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DIRECTORA DE YO NO MORIRÉ DE AMOR

Marta Matute: “Los cuidadores tienen derecho a que la enfermedad no esté en su casa”

‘Yo no moriré de amor’ es su primera película, viene de triunfar en el Festival de Cine de Málaga y de estrenarse, hace apenas un mes, en la cartera española. Dura, sin concesiones y basada en las experiencias personales de la directora, el largometraje cuenta la historia de Claudia, una adolescente a la que el Alzheimer de su madre le cambia la vida. “Estamos muy solos a la hora de cuidar”, explica a entremayores Matute, cuyo objetivo era transmitir, con una honestidad nada complaciente, lo que sucede cuando las personas tienen que atender a alguien completamente dependiente. Se trata, refiriéndose al filme, de “un viaje en el que la familia se une a través de la enfermedad”, pero donde “la luminosidad solo aparece de la mano del dolor”

PREGUNTA.- Su ópera prima, Yo no moriré de amor, que estrenó hace poco más de un mes, es una auto ficción inspirada en sus propias vivencias. La película cuenta la historia de Claudia y de cómo el Alzhéimer de su madre transforma su vida y la de su familia. ¿Qué era lo que quería contar cuando empezó el guion en plena pandemia?

RESPUESTA.- Quería poner el foco en los cuidadores, contar qué pasa dentro de una familia cuando uno de los miembros se convierte en una persona dependiente y cómo ese hecho transforma la vida de esas personas.

En el cine, este proceso lo hemos visto más desde el punto de vista del enfermo, pero no había una historia tan centrada en las personas que asumen el cuidado.

Cuando yo pasé por esto era muy joven, tenía 18 años, y era algo que ninguno de mis amigos estaba pasando. No tenía un referente del que pudiera de decir, ostras, pues a mi amiga le está pasando lo mismo con su madre, ni siquiera con otra enfermedad distinta al Alzheimer. Y, aunque he tenido muy buenos amigos que me han acompañado durante todos esos años, me sentía sola, porque nadie me iba a comprender al cien por cien. En realidad, mis problemas eran bastante diferentes a los de mis amigos.

Sentía la soledad cuando aparecía el sentimiento de culpa, la rabia que surge en esos momentos, de querer, incluso, culpar a mi propia madre de lo que estaba pasando.

Pasas por un abanico de emociones muy incómodas y dolorosas. Entonces, pensé que, como estaba un poco sola en ese periplo, algún día escribiría algo sobre todo lo que me estaba sucediendo, aunque no sabía que se convertiría en una película.

A mí me hubiera gustado ver una película en la que aparecieran los momentos que yo he vivido y que me hicieron sentir fatal en su momento. Creo que reconforta saber que no eres la única persona a la que le pasan esas cosas. Yo no moriré de amor es incómoda porque no esconde esos momentos, quiere ser fiel a lo que viví, pasar por donde pasé yo, por ese mismo arco emocional que para mí fue, quizá, lo más complicado.

La película también es una denuncia, porque los familiares estamos muy solos a la hora de cuidar. No hay subvenciones suficientes, tenemos una Ley de Dependencia que no está sosteniendo a las familias. Esto es urgente, porque no solo afecta a las personas que lo están pasando, sino a toda la sociedad. Vivimos en una sociedad envejecida y para 2050 dicen que no seremos los suficientes para cuidar. Yo no moriré de amor quiere denunciar esta situación desde lo íntimo y ser un altavoz.

P.- Claudia es una adolescente que, de pronto, tiene que lidiar con una nueva realidad, que implica organizarse con su hermana y su padre para las tareas de cuidado, y que le aleja de todas las vivencias propias de su edad (salir con amigos, enamorarse…). ¿Cómo se sobrelleva ese sentimiento de culpa que comenta cuando surgen las emociones de enfado o frustración por cuidar a una persona a la que, sin embargo, se quiere tanto?

R.- Digamos, cómo puedes tirar hacia adelante… Pues, como la demencia que sufrió mi madre fue tan progresiva, al final te vas haciendo a la situación que estás viviendo justo en cada momento. Como no empeora de manera drástica, sino poco a poco, creo que te vas acostumbrando.

Recuerdo cómo fue el principio y el final, pero lo del medio ya no me acuerdo. ¿En qué momento mi madre empezó a llevar pañal? No lo detecté como un hito, sino como, bueno, ya estamos aquí. También pienso que me disocié, me desconecté de la realidad. No obstante, en esa época también tomé las mejores decisiones de mi vida, como es tudiar lo que me gustaba e implicarme mucho en eso. Tenía que estar cuidando de mi madre, pero, a la mínima, quería seguir con mi vida.

Marta Matute, directora de 'Yo no moriré de amor'.

