Los mayores institucionalizados sufren más caídas que los que viven en comunidad
Cada año, se producen unas 600.000 caídas de ancianos que viven en centros residenciales, mientras que no existen datos sobre los accidentes que sufren los que residen en su entorno, pues estas personas tienden a ocultarlos
Artrosis, problemas visuales y auditivos, demencias, Parkinson... Son algunas de las patologías más comunes entre las personas mayores y constituyen, a su vez, un factor de riesgo para las caídas. Pero no sólo los problemas físicos y de salud que aparecen con la la vejez aumentan la incidencia de las caídas. Factores ambientales y espaciales pueden también influir en este sentido.
La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) alertó recientemente de que las caídas suponen, con frecuencia, el inicio de la discapacidad en personas mayores y, como si de la pescadilla que se muerde la cola se tratara, esto aumenta el riesgo de sufrir un nuevo tropiezo: “la discapacidad física hace a los mayores más vulnerables a las caídas, que representan, según el Instituto Nacional de Estadística, más de 1.400 muertes al año”, explica el doctor Alfonso González, coordinador del Grupo de Osteoporosis, Caídas y Fracturas de la SEGG.
Conocer el alcance real de las caídas entre este colectivo, no obstante, no resulta fácil. “Reconocer, por parte de un mayor, que se ha caído le supone admitir, en cierto modo, la pérdida de autonomía personal, tan valorada a estas edades”, indican desde esta sociedad científica. Esto genera que no existan datos fiables sobre la morbilidad de las caídas, pues, advierte González, “las cifras oficiales son muy inferiores a la magnitud real del problema”.
Cifras inconcretas
En términos generales, la incidencia de las caídas es distinta en función del entorno donde se produzcan. “Sabemos que alrededor de la mitad de las personas que viven en residencias se caen al menos una vez al año, frente a un tercio que lo hace en la comunidad”, explica el director del programa “Desatar al anciano y al enfermo de Alzheimer”, Antonio A. Burgueño. Las condiciones estructurales de los centros, a las que los mayores deben acostumbrarse cuando llegan, así como una alta proporción de afectados por demencia, explicarían que sea en espacios residenciales donde se produzcan más caídas de repetición. Burgueño estima que la media de traspiés por persona en centros residenciales es de dos cada año. “Si hacemos cálculos para la población total de las residencias, podríamos afirmar que se producen en ellas más de 600.000 caídas al año, y que la mayoría de ellas son conocidas, al contrario de lo que ocurre en la comunidad, donde los ancianos tienden a ocultarlas”. El doctor Alfonso González lamenta que “son las consecuencias médicas mayores las que ponen de manifiesto el problema, y éstas son con frecuencia el inicio de la discapacidad”.
No obstante, las cifras tampoco son claras aquí. Desde el programa “Desatar al anciano y al enfermo de Alzheimer” han denunciado que los datos de los que se dispone sobre la incidencia de las caídas en centros residenciales para mayores no son reales. “Hemos comprobado que no se registran todas las caídas en muchos centros, y tenemos la sospecha, por datos comunicados, de que no contabilizar todas las caídas es una tendencia muy extendida”, critica Burgueño. Además, “muchos de los registros revisados presentan unos contenidos insuficientes para ser realmente útiles como base para un buen sistema de información de caídas y obtener los patrones que más frecuentemente presenten, individuales, organizativos, y ambientales”, añade.
Hacerlas visibles
Sea por la razón que sea, el hecho de que se oculten las caídas dificulta la labor de prevención de las mismas. Por eso, el coordinador del Grupo de Osteoporosis, Caídas y Fracturas de la SEGG apuesta por “concienciar a la población mayor de que las caídas son un importante problema de salud y que existen especialistas dedicados a prevenirlas y tratarlas”. Por su parte, el doctor Burgueño cree que, de cara a las instituciones residenciales, la información que puede proporcionar el registro de una caída es fundamental para prevenir problemas futuros de la misma persona, así como de otras, por lo que apuesta por fomentar un registro adecuado sobre cada incidencia de este tipo.
