PRESIDENTA DEL COLEGIO OFICIAL DE FARMACÉUTICOS DE GIPUZKOA (COFG)
Izaro Oyarbide: “El reto demográfico exige una atención más próxima, preventiva e integrada, y la farmacia comunitaria tiene mucho que aportar”
PREGUNTA.- En la toma de posesión como nueva presidenta del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Gipuzkoa (COFG), usted declaró que no recogía “una hoja en blanco” en el ámbito de la farmacia comunitaria, sino “un legado”, pero ¿qué medidas prioritarias se marca en este mandato para seguir avanzando en el territorio guipuzcoano?
RESPUESTA.- Como señalé en la toma de posesión de la Junta de Gobierno, iniciamos esta etapa sobre una trayectoria sólida construida durante años. No partimos de cero: recogemos un legado valioso y queremos seguir avanzando sobre esa base.
Hemos definido cuatro ejes prioritarios para esta legislatura. En primer lugar, el impulso y consolidación de los servicios profesionales asistenciales que ya se vienen desarrollando desde la farmacia comunitaria. Entre ellos, programas como el de adherencia terapéutica y uso adecuado de inhaladores en pacientes con asma y EPOC –un programa autonómico financiado por el Departamento de Salud del Gobierno Vasco–; o el de seguimiento a pacientes con diabetes, cuya puesta en marcha está próxima, así como el desarrollo de servicios de indicación farmacéutica para síntomas menores.
El segundo eje es avanzar en la integración y la comunicación con el sistema sanitario. Compartimos pacientes con el resto de profesionales sanitarios y debemos reforzar la coordinación para ofrecer una atención más eficiente, más segura y más centrada en las personas.
El tercer objetivo es acercar aún más el Colegio a las personas colegiadas. Queremos que el Colegio sea percibido como una herramienta útil, cercana y necesaria; una verdadera casa profesional.
Y, por último, seguiremos reforzando la dimensión social de la farmacia. La farmacia está integrada en el barrio, en el municipio y en la vida cotidiana de las personas. Esa proximidad nos sitúa en una posición privilegiada para detectar y acompañar situaciones de vulnerabilidad social.
P.- El principal desafío sigue consistiendo en que los más de 10.000 profesionales sanitarios del territorio trabajen de forma conjunta con los cerca de 1.400 farmacéuticos guipuzcoanos. Es decir, conseguir una mayor coordinación entre la farmacia y el sistema sanitario. ¿En qué punto se encuentra Gipuzkoa y Euskadi en este sentido?
R.- Estamos avanzando y contamos ya con experiencias muy prometedoras. Actualmente, está en marcha un proyecto piloto de comunicación entre la farmacia comunitaria y los centros de salud de referencia que, recientemente, se ha ampliado a más farmacias y más equipos de atención primaria.
Los resultados obtenidos hasta ahora son positivos y refuerzan una idea que defendemos desde hace tiempo: cuando mejora la comunicación entre profesionales sanitarios, mejora también la atención al paciente.
Todavía queda recorrido para consolidar modelos de trabajo más integrados, pero existe una voluntad creciente de avanzar hacia una atención más coordinada, donde cada profesional aporte desde su ámbito de competencia.
P.- Un estudio reciente en Euskadi alertó de una elevada prevalencia de consumo de psicofármacos entre las personas mayores, especialmente en las mujeres. Desde la farmacia comunitaria, que mantiene un contacto frecuente con este colectivo, ¿cree que se puede reforzar su detección precoz y el seguimiento de situaciones de riesgo?
R.- El elevado consumo de psicofármacos es una cuestión compleja y multifactorial que merece una reflexión compartida desde el ámbito sanitario y social.
La farmacia comunitaria puede desempeñar un papel relevante en este contexto, especialmente desde el acompañamiento al paciente y el seguimiento farmacoterapéutico. Podemos contribuir a identificar tratamientos que se prolongan más allá del tiempo previsto, favorecer revisiones cuando sea necesario y acompañar procesos de desprescripción, siempre bajo supervisión médica.
Además, la relación de cercanía y continuidad que existe entre farmacia y paciente permite detectar cambios en hábitos, estado funcional o situaciones que puedan requerir valoración por otros profesionales sanitarios.
