El sector financiero reclama modelos híbridos para evitar la exclusión digital de los mayores
Más de un millón de personas mayores en España podrían encontrarse en una doble situación de vulnerabilidad: riesgo de soledad no deseada y falta de autonomía digital para gestionar su banco desde una aplicación móvil. Así se desprende de una estimación de EmancipaTIC, que sitúa en el 16,2% el porcentaje de adultos mayores en riesgo de soledad no deseada, y otros informes, como el de UGT, que cifra en 6,4 millones las personas mayores de 65 años no saben usar una app bancaria.
Para EmancipaTIC, estos datos revelan una dimensión poco abordada de la digitalización bancaria: la brecha digital no afecta solo al acceso a oficinas, cajeros o aplicaciones, sino también a la autonomía financiera, la privacidad, la seguridad económica y la participación social de las personas mayores.
Cuando una persona mayor no puede consultar su cuenta, recuperar una contraseña, hacer una transferencia, revisar un cargo, firmar una operación o presentar una reclamación sin ayuda, puede verse obligada a recurrir a familiares, vecinos o cuidadores para gestionar su propio dinero. Esta dependencia puede generar pérdida de control, miedo al fraude, vergüenza, sensación de inutilidad y aislamiento.
“La inclusión financiera no puede medirse solo por el número de oficinas, cajeros o usuarios de banca online. Debe medirse por la capacidad real de una persona mayor para manejar su dinero con seguridad, privacidad y confianza, sin tener que ceder sus claves ni depender de terceros”, señala José Manuel Azorín, presidente de EmancipaTIC.
La entidad ha abordado esta realidad en una jornada sobre inclusión financiera de las personas mayores, que ha contado con representantes del Banco de España, la CECA y CaixaBank. El encuentro ha analizado cómo garantizar una banca accesible, segura y humana en un contexto en el que la digitalización de los servicios financieros avanza más rápido que las capacidades digitales de una parte de la población sénior.
El contexto general muestra una España cada vez más digitalizada. Según el INE, el 96,3% de las personas de 16 a 74 años utilizó internet en los últimos tres meses y el 74,7% realizó actividades de banca por internet en 2025. Sin embargo, estos datos no reflejan por completo la situación de las personas de más edad, especialmente las mayores de 75 años, que suelen quedar más expuestas a la exclusión digital y a la necesidad de apoyo en gestiones esenciales.
El informe Redes para la Vida, elaborado por EmancipaTIC con el apoyo del Imserso y la colaboración de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Santiago de Compostela, muestra además que el 8,7% de los adultos mayores está en riesgo de aislamiento y que los porcentajes más altos se dan entre las personas de 75 años o más. También señala que el uso del móvil, el ordenador y la disponibilidad de wifi se asocian con menor riesgo de aislamiento, lo que refuerza la importancia de una inclusión digital útil, acompañada y adaptada a las necesidades reales de las personas mayores.
BRECHA DIGITAL Y FALTA DE AUTONOMÍA
“La banca es uno de los espacios donde la brecha digital se vuelve más sensible, porque afecta al dinero, a la privacidad y a la toma de decisiones. Cuando una persona mayor necesita ayuda para entrar en su banco, no solo está delegando una gestión: puede estar delegando una parte de su autonomía”, añade Azorín.
Por ello, Enrique Alberola, coordinador de Inclusión Financiera del Banco de España, considera que las personas mayores deben conseguir habilidades que les brinden la confianza necesaria para realizar operaciones financieras digitales: “La mayoría de las personas mayores de 75 años no usa las nuevas tecnologías por dejadez, sino por miedo e inseguridad, y se debe trabajar para que se sientan seguras y las usen en aquello que necesiten”.
Mientras, Mónica Calleja, responsable del colectivo de clientes senior de CaixaBank, puso el acento en la responsabilidad social de las entidades financieras. “Las empresas tienen la responsabilidad de que nadie se queda atrás. Para ello, se tienen que implantar los canales más sencillos para las personas mayores. De esta manera es como debemos seguir avanzando en el acompañamiento en formación para que tengan garantizados sus derechos digitales”, añadió. Por su parte, Mónica Malo, subdirectora general de CECA, apuntó a la necesidad de impulsar estrategias de anticipación. “Para ser efectivos en cualquier medida que se ponga en marcha para mejorar la accesibilidad financiera a las personas mayores tienen que ser multicanales, pedagógicos y preventivas”, comentó.
EmancipaTIC defiende que la digitalización financiera debe incorporar criterios de accesibilidad, lenguaje claro, acompañamiento humano, formación adaptada, prevención del fraude y canales alternativos eficaces. La entidad advierte de que la solución no pasa solo por enseñar a usar una aplicación, sino por garantizar que las personas mayores puedan resolver operaciones e incidencias de principio a fin sin perder control sobre sus datos, sus claves o sus decisiones económicas.
