InicioSaludEntrenar la fuerza en el agua mejora la salud ósea de la cadera en mujeres mayores, según una investigación de la Universitat de València

Entrenar la fuerza en el agua mejora la salud ósea de la cadera en mujeres mayores, según una investigación de la Universitat de València

La pérdida progresiva de masa ósea constituye uno de los grandes desafíos del envejecimiento, especialmente entre las mujeres, debido a su relación con la osteoporosis, el riesgo de fracturas y la pérdida de autonomía personal

Un ensayo científico con 98 mujeres mayores, liderado por la Universitat de València (UV), constata que ocho meses de entrenamiento acuático de la fuerza, utilizando dispositivos de resistencia y movimientos ejecutados con intención de alcanzar velocidades elevadas, mejoran la densidad mineral ósea en una región específica de la cadera, con resultados superiores a los del entrenamiento terrestre y a la ausencia de ejercicio.

¿Puede una piscina convertirse en una aliada para cuidar los huesos durante el envejecimiento? Un estudio desarrollado por el grupo de Prevención y Salud en el Ejercicio y el Deporte (PHES) de la UV, dirigido por Juan Carlos Colado, responsable del proyecto de investigación, aporta nuevas evidencias sobre el potencial del entrenamiento de la fuerza en el agua para mejorar determinados indicadores de salud ósea en mujeres mayores. Los resultados se han publicado en Archives of Gerontology and Geriatrics, una de las revistas científicas internacionales más destacadas en el ámbito del envejecimiento y la salud de las personas mayores.

La pérdida progresiva de masa ósea constituye uno de los grandes desafíos del envejecimiento, especialmente entre las mujeres, debido a su relación con la osteoporosis, el riesgo de fracturas y la pérdida de autonomía personal. A ello se añade que algunas personas encuentran dificultades para realizar ejercicios convencionales en tierra debido a molestias articulares, problemas de movilidad u otras limitaciones.

Según señala Juan Carlos Colado, catedrático de Educación Física y Deportiva de la Universitat de València, la investigación abre una perspectiva de especial interés: la piscina no tiene por qué ser únicamente un espacio para realizar ejercicios suaves o de movilidad. Cuando se emplean dispositivos que generan resistencia al movimiento, se ejecutan los ejercicios con la intención de alcanzar velocidades elevadas y se sigue una planificación adecuada y progresiva, el agua puede convertirse en un entorno de entrenamiento muscular exigente, con potenciales beneficios también para la salud ósea.

La investigación analizó tres grupos de un ensayo clínico aleatorizado de mayor alcance, integrados inicialmente por 98 mujeres mayores, con una edad media aproximada de 68 años. Un grupo entrenó la fuerza en la piscina, otro realizó ejercicios terrestres y un tercero mantuvo sus hábitos habituales sin participar en un programa estructurado de entrenamiento.

Las participantes de los grupos de ejercicio realizaron dos sesiones semanales de 60 minutos durante 32 semanas, bajo supervisión de profesionales especializados.

El programa acuático combinó ejercicios de brazos y piernas con dispositivos diseñados para incrementar la resistencia del agua. Durante los ejercicios, las participantes debían realizar los movimientos con la intención de alcanzar la máxima velocidad posible, manteniendo una ejecución adecuada.

La intensidad y el volumen de entrenamiento se incrementaron progresivamente durante la intervención, adaptando las exigencias a la capacidad de las participantes.

MEJORAS ÓSEAS

Las evaluaciones realizadas mediante densitometría ósea mostraron que las mujeres que entrenaron en la piscina experimentaron mejoras significativamente superiores en la densidad mineral ósea y en otro indicador del estado óseo, denominado T-score, de una región específica de la cadera conocida como triángulo de Ward, respecto a los otros dos grupos.

En un análisis complementario, el 54% de las participantes del grupo acuático superó el umbral de cambio establecido por los investigadores para la densidad ósea de esa región, frente al 33% del grupo de entrenamiento terrestre y el 10% del grupo control.

Los resultados no se extendieron de manera uniforme a todas las zonas del esqueleto estudiadas, lo que indica que las adaptaciones óseas pueden depender tanto del tipo de entrenamiento como de la región corporal evaluada.

Una de las principales aplicaciones prácticas de la investigación es la importancia de diferenciar las actividades acuáticas recreativas de los programas de entrenamiento de la fuerza específicamente diseñados para mejorar la condición física y la salud.

El estudio pone el foco en tres características fundamentales del programa desarrollado: la utilización de resistencias específicas, la intención de realizar los movimientos a velocidades elevadas y la progresión de las exigencias del entrenamiento.

A diferencia de lo que sucede en muchas modalidades de entrenamiento terrestre, en el medio acuático la resistencia que ofrece el agua aumenta cuando se incrementa la velocidad de desplazamiento. Este principio permite utilizar la propia resistencia del agua para generar estímulos musculares elevados, especialmente cuando se combina con dispositivos específicos.

Como explica Colado, “no se trata simplemente de recomendar a las personas mayores que acudan a la piscina. Lo verdaderamente importante es qué ejercicios realizan, con qué resistencia, a qué velocidad y con qué progresión. El agua puede ofrecer un entorno especialmente interesante para desarrollar programas de entrenamiento de la fuerza adaptados a las necesidades del envejecimiento”.

Aunque el estudio no permite determinar por separado la contribución de cada una de estas características a las mejoras observadas, sus resultados refuerzan el interés de aplicar programas de entrenamiento acuático estructurados, progresivos y supervisados.

POTENCIAL APLICACIÓN DE LA INVESTIGACIÓN EN LA VIDA COTIDIANA

Los hallazgos abren nuevas posibilidades para el diseño de programas de ejercicio físico dirigidos a personas mayores, especialmente en piscinas municipales, centros deportivos, instalaciones dedicadas al envejecimiento activo y servicios especializados.

Desde una perspectiva práctica, la investigación sugiere que los programas acuáticos pueden ir más allá de los ejercicios suaves y de movilidad, incorporando entrenamiento de la fuerza con resistencias adaptadas, intención de alcanzar velocidades elevadas y una progresión individualizada. Esta perspectiva puede resultar especialmente relevante para profesionales del ejercicio físico y responsables de programas de envejecimiento saludable, al ampliar las posibilidades de utilización de instalaciones acuáticas ya existentes.

No obstante, los investigadores subrayan que las mejoras observadas se localizaron en determinados indicadores óseos de una región específica de la cadera y que todavía se necesitan nuevas investigaciones para confirmar estos resultados y determinar hasta qué punto pueden trasladarse a beneficios clínicos, como una reducción del riesgo de fracturas.

Lo más visto

Redacción EM
Redacción EM
Información elaborada por el equipo de redacción.

Más información