Ángeles Álvarez / Directora de los centros de día Cangas (Cangas) y Parque Castrelos (Vigo)
Ángeles Álvarez: “El gran reto es adaptarse a las nuevas generaciones. Los mayores de hoy nada tienen que ver con el perfil de hace 23 años”
Pregunta.- Toda una vida dedicada al ámbito de los cuidados de las personas mayores y, más en concreto, de los centros de día. ¿Cree que las estancias diurnas están teniendo, por fin, el reconocimiento que merecen en el sector de la atención?
Respuesta.- Desde nuestros inicios en 2003 hasta hoy ha cambiado mucho todo. Antes las familias solicitaban ayuda cuando su familiar ya era muy dependiente. Por cultura y educación, el cuidado era una tarea impuesta a las mujeres de la familia y no estaba bien visto delegar cuidados. Esta cultura ha ido cambiando. Con la incorporación de la mujer al mundo laboral se incrementa la demanda de nuestro servicio y un mayor conocimiento del trabajo que realizamos. Ya nadie duda de los beneficios que proporcionan los centros de día como entornos de socialización, apoyo y promotores de programas enfocados a mantener y promocionar la autonomía de las personas.
P.- ¿Ha evolucionado de manera positiva, por tanto, la visión que se tenía de los centros de día? ¿Marcó la pandemia un punto de inflexión en este sentido?
R.- La pandemia puso en evidencia el trabajo tan importante que realizan los centros de día. Al privar a las personas usuarias de rutinas, estimulación cognitiva, funcional, socialización y el apoyo de los centros se deterioró su movilidad, su memoria, su ánimo. Muchas personas no pudieron regresar a los centros por el grave empeoramiento de su salud en tan solo unos meses. Quienes lo vivieron en primera persona lo tienen claro. Los centros de día mejoran la salud y calidad de vida de las personas.
P.- En 2020, fue una de las fundadoras de la creación la de Asociación de Centros de día ACDgal Galicia. ¿Qué supuso para el sector la puesta en marcha de esta asociación?
R.- De todo lo malo hay que sacar algo bueno. ACDgal consiguió reunir al 80% del sector privado de toda Galicia en un momento muy complicado para todos: centros, personas usuarias y familiares. Gracias a esta unión y a la fuerza que logramos juntos, la Administración supo de nuestra situación y de la de muchas personas dependientes que vivían solas y que con el cierre de los centros se quedaron desamparadas. Va a sonar muy fuerte, pero ACDgal salvó vidas y negocios. Inicialmente creamos una plataforma. Yo desde Vigo y Pedro López Cadilla desde Redondela, teléfono en mano, fuimos llamando centro a centro y planteando la necesidad de unir al sector. Tengo que decir que en ese momento fuimos una piña y que con el apoyo de otros centros que mantuvieron una postura muy activa y colaboradora. Doralresidencias, Atendo, Frama, San Carlos, Atlántida y Aleida, fueron piezas fundamentales en los logros de aquel momento. Tras los primeros pasos como plataforma, decidimos fundar la asociación y darle carácter legal, y así nació ACDgal. Nace con el espíritu de mantener esa unión, seguir mejorando como sector y crear un espacio común donde poder resolver problemas comunes. Asesoramos y ayudamos a muchos centros de nueva creación, llegamos a acuerdos con la Administración y organizamos varios congresos con ponencias de profesionales referentes internacionales en el mundo de la geriatría y gerontología.
P.- Situándonos hoy: ¿a qué dificultades se enfrenta hoy el sector de los centros día?
R.- Creo que en general el sector vive un momento bueno, la sociedad y los políticos han reconocido que somos servicios esenciales y de vital importancia en la vida de muchas personas mayores. Pero el gran reto, en mi opinión, es adaptarse a los cambios de las nuevas generaciones. Las personas mayores de hoy nada tienen que ver con el perfil de hace 23 años. Acuden a nosotros personas más jóvenes, más preparadas, con estudios universitarios, usando nuevas tecnologías, con otra mentalidad, más exigentes, en mejor estado de salud y sobre todo, más autónomas. Autonomía e independencia no son lo mismo, se siguen confundiendo mucho estos términos: independencia –poder hacer– y autonomía –poder decidir–. Los centros deben tener en cuenta esta gran diferencia porque las personas han dejado de tener un rol pasivo y yo lo aplaudo, porque lo importante es poder tener capacidad para decidir sobre tu vida, aunque necesites ayuda para ejecutarlo. Me considero una directora rebelde que instiga a las personas usuarias a mantener su autonomía, eso conlleva otra forma de entender las cosas, supone mucho más esfuerzo y equipos que entiendan que no vale prácticamente nada de lo aprendido. Los profesionales hemos de adquirir nuevas competencias para dar respuestas a personas mayores infinitamente más preparadas que muchos de nosotros. El rol del profesional debe de ser el de acompañar y apoyar a las personas promocionando esa autonomía. No somos maestros, médicos, ni jueces.