Pero, más allá del propio registro de las caídas, a la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (Ceoma), promotora del programa “Desatar al anciano y al enfermo de Alzheimer”, le preocupa la causa de las mismas. Por los datos existentes, en España la incidencia de fracturas de cadera en residencias es mayor a la que han registrado investigadores en otros países. “Esto puede deberse -juzga Burgueño- a varias razones, tales como el escaso registro de caídas, o al abuso de sujeciones físicas y farmacológicas, que provocan inmovilismo e inestabilidad en la bipedestación y en la marcha, fuertemente relacionados con las caídas más graves”.
Medidas restrictivas
“Según lo observado por el programa “Desatar al anciano y al enfermo de Alzheimer” en los centros donde ha intervenido, a una caída se responde, primero, incrementando la vigilancia, que suele ser restrictiva de la movilidad (“¡no te levantes!”) y, como segunda medida si la primera no parece suficiente, aplicando sujeciones físicas que, ante un riesgo de caídas no manejado de otro modo, serán aplicadas de forma diaria y por muchas horas, a pesar de sus conocidos efectos negativos”, asegura Antonio A. Burgueño.
Este especialista alerta de “lo inconveniente que puede ser el empeño de que no existan caídas”. En el marco del programa puesto en marcha por Ceoma para evitar el uso de sujeciones se ha comprobado que en muchos centros residenciales se adoptan este tipo de medidas restrictivas por miedo. “Las encuestas y entrevistas realizadas al personal de esos centros desvelan que tienen miedo a las caídas, y que ese miedo no es sólo por las consecuencias para la persona que se cae”, explica el máximo responsable del programa. Recibir una llamada de atención de sus mandos, conflictos con la familia del afectado o las consecuencias legales, son algunos de los temores más frecuentes entre los profesionales de atención directa.
Ventajas de asumir un riesgo controlado
A este respecto, Burgueño recuerda que “un 10% de las caídas son inevitables por absolutamente imprevisibles, y sobre el 90% restante, que son más previsibles, podemos actuar para evitarlas”, aunque matiza que “entre los muchos factores que influyen en lograrlo, se nos alerta sobre lo inconveniente que puede ser el empeño de que no existan caídas. La afirmación, Burgueño la deriva de las instituciones que ya ejecutan programas para eliminar las sujeciones: “esos centros están demostrando que asumir un cierto riesgo controlado de caídas, asociado a no emplear sujeciones, es fundamental para evitar las consecuencias más graves de los tropiezos que finalmente se dan”, asegura el responsable del programa “Desatar al anciano”.
>> El reto: erradicar el inmovilismo
>> Alternativas que siguen atando
La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) alertó recientemente de que las caídas suponen, con frecuencia, el inicio de la discapacidad en personas mayores y, como si de la pescadilla que se muerde la cola se tratara, esto aumenta el riesgo de sufrir un nuevo tropiezo: “la discapacidad física hace a los mayores más vulnerables a las caídas, que representan, según el Instituto Nacional de Estadística, más de 1.400 muertes al año”, explica el doctor Alfonso González, coordinador del Grupo de Osteoporosis, Caídas y Fracturas de la SEGG.
Conocer el alcance real de las caídas entre este colectivo, no obstante, no resulta fácil. “Reconocer, por parte de un mayor, que se ha caído le supone admitir, en cierto modo, la pérdida de autonomía personal, tan valorada a estas edades”, indican desde esta sociedad científica. Esto genera que no existan datos fiables sobre la morbilidad de las caídas, pues, advierte González, “las cifras oficiales son muy inferiores a la magnitud real del problema”.
Cifras inconcretas
En términos generales, la incidencia de las caídas es distinta en función del entorno donde se produzcan. “Sabemos que alrededor de la mitad de las personas que viven en residencias se caen al menos una vez al año, frente a un tercio que lo hace en la comunidad”, explica el director del programa “Desatar al anciano y al enfermo de Alzheimer”, Antonio A. Burgueño. Las condiciones estructurales de los centros, a las que los mayores deben acostumbrarse cuando llegan, así como una alta proporción de afectados por demencia, explicarían que sea en espacios residenciales donde se produzcan más caídas de repetición. Burgueño estima que la media de traspiés por persona en centros residenciales es de dos cada año. “Si hacemos cálculos para la población total de las residencias, podríamos afirmar que se producen en ellas más de 600.000 caídas al año, y que la mayoría de ellas son conocidas, al contrario de lo que ocurre en la comunidad, donde los ancianos tienden a ocultarlas”. El doctor Alfonso González lamenta que “son las consecuencias médicas mayores las que ponen de manifiesto el problema, y éstas son con frecuencia el inicio de la discapacidad”.