P.- El Colegio ha firmado un convenio con Eudel para que las farmacias ayuden a detectar algunas situaciones problemáticas entre el colectivo sénior o vulnerable. ¿Qué balance hace de esta colaboración hasta ahora?
R.- Este convenio supone un paso importante porque establece un marco estable de colaboración entre la farmacia comunitaria y los servicios sociales municipales. Las farmacias detectan con frecuencia situaciones de soledad, vulnerabilidad, fragilidad, o incluso posibles adicciones que en ocasiones pueden pasar desapercibidas en otros entornos sociosanitarios. Disponer de canales definidos para derivar estos casos permite ofrecer una respuesta más coordinada y personalizada.
Cada municipio desarrolla el convenio de acuerdo con su realidad y sus recursos, pero el objetivo común es fortalecer la red comunitaria de apoyo y aprovechar la capilaridad de la farmacia como agente de proximidad.

P.- ¿Cree que la farmacia está infrautilizada y podría tener un papel más relevante para la detección de la soledad no deseada u otras situaciones de fragilidad?
R.- La farmacia comunitaria tiene un potencial importante en este ámbito que todavía puede seguir desarrollándose.
La relación entre farmacéutico y paciente suele construirse sobre la confianza y la continuidad en el tiempo. Esa cercanía facilita detectar señales de alerta relacionadas con soledad no deseada, fragilidad o situaciones de vulnerabilidad antes de que se agraven.
No se trata de sustituir a otros profesionales, sino de complementar la atención desde nuestra posición privilegiada de acceso y contacto cotidiano con la población.
P.- El programa de Sistemas Personalizados de Dosificación alcanza a más de 60 municipios guipuzcoanos. ¿Qué resultados está ofreciendo esta herramienta en términos de adherencia a los tratamientos y qué margen existe todavía para extenderla a más personas mayores que viven en sus domicilios?
R.- Es un proyecto ya implantado mediante convenio con prácticamente todos los municipios de Gipuzkoa y financiado por el Departamento de Salud del Gobierno Vasco.
Gracias a este servicio, personas atendidas por servicios sociales y que cumplen determinados criterios pueden recibir en su farmacia una revisión de su medicación y la preparación semanal del Sistema Personalizado de Dosificación.
El objetivo es mejorar la adherencia, prevenir olvidos, reducir problemas relacionados con los medicamentos y favorecer mejores resultados en salud. Además, más allá del programa financiado, cualquier persona puede consultar con su farmacia comunitaria la posibilidad de acceder a este servicio cuando exista necesidad clínica.
P.- En cuanto a las campañas de vacunación de la gripe, en las que las personas mayores son un colectivo diana, algunos países europeos están ampliando el papel de las farmacias y cada vez son más las voces que defienden que estas podrían incluso administrar las vacunas. ¿Qué opina al respecto?
R.- La experiencia internacional muestra que la participación de la farmacia comunitaria en vacunación puede contribuir a mejorar las coberturas vacunales y facilitar el acceso de la población.
Países europeos como Francia o Portugal han desarrollado modelos con resultados positivos en términos de accesibilidad y aceptación ciudadana.
En España, el debate está abierto y cualquier avance deberá realizarse de forma coordinada con el sistema sanitario y garantizando calidad, seguridad y equidad. La farmacia comunitaria está preparada para seguir aportando valor en estrategias de salud pública.
P.- En una reciente jornada organizada por el Colegio, se reivindicó el papel clínico de la farmacia para mejorar los resultados en salud. Mirando a los próximos diez años, ¿qué servicios asistenciales cree que deberían formar parte de la cartera habitual de una farmacia comunitaria para responder al envejecimiento de la población?
R.- La farmacia debe acompañar a las personas a lo largo de toda su vida, y especialmente en las etapas de cronicidad y envejecimiento.
Los servicios profesionales asistenciales permiten optimizar el uso de los medicamentos y contribuir a mejores resultados en salud. La dispensación con seguimiento, la mejora de la adherencia terapéutica, el seguimiento farmacoterapéutico o la revisión de tratamientos, serán cada vez más relevantes. Pero también tendrán un papel creciente la promoción de la salud, la prevención, los cribados y la detección precoz de situaciones de fragilidad.
El reto demográfico exige una atención más próxima, más preventiva y más integrada, y la farmacia comunitaria tiene mucho que aportar en ese modelo.