P.- Le he leído decir que uno de los objetivos de la película era visibilizar la soledad del cuidador, pero sin caer en el melodrama. ¿Por qué le preocupaba tanto caer en cierto sentimentalismo?

R.- Porque yo al menos no lo viví así. Cuando cuidas a tu madre durante años, si te anclas en la emoción, o te paras a pensar mínimamente en lo que está pasando, te vas a la mierda. Hay algo que te hace ser práctica. Yo sentía que era como un soldado y que era la tarea que me tocaba.

De alguna manera, te intentas desligar emocionalmente de la tarea del cuidado. Si ves el día a día de una familia en esta situación, están atravesados por un dolor terrible, pero siguen hacia adelante. Era lo que me interesaba contar, esa supervivencia de los personajes y creo que no era posible mostrarlo desde el melodrama.

P.- En la película se ven las tensiones familiares que genera esta situación, por ejemplo, entre hermanas, el reparto de cargas, de renuncias… A la hora de desarrollar cada personaje, ¿cómo fue el proceso de ponerse en la piel de cada uno sin demonizar a ninguna de las partes?

R.- No he parado de escribir hasta incluso terminar el montaje. Han sido cinco años pensando en este proyecto, pensando mucho en empatizar con cada uno de los personajes.

No quería ni idealizarlos ni tampoco demonizarlos, quería que tuvieran mucha humanidad. Es cierto que están basados en mi familia: la hermana mayor es una mezcla de mis dos hermanas; pero luego hay mucha ficción. Lo que he intentado trasladar son las emociones que sentí, pero de todas las escenas que hay en la película, quizá solo haya tres que hayan pasado exactamente igual en la realidad.

Para mí Yo no moriré de amor es un viaje en el que la familia se une a través de la enfermedad. Es también el viaje de Claudia, supuestamente el eslabón más vulnerable en este caso, porque es la que más lejos está, por edad, de las tareas de cuidados. El de Claudia fue mi punto de vista y me parecía bonito y valioso mostrar cómo ese personaje iba cambiando la mirada respecto al resto de los miembros de la familia. La mirada de Claudia, muy dispersa al principio, con el tiempo se va deteniendo más en su familia, porque se da cuenta de que están pasando exactamente por las mismas emociones que está pasando ella. Incluso ese padre, el más pasivo de la familia, también emocionalmente, es una persona que no dice: “Oye, Claudia, quédate cuidando de tu madre”. Es una persona muy permisiva, que no obliga a su hija a que se quede en casa.

Me interesaba mucho cómo aparece el amor desde esos personajes y esa familia poco comunicativa y afectuosa. Un amor que no es decirse “te quiero” o darse un abrazo, sino el amor de una familia que se queda cuidando durante toda la enfermedad. No digo que tenga que ser así siempre, pero eso ya es una muestra de amor.

Yo no moriré de amor se apoya mucho en las elipsis, en ver cómo va evolucionando cada personaje según avanza la película, y esto también era un ancla importante.

Escena de ‘Yo no moriré de amor’.

P.- Por otro lado, el peso de los cuidados (es decir, la dirección y organización de las tareas) en el metraje recae sobre todo en las dos hermanas. El padre, como comentas, se muestra poco comunicativo y casi autómata en este sentido. ¿Querías mostrar que la carga del cuidado la siguen soportando sobre todo las mujeres?

R.- No era mi objetivo, pero es que nunca me planteé que fuera de otra manera. En mi familia, siempre han sido las mujeres las que han cuidado. No quiero decir que no haya dado con hombres cuidadores, que los he conocido, pero los datos dicen que el 88% de las personas que cuidan son mujeres. Nunca pensé en ponerme en contra de ese dato.

Los cuidados en el cine están tan poco visibilizados que seguro que cuando surjan nuevas películas habrá temáticas en las que los hombres también estarán en el centro de los cuidados.

P.- Ahora que comenta el papel del cine en particular, ¿cree que no se ha tratado lo suficiente el tema de los cuidados o no con el enfoque adecuado?

R- Creo que no, de hecho, a mí me han costado mucho encontrar películas de referencia. Sí que hay películas actuales que los tratan, como pueden ser Los destellos o Cinco Lobitos, pero creo que desde el punto de vista del desgaste emocional y físico de la familia no se había hecho.

Pero bueno, es un tema que le toca a tanta gente… –de hecho, incluso en el propio equipo de la película ha habido mucha implicación personal porque muchos estaban atravesados por este mismo tema– que cada vez van a salir más historias acerca de los cuidados porque se trata de una epidemia. La demencia cada vez afecta a más personas, incluso personas más jóvenes, y está claro que no estamos teniendo un sistema de dependencia firme.

Yo no moriré de amor refleja que las familias están muy desamparadas. El sistema se aprovecha de que las familias van a estar ahí, porque los cuidados descansan en ellas. La película tenía que ser honesta y dura, porque no quería romantizar tampoco el cuidado. No creo que estemos en un momento en el que el cuidado se tenga que romantizar porque hay mucho que conquistar.

