Marian Gerrikabeitia / Directora de Silver Film Festival
Gerrikabeitia: “Hablar de amor y de deseo en la madurez es hablar de bienestar, de salud emocional y también de dignidad”
El próximo lunes 20 de abril a las 19 horas, el Teatro Arriaga de Bilbao acogerá la gala inaugural del Silver Film Festival 2026, dando comienzo a la cuarta edición de un certamen que este año explora el amor y el sexo en la madurez bajo el lema ‘Amor & Sexo (sin edad)’. Su directora, Marian Gerrikabeitia, concede una entrevista a entremayores para hablar de un festival que nació, como reconoce, con la vocación de ser útil y que busca «poner sobre la mesa conversaciones necesarias que muchas veces quedan fuera y que vienen muy bien para normalizar».
Pregunta.- Cuarta edición ya de Silver Film Festival, esta vez centrado en ‘Amor & Sexo (sin edad)’. ¿Qué motivo les llevó a escoger esta temática?
Respuesta.- La elección surge de algo muy sencillo: observar la realidad. Existe un estereotipo muy extendido que asocia el amor, el deseo o la sexualidad exclusivamente con la juventud, cuando en realidad forman parte de la vida en todas las edades. Esta realidad apenas tiene presencia en el cine o en la conversación pública. De modo que nos parecía importante abrir ese espacio desde la cultura, no desde la provocación, sino desde la naturalidad y el respeto. Hablar de amor y de deseo en la madurez es hablar de bienestar, de salud emocional y también de dignidad. Y precisamente eso es lo que busca el festival: poner sobre la mesa conversaciones necesarias que muchas veces quedan fuera y que vienen muy bien para normalizar.
P.- Decía usted en una entrevista que “la industria está espabilando”. ¿Está cambiando entonces por fin esa tendencia que relegaba el sexo en la segunda mitad de la vida como algo tabú en el cine?
R.- Sí, algo está cambiando, pero lentamente. Creo que tiene que ver con el incremento de la población madura y la demanda de tratar los temas que nos importan y afectan. Es verdad que empiezan a aparecer más historias, más personajes, y cierta intención de mirar la madurez de otra manera. Pero aún estamos lejos de una representación real. Porque lo curioso es que la sociedad va por delante: cada vez hay más personas que viven su vida afectiva y sexual con normalidad a partir de cierta edad… Y eso luego no se refleja en el cine. Así que sí, la industria está espabilando, pero todavía queda bastante camino para que deje de ser algo excepcional y pase a ser algo natural.
P.- Si en la pasada edición se reflexionó sobre la intergeneracional, ¿cuál es el mensaje central que se quieren transmitir con las cintas que se seleccionaron para este año?
R.- Pues normalidad para el amor y el sexo en la vida contemporánea. Salir de los estereotipos y mostrar historias que reflejen esa realidad que existe, pero que casi no vemos en pantalla. En el fondo, se trata de normalizar algo que ya es completamente normal: la vida.
P.- En la sociedad en general siguen existiendo demasiados prejuicios y estereotipos asociados a la vejez. ¿Es optimista y cree que ya se está abandonando este fenómeno que tanto daña a los mayores?
R.- Me gustaría decir que sí, pero creo que aún estamos en ese punto intermedio. Hay más conciencia, más conversación y cada vez más gente cuestionando esos estereotipos, y eso es positivo. Pero siguen muy presentes, muchas veces de forma casi invisible. El problema es que durante mucho tiempo se ha construido una imagen muy negativa y limitada de la vejez, y eso no cambia de un día para otro. Aun así, soy optimista. Creo que estamos empezando a mirar de otra manera, y la cultura –y el cine en particular– tienen un papel muy importante en ese cambio. También es importante que las propias personas mayores tomen un papel más activo: que se vean, que se representen y que exijan ese trato digno. Porque además estamos hablando de una parte de la sociedad cada vez más numerosa, con peso real –no solo en cifras, sino también en mirada y en opinión–.
