Antonio G. García / Médico y farmacólogo clínico. Presidente de la Fundación Teófilo Hernando (FTH)
“La prescripción racional en personas mayores es obligada, para evitar al paciente riesgos farmacológicos innecesarios”
Pregunta.- La polifarmacia es un fenómeno complejo, ¿cuáles son sus riesgos?
Respuesta.- La combinación de fármacos en personas mayores incrementa el riesgo de interacciones medicamentosas. No es infrecuente ver a una persona añosa polimedicada que pasa gran parte del día en un estado soñoliento. Ello se debe a la potenciación de un fármaco sedante por otro no sedante o hipnótico que interfiere con el metabolismo del primero. El uso de dos sedantes, incluso del mismo grupo farmacológico, produce un efecto sedante sinérgico o aditivo. Además, muchos fármacos inhibidores del sistema metabolizador hepático aumentan los efectos (eficacia) de otros fármacos que también pueden traducirse en reacciones adversas por sobredosificación.
P.- ¿Es siempre negativa la polimedicación? ¿Cuándo podemos afirmar que debe reevaluarse?
R.- La combinación de fármacos es acertada en muchas enfermedades. Ello evita resistencias a los tratamientos y aumenta la eficacia de los mismos. Tal es el caso de los antihipertensivos para tratar la hipertensión arterial, de los tratamientos para el cáncer, de los antibióticos en enfermedades infecciosas graves o de los antivirales en el sida. Sin embargo, la combinación de fármacos en mayores puede producir reacciones adversas importantes por las interacciones medicamentosas mencionadas anteriormente. Las personas mayores suelen tomar varios medicamentos y no es habitual que se les haga una historia clínica farmacológica para controlar lo que le receta cada especialista.
P.- Un informe del Ministerio de Sanidad apunta a la “necesidad de avanzar en estrategias de uso racional del medicamento en personas mayores, integrando el enfoque de género y edad”. Dado el progresivo envejecimiento de la población, ¿cree que debe ser el abordaje de la polimedicación un reto sanitario prioritario?
R.- Por supuesto que la prescripción racional en personas mayores es obligada, para evitar al paciente riesgos farmacológicos innecesarios. Pero, en atención primaria, el médico necesita más tiempo para hacer la historia farmacoterápica al paciente.
P.- ¿Qué posicionamiento mantienen desde la FTH sobre las pautas que se deberían seguir para realizar una prescripción inteligente garantizando que no se pone en riesgo la salud del paciente?
R.- En la FTH, y a través de la implementación del Observatorio del Medicamento, seguimos muy de cerca todo lo que concierne al medicamento. La prescripción racional incluye un buen diagnóstico, la recomendación a los pacientes de pautas terapéuticas concretas (dosis, intervalos de administración, informar al paciente de los riesgos) y el seguimiento de los tratamientos y las posibles variaciones; no hay fármaco totalmente seguro.
P.- ¿Está de acuerdo en que históricamente se ha centrado más la atención sanitaria en los fármacos que en la propia persona? ¿Está transformándose esta tendencia?
R.- En general, sí, y creo que falta mucho para que se transforme esta tendencia. Se necesita hacer un gran esfuerzo por darle la debida importancia a la relación médico-paciente –hay que enseñar su valor desde los estudios de grado y potenciarla y mejorarla en la práctica profesional– y a la formación continuada del médico en los medicamentos y su juiciosa y segura utilización, con actualizaciones periódicas, esa conciencia no existe, particularmente en atención primaria.
P.- Muchos estudios apuntan a la pérdida del enfoque global del enfermo como una de las bases para que se dé este fenómeno. ¿Cree que podría ser recomendable, entonces, incrementar la presencia del geriatra en los centros de salud para evitar la polimedicación inadecuada entre los mayores?
R.- Desde luego que sí. Pero si escasean en el hospital, los geriatras en el centro de salud se ignoran. Solo el geriatra o el internista son capaces de abordar la enfermedad y tratamiento desde una óptica integral del paciente. En los centros de salud hacen falta geriatras, pero también farmacólogos clínicos, la figura central de médico que garantiza el uso racional del medicamento en la comunidad. Esa figura es inexistente en el centro de salud y en muchos hospitales.