P.- ¿De qué manera entiende que debería proporcionarse una atención de calidad en los centros día?
R.- Durante estos años he aprendido que las personas mayores demandan y necesitan exactamente lo mismo que cualquier persona en otras etapas de la vida, respeto, dignidad, validación, autonomía y poder hacer aquello que les gusta o hace felices, tener proyectos y propósito para levantarse cada mañana y sentirse satisfecha al final de día. Sin embargo, se sigue ofreciendo un trato paternalista, a veces infantil, decidiendo por ellas, realizando programas que entretienen y rellenan su tiempo con propuestas que nada tienen que ver con sus deseos. No se actúa así por maldad, sino porque se siguen patrones que se han aprendido, sin cuestionar sus efectos. Parafraseando a Lourdes Bermejo, “el envejecimiento activo no se construye solo mediante actividades sino a través de procesos educativos, participativos y comunitarios que favorezcan las capacidades, el empoderamiento y la participación social”. No es tarea fácil cambiar la mentalidad de los responsables de los centros, ni de los equipos de trabajo, cuando todo está mecanizado todo rueda, pero no siempre genera satisfacción. Los programas estandarizados, el ‘café para todos’ que tantas veces escuché decir a uno de mis grandes referentes, Miguel Ángel Vázquez, no pone a la persona en el centro. Cada individuo es un mundo que llega con su historia y vivencias detrás. Sus valores, sus creencias, aprendizajes, sus experiencias vitales han forjado su carácter y su modo de estar en el mundo… No trabajamos con niños, sino con adultos con derecho a decidir y a seguir viviendo cómo quiera vivir, haciendo lo que quiera hacer. Los centros que no entiendan esto así, están abocados al fracaso, llevo años diciéndolo. Los pilares que deben sustentar esta atención no los digo yo, los contempla la constitución, la declaración de Derechos Humanos, la Carta de Derechos y Deberes de las Personas Mayores: dignidad, respeto e intimidad; independencia y autorrealización; participación; acceso a cuidados y protección; y no discriminación. De manera egoísta en nuestros centros de día estoy intentando crear y transmitir a los equipos el centro en el que me gustaría envejecer. Quizá así yo tenga una vejez un poco más acorde a quién soy, a mis intereses y mis inquietudes… Autonomía y derecho a decidir. Urge la transformación y un cambio en los modelos de atención.
P.- Estamos hablando del modelo ‘Como en casa’, una metodología en la que usted ya creía en él hace más de dos décadas. ¿Cómo fue la innovadora propuesta que hizo desde el Centro de Día Parque Castrelos?
R.- Siempre he sido una persona muy observadora e inquieta, me gusta cuestionar las cosas y aprender. Esto ha hecho que durante la práctica profesional reparase en cómo influye el entorno y el ambiente en el comportamiento de las personas. Un centro de día acoge a personas muy diversas con rutinas y necesidades muy diferentes. Muchas de ellas pasan ocho horas en el centro, más tiempo que en su casa, por lo que vi necesario crear espacios diferenciados que diesen respuesta a esa diversidad: Rincones de lectura, zonas de descanso, zonas amplias y libres de obstáculos para moverse y caminar, zonas que favorecen la interacción, la conversación, la lectura, la intimidad, espacios para nuevas tecnologías, espacios lúdicos, etcétera. En cuanto diversificamos el espacio nos dimos cuenta que de manera natural las personas iban escogiendo libremente el lugar en el que querían estar y el grupo de personas con el que sentían más afinidad. Así nació el club de la lectura, el club de costura… Facilitamos el acceso a los materiales y ellos autogestionan sus proyectos y actividades. La distribución de los muebles, su diseño, estética, los colores, el ruido ambiental, los olores, condicionan el comportamiento de las personas. ¿No os ha pasado que llegáis a un lugar y os produce la necesidad de salir corriendo? o, por el contrario, ¿habéis estado en algún sitio de dónde no os queréis ir? Cuando las personas entran en el Centro de día Parque Castrelos y en el Centro de día Cangas comentan “Caray, no parece un centro, parece una casa”. Y eso es justamente lo que pretendemos: que las personas se sientan como en su casa. Porque nuestro hogar nos aporta seguridad, confianza, intimidad, tranquilidad, cuestiones