El calor ya no espera al verano y se activa la alerta sanitaria entre el colectivo sénior
El verano aún no ha comenzado oficialmente, pero las altas temperaturas ya han dejado una señal preocupante. Según los datos del sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), mayo de 2026 ha registrado 101 fallecimientos atribuibles al calor, la cifra más elevada para este mes desde que existen registros comparables. El dato multiplica por 3,6 la media de muertes asociadas a las altas temperaturas registrada durante los meses de mayo de la última década y pone de manifiesto una realidad cada vez más evidente: el calor extremo ya no es un fenómeno exclusivo de julio y agosto. Ante esta situación, el Ministerio de Sanidad ha activado el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud 2026, un dispositivo que permanecerá operativo hasta el 30 de septiembre, aunque mantiene la vigilancia desde el 1 de mayo hasta el 15 de octubre para detectar episodios de calor fuera de la temporada estival tradicional.
Para las personas mayores, especialmente las que superan los 75 años, la puesta en marcha de este plan adquiere una relevancia especial, ya que este grupo concentra buena parte de las complicaciones y fallecimientos relacionados con las olas de calor. Aunque el calor afecta a toda la población, no todos los organismos responden igual. Con el paso de los años disminuye la capacidad del cuerpo para regular la temperatura, se reduce la sensación de sed y son más frecuentes las enfermedades crónicas y los tratamientos farmacológicos que pueden alterar los mecanismos de adaptación al calor. Por ello, Sanidad identifica a los mayores de 75 años como el principal colectivo de riesgo, junto a las personas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias o mentales, los lactantes, los menores de cuatro años y las mujeres embarazadas.
Los datos acumulados reflejan la magnitud del problema. Entre 2015 y 2025, MoMo estima que las altas temperaturas estuvieron relacionadas con 27.564 fallecimientos en España. El año más dramático fue 2022, con 4.789 muertes atribuidas al calor, seguido de 2025, cuando se contabilizaron 3.832. Estas cifras evidencian que las olas de calor ya constituyen uno de los fenómenos meteorológicos con mayor impacto sobre la salud pública.
CADA GRADO CUENTA
Uno de los aspectos más relevantes del nuevo plan es la actualización de los umbrales de temperatura considerados peligrosos para la salud. Los técnicos del Ministerio han revisado las series históricas de mortalidad y temperatura registradas entre 2012 y 2023 –excepto 2020 y 2021 por las distorsiones provocadas por la pandemia de la Covid– para determinar a partir de qué nivel térmico aumenta el riesgo para la población. Las conclusiones son contundentes. Por cada grado que la temperatura supera el umbral de riesgo establecido para una zona determinada, la mortalidad aumenta entre un 9,1% y un 10,7%. Esto significa que pequeñas diferencias térmicas pueden tener consecuencias muy importantes.
Otra de las novedades del plan es el perfeccionamiento del sistema territorial de vigilancia. España está dividida actualmente en 182 zonas de meteosalud, áreas definidas según características climáticas homogéneas. Este modelo permite adaptar las alertas a las condiciones reales de cada territorio y evitar que una misma temperatura genere el mismo nivel de aviso en lugares con climatologías muy distintas. La lógica es sencilla. Una temperatura que puede resultar habitual en una provincia mediterránea puede representar un riesgo considerable en zonas del norte menos acostumbradas a episodios extremos. Esta información se actualiza diariamente y permite a ciudadanos, profesionales sanitarios y servicios sociales anticipar medidas de protección.
ESTAR ALERTA
Más allá de la edad, los expertos recuerdan que existen factores sociales que incrementan el riesgo. Las personas mayores que viven solas, presentan limitaciones funcionales o sin red de apoyo son especialmente vulnerables durante las olas de calor. Por este motivo, insisten en la importancia de las redes vecinales, familiares y comunitarias para detectar situaciones de riesgo.
Y las autoridades sanitarias insisten. El desafío ya no consiste únicamente en responder a las olas de calor cuando se producen, sino en anticiparse a ellas y conviene, por tanto, reforzar las estrategias preventivas.
CONSEJOS SENCILLOS QUE PUEDEN SALVAR VIDAS
Las recomendaciones sanitarias siguen siendo simples, pero efectivas. La principal medida es mantener una hidratación constante, incluso cuando no exista sensación de sed. Los especialistas recuerdan que esta percepción disminuye con la edad, por lo que muchas personas mayores pueden encontrarse ya deshidratadas antes de notar síntomas.
También se aconseja evitar bebidas alcohólicas, azucaradas o con exceso de cafeína, permanecer en lugares frescos o climatizados durante las horas centrales del día y reducir la actividad física intensa.
Otro aspecto menos conocido es la conservación adecuada de los medicamentos. Algunos fármacos pierden eficacia o pueden alterarse cuando se exponen a temperaturas elevadas, por lo que deben mantenerse en condiciones adecuadas siguiendo las indicaciones del prospecto.
Para miles de personas mayores, especialmente aquellas que viven solas o padecen enfermedades crónicas, la información, la vigilancia temprana y la adopción de medidas sencillas pueden marcar la diferencia entre pasar el verano con seguridad o sufrir graves consecuencias para la salud. En conclusión, en un contexto de calor cada vez más intenso y prolongado, la prevención se ha convertido en la mejor herramienta para proteger la vida.