P.- Declaró usted en una ocasión que Silver Film Fest nació con la vocación de ser útiles. ¿Cuál es esta vocación y cómo ha ido consolidándose a lo largo de estas ediciones?
R.- Nosotros siempre hablamos de ser útiles para las personas. Útiles en el sentido más amplio: ayudar a romper complejos, a sentirse acompañados, a entender mejor lo que les pasa… incluso a poner palabras a cosas que muchas veces no se hablan. Porque al final esto se traduce en cosas muy concretas: Una persona que sale de ver una película sobre el amor en la madurez sintiéndose reconocida, visible, menos sola… Eso es bienestar. Una persona que asiste a una charla sobre el duelo afectivo y entiende por primera vez lo que le está pasando… Eso es salud emocional. Y una sala llena de personas de distintas edades compartiendo una experiencia y mirándose de otra manera al salir… Eso es cohesión social.

P.- ¿Qué impacto positivo le consta que ha ido teniendo el festival, en concreto, sobre las personas mayores? Es decir, ¿celebran que se les dé voz y se hable de sus inquietudes, necesidades… de su realidad, en definitiva?
R.- Las cifras hablan bastante claro: en tres años han pasado por el festival casi 5.000 personas, y la última edición fue la más exitosa, con cerca de 1.900 asistentes y varias sesiones completas. Pero más allá de los números, lo que vemos es que había una necesidad real que no estaba cubierta. Y cuando se abre ese espacio, la respuesta llega. Y luego hay algo que para nosotros es clave: el festival no se construye solo para las personas, sino con ellas. Trabajamos directamente con personas maduras, contrastamos decisiones con ellas –desde la selección de películas hasta aspectos como la comunicación o incluso el precio de las entradas– para asegurarnos de que lo que hacemos tiene sentido. Y sí, lo que percibimos es que valoran mucho ese espacio. Que se hable de sus inquietudes, que se vean reflejadas, que se les tenga en cuenta… Además, poco a poco, estamos viendo algo muy interesante: cada vez se acerca más gente joven. A las sesiones de cortos, por ejemplo. Y en esta edición, además, planteamos temas que son claramente universales, como el de ‘Cómo gestionar una ruptura’o ‘Las trampas del amor romántico’. Porque al final no hablamos solo de edad, sino de experiencias que nos atraviesan a todos, y ahí es donde el festival también quiere abrirse y conectar con más gente.
P.- En este reto de visibilizar realidades sociales silenciadas, ¿cuál es el papel que juega el cine? ¿Y los medios de comunicación?
R.- Juegan un papel fundamental. Al final, la forma en la que interiorizamos comportamientos o valores llega mucho mejor a través del cine y los medios que desde un discurso teórico. Porque no solo reflejan la realidad, la construyen: influyen en cómo pensamos, en lo que damos por normal y también en qué historias se cuentan y cuáles quedan fuera. Por eso es tan importante que abran el foco y den espacio a realidades que hasta ahora han sido invisibles.
P.- Desde que se pusiese en marcha en 2023, ¿cómo ha crecido el S/FF y qué previsiones tiene de cara a seguir abriendo el debate que gire en torno a las personas mayores?
R.- Desde que empezamos en 2023, el crecimiento ha sido progresivo pero muy sólido. Hemos ido conquistando público, presencia y, sobre todo, una comunidad en torno al festival. Pero es verdad que para seguir creciendo es fundamental poder hacerlo también a nivel económico. Somos un festival pequeño y necesitamos tiempo y recursos para invertir en comunicación y poder llegar a más personas. Aun así, ya estamos haciendo un esfuerzo importante por llevar el festival más allá de Bilbao, acercándolo a lugares como Abadiño o la comarca de Lea Artibai. Y de cara al futuro, nos gustaría dar un paso más: que lo que estamos haciendo aquí pueda conocerse también en otros territorios, como Madrid, Ávila o el Levante, y poder compartir esta experiencia en otras localidades. Porque al final, esta conversación no es local, es algo que está pasando en todas partes.