fundamentales, especialmente cuando tratamos con personas con demencias. Es frecuente que cuando creas un centro de día, sigas a pies juntillas la normativa impuesta, sin ver más allá. Eso hace que los centros parezcan más una academia, una institución fría y despersonalizada que un lugar bonito y confortable. El modelo ‘Como en Casa’ podría decirse que es la evolución europea de la Atención Centrada en la Persona (ACP). Su origen se inspira directamente en los modelos de cuidados nórdicos y anglosajones desarrollados entre los años 70 y 90. Estos países rompieron con el modelo tradicional "hospitalario" o institucional para crear centros organizados en unidades de convivencia más pequeñas y hogareñas. Yo tenía la intuición de estar haciendo lo correcto, lo que nos funcionaba con las personas, pero me faltaba la evidencia científica, por lo que en el año 2024 realicé un máster en ACP y gerontología que me brindó la oportunidad de conocer durante mis prácticas en la Fundación Matia a Elisa Pozo, Arquitecta responsable del Proyecto Piloto Estatal “Como en Casa”. Una iniciativa de innovación e investigación financiada por fondos europeos, Next Generation, liderada por la Fundación Matia en el País Vasco y Asturias. Cuya meta es guiar la transformación de las residencias tradicionales hacia espacios significativos y hogareños. Aquí pude constatar que no íbamos por mal camino. Elisa ha estado en nuestros centros hace unos meses, formándonos, asesorándonos y compartiendo su conocimiento técnico para que podamos seguir mejorando en este sentido.

P.- ¿Cuáles son los puntos fuertes de este modelo?
R.- La pronta adaptación, el confort que proporciona, las personas se mueven libremente y son más autónomas porque se sienten en su casa, no piden permiso para coger un vaso de agua. Así mismo les anima a participar tomando decisiones sobre la distribución de mobiliario y la decoración. Las personas con demencia están más orientadas, tranquilas y este modelo reduce mucho su ansiedad. Además de que el modelo está alineado con la ACP, por lo que las actividades son significativas y favorecen una vida normalizada.
P.- Están celebrando el segundo aniversario del Centro de Día Cangas. Ha sido más sencilla la puesta en marcha de este recurso en comparación con el de Vigo?
R.- El balance ha sido bueno. Todo lo nuevo o que se escape de modelos tradicionales cuesta un poco más introducirlo, por lo que la previsión está siendo más lenta de lo que esperábamos pero con paso firme. Las personas que llegan a pedir información valoran muy positivamente el modelo de atención que prestamos, que sea diferente y ofrezca otro modo de entender la atención a sus familiares. El centro les llama la atención nada más entrar, nos dicen que no parece un centro, sino una casa. Con respecto a la creación de Parque Castrelos, este proyecto –a medias con mi compañero Pedro López– ha supuesto la oportunidad de empezar desde cero con un proyecto 100% ACP y modelo ‘Como en Casa’. Eso lo cambia todo. Hace 23 años me faltaba conocimiento y experiencia, era más tímida en mis decisiones. Hoy tengo la certeza de que vamos por el camino correcto, ya no tengo dudas, sé lo que quiero y hacia dónde debemos caminar. Centro de día Cangas pretende ser un referente en cuanto a ese cambio de modelo que las personas demandan, un espacio seguro, confortable, bonito, ese lugar al que cada día acudo motivado y con alegría, que acompañe a las personas prestándoles apoyo desde esos pilares fundamentales que comento un poco más arriba en esta entrevista. Un espacio de oportunidades, de participación que favorezca vidas con sentido.
P.- Usted afirma que “un centro de mayores no debería ser solo un lugar donde cuidar vidas, sino un espacio donde la vida tenga ganas de pasar”. Entonces, ¿qué importancia desempeña el entorno a la hora de cuidar?
R.- Toda la importancia, puesto que ya es una evidencia científica que el entorno influye en el comportamiento de las personas. Los espacios tienen el poder de cambiar nuestro día, nuestro humor, nuestro ánimo… El ambiente puede tranquilizar, estimular los sentidos, promover la actividad, favorecer las relaciones, la participación, orientar o todo lo contrario. Esto ya es una evidencia, por lo que cuidar el entorno y transformar los espacios que proporcionan más confort es vital.
