ayudan a detectar los problemas de alimentación en los mayores, así como los protocolos para los delirios, fundamentales para una correcta atención.
Hay que tener en cuenta que la mayoría de los protocolos que existen en medicina no están adaptados a la población mayor, en casi todos se les excluye porque son protocolos realizados en base a una patología, no a un paciente.
Para los geriatras no hay insuficiencia cardíaca, hay pacientes con insuficiencia cardíaca, es decir, nosotros tenemos que elaborar protocolos para un paciente con un cuadro confusional que además tiene una fractura de cadera. Por lo tanto, hay que diseñar protocolos para personas con enfermedades, no para una dolencia en sí misma.

P.- Por último, además de una correcta atención en los hospitales, también hay que prestar atención a la prevención. ¿Sería necesario que los hospitales también pusieran en marcha programas de prevención de la dependencia y promoción de la salud?

R.- Este es un aspecto que no se trabaja nada y eso que estamos en la década del envejecimiento saludable. Es muy importante prevenir, y para ello sería importante que los médicos de atención primaria, así como los geriatras, tuvieran clasificados a sus pacientes mayores de 75 años en robustos, pre frágiles, frágiles o dependientes. Si los tuviéramos clasificados, en el caso de los robustos tendríamos que pensar qué debemos hacer para que siga siendo robusto, los pre frágiles que no pasen a ser frágiles y así sucesivamente. Esta es una medida importante y una forma de fomentar el envejecimiento saludable, que se puede impulsar a través de una adecuada nutrición, ejercicio adaptado al estado físico de cada paciente y controlando las enfermedades más discapacitantes.
Por último, sería necesario que en la carrera de medicina se incluyeran asignaturas para fomentar el envejecimiento saludable, que esto no existe actualmente. La prevención es nuestra arma de futuro. 

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Cristina Villanueva
Cristina Villanueva
Licenciada en periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. Cubre la Edición de Madrid de entremayores.

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