La SEC detecta desigualdades 'muy importantes' en el mapa de la asistencia cardiológica
La entidad analizó datos del Ministerio de Sanidad sobre los 50.000 infartos agudos de miocardio y 85.000 episodios de insuficiencia cardíaca congestiva que se registraron en 2011
La calidad de la asistencia que reciben los pacientes aquejados de una enfermedad cardiovascular es claramente desigual en España, según pone de manifiesto una investigación realizada por la Sociedad Española de Cardiología (SEC). A partir del proyecto Recalcar, y gracias a la cesión de la base de datos del CMBD por parte del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, la SEC analizó los cerca de 50.000 infartos agudos de miocardio (IAM) y los más de 85.000 episodios de insuficiencia cardíaca congestiva (ICC) que ingresaron en el año 2011 en los hospitales públicos españoles.
La evaluación concluye que las diferencias detectadas “son muy importantes” entre comunidades autónomas, si bien es cierto que la mayor variabilidad se da, en general, entre los hospitales de una misma región. Esta situación se traduce, por ejemplo, en que entre la comunidad que presenta la menor mortalidad por infarto agudo de miocardio y la que muestra la mayor (Navarra y Comunidad Valenciana, respectivamente) hay una diferencia de más del 50%. Lo mismo ocurre con los reingresos por este motivo, que oscilan entre el 1,99% de Navarra y el 8,41% de Andalucía. “La mortalidad en el infarto está estrechamente relacionada con dos factores: el acceso a la angioplastia primaria y la mejor organización y gestión sanitaria. No es de extrañar entonces que aquellas comunidades que cuentan con un código infarto obtengan mejores resultados de supervivencia entre sus pacientes”, explica el doctor José Ramón González-Juanatey, presidente de la SEC y jefe del Servicio de Cardiología del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago.
Más coordinación
Según esta sociedad científica, la coordinación en red de la atención sanitaria resulta fundamental para aumentar la supervivencia tras un infarto agudo de miocardio, pues el intervalo de tiempo que transcurre desde que el paciente sufre un IAM hasta que se le abre la arteria obstruida mediante una angioplastia primaria no debe superar los 90-120 minutos.
Si se logra coordinar bien el sistema sanitario (sistemas de emergencias médicas, servicios de urgencias hospitalarios y extrahospitalarios, unidades coronarias y de vigilancia intensiva, cardiólogos y cardiólogos intervencionistas) de modo que el paciente llegue a tiempo para que le sea practicada esta técnica, sus posibilidades de supervivencia son mucho más elevadas que si, por el contrario, no se llega lo suficientemente rápido al hospital o, en él no se dispone de este tratamiento y la persona infartada es tratada con fibrinólisis (administración intravenosa de trombolíticos), reduciendo así las posibilidades de supervivencia y aumentando el riesgo de hemorragias importantes. “Por ello es muy importante que todas las comunidades cuenten con una estructura que permita practicar una angioplastia primaria de manera temprana”, recuerda la SEC.
Dificultades del SNS
Asimismo, se han descrito grandes heterogeneidades en cuanto al tratamiento de la insuficiencia cardíaca. Por ejemplo, la Comunidad Valenciana no hospitaliza al enfermo más de siete días de media, mientras que en las Islas Canarias se superan habitualmente los once días de estancia hospitalaria. Unas diferencias que se agravan cuando se trata de reingresos por ICC, pues llegan casi al doble entre algunas comunidades autónomas (Navarra, 11,91%, frente a Canarias, 23,64%). Esto muestra, a ojos de la SEC, “las dificultades en el manejo de las condiciones crónicas en nuestro Sistema Nacional de Salud”.
Al respecto, el doctor González-Juanatey recuerda que “programas integrados de organización asistencial con participación de diversos profesionales y, en particular, de la enfermería comunitaria y hospitalaria en insuficiencia cardíaca congestiva, han demostrado un gran impacto sobre la calidad de vida y supervivencia de los pacientes evitando reingresos y optimizando el tiempo de hospitalización y habría que apostar más por ellos”.
Indicadores de calidad
Ante esta realidad, la Sociedad Española de Cardiología ya ha puesto en marcha el programa Incardio, una iniciativa que pretende contribuir a reducir las diferencias asistenciales descritas, estableciendo indicadores mínimos de calidad asistencial en cardiología y definiendo parámetros fácilmente registrables para cada área de la especialidad: arritmias, cirugía cardíaca, cardiología clínica, cardiología intervencionista, hemodinámica, cuidados intensivos cardiológicos, imagen cardíaca, insuficiencia cardíaca y cardiología preventiva.