No obstante, las cifras tampoco son claras aquí. Desde el programa “Desatar al anciano y al enfermo de Alzheimer” han denunciado que los datos de los que se dispone sobre la incidencia de las caídas en centros residenciales para mayores no son reales. “Hemos comprobado que no se registran todas las caídas en muchos centros, y tenemos la sospecha, por datos comunicados, de que no contabilizar todas las caídas es una tendencia muy extendida”, critica Burgueño. Además, “muchos de los registros revisados presentan unos contenidos insuficientes para ser realmente útiles como base para un buen sistema de información de caídas y obtener los patrones que más frecuentemente presenten, individuales, organizativos, y ambientales”, añade.
Hacerlas visibles
Sea por la razón que sea, el hecho de que se oculten las caídas dificulta la labor de prevención de las mismas. Por eso, el coordinador del Grupo de Osteoporosis, Caídas y Fracturas de la SEGG apuesta por “concienciar a la población mayor de que las caídas son un importante problema de salud y que existen especialistas dedicados a prevenirlas y tratarlas”. Por su parte, el doctor Burgueño cree que, de cara a las instituciones residenciales, la información que puede proporcionar el registro de una caída es fundamental para prevenir problemas futuros de la misma persona, así como de otras, por lo que apuesta por fomentar un registro adecuado sobre cada incidencia de este tipo.
Pero, más allá del propio registro de las caídas, a la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (Ceoma), promotora del programa “Desatar al anciano y al enfermo de Alzheimer”, le preocupa la causa de las mismas. Por los datos existentes, en España la incidencia de fracturas de cadera en residencias es mayor a la que han registrado investigadores en otros países. “Esto puede deberse -juzga Burgueño- a varias razones, tales como el escaso registro de caídas, o al abuso de sujeciones físicas y farmacológicas, que provocan inmovilismo e inestabilidad en la bipedestación y en la marcha, fuertemente relacionados con las caídas más graves”.
Medidas restrictivas
“Según lo observado por el programa “Desatar al anciano y al enfermo de Alzheimer” en los centros donde ha intervenido, a una caída se responde, primero, incrementando la vigilancia, que suele ser restrictiva de la movilidad (“¡no te levantes!”) y, como segunda medida si la primera no parece suficiente, aplicando sujeciones físicas que, ante un riesgo de caídas no manejado de otro modo, serán aplicadas de forma diaria y por muchas horas, a pesar de sus conocidos efectos negativos”, asegura Antonio A. Burgueño.
Este especialista alerta de “lo inconveniente que puede ser el empeño de que no existan caídas”. En el marco del programa puesto en marcha por Ceoma para evitar el uso de sujeciones se ha comprobado que en muchos centros residenciales se adoptan este tipo de medidas restrictivas por miedo. “Las encuestas y entrevistas realizadas al personal de esos centros desvelan que tienen miedo a las caídas, y que ese miedo no es sólo por las consecuencias para la persona que se cae”, explica el máximo responsable del programa. Recibir una llamada de atención de sus mandos, conflictos con la familia del afectado o las consecuencias legales, son algunos de los temores más frecuentes entre los profesionales de atención directa.
Ventajas de asumir un riesgo controlado
A este respecto, Burgueño recuerda que “un 10% de las caídas son inevitables por absolutamente imprevisibles, y sobre el 90% restante, que son más previsibles, podemos actuar para evitarlas”, aunque matiza que “entre los muchos factores que influyen en lograrlo, se nos alerta sobre lo inconveniente que puede ser el empeño de que no existan caídas. La afirmación, Burgueño la deriva de las instituciones que ya ejecutan programas para eliminar las sujeciones: “esos centros están demostrando que asumir un cierto riesgo controlado de caídas, asociado a no emplear sujeciones, es fundamental para evitar las consecuencias más graves de los tropiezos que finalmente se dan”, asegura el responsable del programa “Desatar al anciano”.
>> El reto: erradicar el inmovilismo
>> Alternativas que siguen atando