El de los cuidados también es un tema atravesado por la clase. Si puedes pagar a alguien en tu casa para que cuide las 24 horas de tu familiar, sin tener que hacer ningún sacrificio, entonces la relación con la enfermedad es totalmente diferente. Mi padre ahora es una persona dependiente, nosotras somos tres hermanas y, después de nueve años cuidando de nuestra madre, ahora tenemos a nuestro padre con una demencia. Entonces, todos los recursos que tenemos están para pagar a tres personas cuidadoras. Eso es más de 4.000 euros al mes. Mi padre tenía una buena pensión, pero lo que ha pagado los cuidados de mi madre, y ahora los de mi padre, es una herencia de hace 20 años por la casa de mis abuelos.

¿Qué hace entonces la gente que no tiene estos recursos? O sea, es un tema urgente. Ojalá estuviéramos en otro punto en el que tuviéramos el amparo de las instituciones y pudiéramos hablarlo desde otro lugar. Se trata de una situación que te arrasa, sin duda, este ha sido el mayor trauma de mi vida.

P.- El papel de las residencias también aparece en la película, y refleja deficiencias en alguna escena como, por ejemplo, la que apunta a las ratios del personal cuidador. ¿Había intención de denunciar la infrafinanciación de los centros o de reivindicar un mejor cuidado?

R.- Sí, cien por cien. Esa escena está para eso. Cuando tomas la decisión como familia de llevar a tu madre a una residencia, te das cuenta que si tú no estás pendiente todos los días, a tu madre te la encuentras meada y cagada. Y no es una cuestión de los cuidadores, sino porque efectivamente las ratios no se cumplen o son insuficientes.

Entonces, ese tipo de escenas tenían que estar. En otra escena, la familia está con el calendario y comentan: “Oye, ¿sabemos algo de los asuntos sociales? No, todavía no, pero solo vendrían a levantarla y a ducharla...”; cuando son personas que tendrían que estar con asistencia las 24 horas.

P.- No obstante, la institucionalización también es un alivio para Claudia, que con ese apoyo recupera parte de su tiempo y es capaz de respirar un poco e incluso enamorarse. Dentro del dolor, ¿quería reflejar también estos momentos de luz o de respiro familiar?

R.- Sí, con el tiempo te vas desvinculando de esas cargas, de los cuidados 24/7 y empiezas a respirar. Yo recuerdo cuando metí a mi madre en la residencia y se nos caía el alma a los pies, pero también pensábamos en el alivio que suponía, porque volveríamos a casa y la enfermedad no iba a estar allí, ¿sabes? Quedarían los restos, pero la enfermedad no iba a estar en casa.Ç

Los cuidadores tienen derecho a que la enfermedad no esté en su casa. Por eso es tan importante que haya residencias públicas con todos los recursos necesarios. O sea, básicamente, por una cuestión de humanidad, pero también porque esas personas, las que están en las residencias, han aportado al Estado con sus impuestos toda su vida. Es infame lo que se ve aveces en las residencias o como, de repente, se dan licencias a empresas que son parte de un fondo buitre, como era la de mi madre, que estuvo en un centro privado porque no queríamos que estuviera a 75 kilómetros de nuestra casa. Durante todo el tiempo que estuvo en el centro, denunciamos muchas cosas. Mis hermanas y yo fuimos muy combativas y cambiaron a la directora no sé cuántas veces. Hasta recogimos firmas porque había cosas que no estaban funcionando bien o porque no se cumplían las ratios… pero desde la Comunidad de Madrid dijeron que no pasaba nada, que estaba todo bien.

P.- Yo no moriré de amor es una película dura, pero también hay espacio para la luz, ¿no?

R.- Claro, es una película dura y nada complaciente. Yo no moriré de amor es seca, pero desde la sequedad también aparece la luz en pequeños detalles. Esto, quizá, era lo que más me emocionaba, que en la familia existiera esa unión, esa esperanza y eso de que la vida sigue. Al final, la familia de Claudia se sobrepone a la propia vida, o sea, son unos supervivientes.

La película es luminosa, pero dentro de su propio tono. Las emociones son contenidas y los gestos luminosos aparecen en momentos duros. Es decir, la luminosidad aparece de la mano del dolor, no puedes desligarlo de eso. Cuando Claudia está con su madre en el baño y le acaricia la cara, por ejemplo, es una escena de mucha belleza, pero también muy dolorosa. No quería idealizar la historia, quería mostrarla de la manera más honesta, según lo que yo viví y confiar en eso.

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Horacio R. Maseda
Horacio R. Masedahttps://entremayores.es/
Licenciado en Periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. Cubre la información empresarial de entremayores y la edición de Euskadi.

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