“La calidad es medible y solo cuantificándola y comparándola con indicadores establecidos y conocidos por todos, con la mayor transparencia posible, puede demostrarse y exigirse el nivel adecuado de excelencia a todos los grupos de profesionales”, concluye González-Juanatey.
La evaluación concluye que las diferencias detectadas “son muy importantes” entre comunidades autónomas, si bien es cierto que la mayor variabilidad se da, en general, entre los hospitales de una misma región. Esta situación se traduce, por ejemplo, en que entre la comunidad que presenta la menor mortalidad por infarto agudo de miocardio y la que muestra la mayor (Navarra y Comunidad Valenciana, respectivamente) hay una diferencia de más del 50%. Lo mismo ocurre con los reingresos por este motivo, que oscilan entre el 1,99% de Navarra y el 8,41% de Andalucía. “La mortalidad en el infarto está estrechamente relacionada con dos factores: el acceso a la angioplastia primaria y la mejor organización y gestión sanitaria. No es de extrañar entonces que aquellas comunidades que cuentan con un código infarto obtengan mejores resultados de supervivencia entre sus pacientes”, explica el doctor José Ramón González-Juanatey, presidente de la SEC y jefe del Servicio de Cardiología del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago.
Más coordinación
Según esta sociedad científica, la coordinación en red de la atención sanitaria resulta fundamental para aumentar la supervivencia tras un infarto agudo de miocardio, pues el intervalo de tiempo que transcurre desde que el paciente sufre un IAM hasta que se le abre la arteria obstruida mediante una angioplastia primaria no debe superar los 90-120 minutos.
Si se logra coordinar bien el sistema sanitario (sistemas de emergencias médicas, servicios de urgencias hospitalarios y extrahospitalarios, unidades coronarias y de vigilancia intensiva, cardiólogos y cardiólogos intervencionistas) de modo que el paciente llegue a tiempo para que le sea practicada esta técnica, sus posibilidades de supervivencia son mucho más elevadas que si, por el contrario, no se llega lo suficientemente rápido al hospital o, en él no se dispone de este tratamiento y la persona infartada es tratada con fibrinólisis (administración intravenosa de trombolíticos), reduciendo así las posibilidades de supervivencia y aumentando el riesgo de hemorragias importantes. “Por ello es muy importante que todas las comunidades cuenten con una estructura que permita practicar una angioplastia primaria de manera temprana”, recuerda la SEC.
Dificultades del SNS
Asimismo, se han descrito grandes heterogeneidades en cuanto al tratamiento de la insuficiencia cardíaca. Por ejemplo, la Comunidad Valenciana no hospitaliza al enfermo más de siete días de media, mientras que en las Islas Canarias se superan habitualmente los once días de estancia hospitalaria. Unas diferencias que se agravan cuando se trata de reingresos por ICC, pues llegan casi al doble entre algunas comunidades autónomas (Navarra, 11,91%, frente a Canarias, 23,64%). Esto muestra, a ojos de la SEC, “las dificultades en el manejo de las condiciones crónicas en nuestro Sistema Nacional de Salud”.
Al respecto, el doctor González-Juanatey recuerda que “programas integrados de organización asistencial con participación de diversos profesionales y, en particular, de la enfermería comunitaria y hospitalaria en insuficiencia cardíaca congestiva, han demostrado un gran impacto sobre la calidad de vida y supervivencia de los pacientes evitando reingresos y optimizando el tiempo de hospitalización y habría que apostar más por ellos”.
Indicadores de calidad
Ante esta realidad, la Sociedad Española de Cardiología ya ha puesto en marcha el programa Incardio, una iniciativa que pretende contribuir a reducir las diferencias asistenciales descritas, estableciendo indicadores mínimos de calidad asistencial en cardiología y definiendo parámetros fácilmente registrables para cada área de la especialidad: arritmias, cirugía cardíaca, cardiología clínica, cardiología intervencionista, hemodinámica, cuidados intensivos cardiológicos, imagen cardíaca, insuficiencia cardíaca y cardiología preventiva.
“La calidad es medible y solo cuantificándola y comparándola con indicadores establecidos y conocidos por todos, con la mayor transparencia posible, puede demostrarse y exigirse el nivel adecuado de excelencia a todos los grupos de profesionales”, concluye González-Juanatey.
