miércoles, 14 enero 2026
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Una atención integral del paciente podría ayudar a reducir la ingesta injustificada de medicamentos

La costumbre de automedicarse crece en España y, en el caso de los mayores, se suma de forma alarmante a la polimedicación
Los efectos secundarios, las reacciones adversas y en algún caso intoxicación; la falta de efectividad de los medicamentos porque se utilizan en situaciones en las que no están indicados; la dependencia o adicción; el enmascaramiento de procesos clínicos graves y por lo tanto retraso en el diagnóstico y en el tratamiento; así como las interacciones con otros medicamentos o alimentos que la persona esté tomando -puede producirse una potenciación o una disminución de su efecto-, o las resistencia a los antibióticos son algunos de los efectos que la automedicación puede traer consigo. Unos problemas que, en el caso de las personas de edad avanzada, existe la posibilidad de que se agraven debido a la presencia de otro factor, común en este colectivo, como es el de la polimedicación.

Polimedicación
Felipe Blasco Patiño, especialista en medicina interna de la Unidad de Diagnóstico Médico del Hospital General de Torrevieja, cita una frase de Robert Koch, médico reconocido por sus estudios de bacteriología y por la descripción del bacilo de la tuberculosis, para poner de manifiesto los problemas que surgen cuando un paciente ingiere diariamente seis o más fármacos: “Cuando un médico va detrás del féretro de su paciente, a veces la causa va detrás del efecto”. “Este ejemplo -explica- es una de las pocas veces que veremos en la naturaleza que el resultado (el fallecido) va delante de la causa (el médico). Lo normal es que toda causa se siga de un efecto y las interacciones son la consecuencia de una excesiva ingesta de medicamentos”. Blasco continúa “el número de efectos adversos y de interacciones está directamente relacionado con el número de fármacos que toma el paciente. Por lo tanto, a mayor ingesta de medicamentos más efectos secundarios, más interacciones, mas posibilidad de consecuencias graves que condicionen el ingreso del paciente en un hospital y, en el peor de los casos, incluso la muerte”, señala.
“Entre el 7 y el 14 % de los ingresos de ancianos en un hospital están motivados por un efecto adverso secundario al consumo de algún fármaco. Y estamos hablando de consecuencias adversas graves, las leves son mucho más numerosas y conllevan un sinfín de consultas a los médicos de Atención Primaria”, apunta Blasco. “La media de fármacos que toma un anciano se ha situado entre cuatro y ocho diarios, incluso hay personas que llegan a consumir hasta 18 medicamentos diferentes al día. Multipliquemos ahora estos medicamentos por una media de dos pastillas diarias por cada uno y tendremos cerca de 30 pastillas al día”, explica el doctor para introducir a continuación un interrogante: “¿Qué sucede con un anciano que muchas veces vive solo, que no suele ver bien, con dificultades para recordar cosas tan frecuentes como dónde ha dejado las gafas, qué sucede con esta persona que tiene que tomar tantos medicamentos?”. La respuesta, según este experto, es sencilla. “En muchas ocasiones se dan errores en la ingesta de estos fármacos con sobredosis, donde el umbral entre la dosis terapéutica y la tóxica es muy estrecho”, concluye.

Automedicación
En este contexto confluyen también, y de forma importante, los efectos de la automedicación, la ingesta de medicamentos que el paciente realiza por su propia cuenta y que, generalmente, se suman a los prescritos formalmente por el facultativo.
El doctor José Antonio Valtueña, ex presidente del Centro Internacional de Educación para la Salud de Ginebra, explica en el artículo “De la autoinformación a la automedicación”, que el problema de la automedicación se plantea de modo “más preocupante” en las personas de edad avanzada. Puesto que “complica la cuestión, el hecho de que la automedicación se asocia en el anciano a toda una serie de fenómenos típicos de esa edad: efectos iatrogénicos de la polimedicación, reacciones indeseables provocadas por la interrupción en la toma de un determinado medicamento, inobservancia terapéutica, etcétera”.
No obstante, hay expertos que consideran que este fenómeno no es más frecuente entre los mayores que en el resto de la población, como es el caso del doctor Fernando Perlado, quien critica en “Teoría y Práctica de la Geriatría” la receta masiva de medicación aunque considera que este problema tiene un carácter excepcional en el caso de las personas de edad avanzada. “La mayor parte del consumo se deriva de una indiscrimanada prescripción médica, especialmente en ancianos. Lo que quiero decir es que la automedicación es más excepcional en los ancianos que en los adultos, y que los ancianos no buscan tanto ser medicados como ser bien vistos por el médico”, comenta Perlado.
Ya sea más o menos común la costumbre de ingerir medicamentos por iniciativa propia en el caso de los mayores, es una realidad que España se sitúa, lamentablemente, como tercer país de la Unión Europea, donde la automedicación es algo habitual entre la población y el segundo país cuando se trata de consumo de antibióticos sin prescripción médica, según un estudio del área de Salud de la Unión Europea. Los últimos datos recogidos en la Encuesta Nacional de Salud 2006 muestran que un 62,2% de las personas preguntadas admite ejercer esta práctica. “En muchas ocasiones se dan errores en la ingesta de estos fármacos con sobredosis donde el umbral entre la dosis terapéutica y la tóxica es muy estrecho”, explica el doctor Felipe Blasco Patiño Pregunta:
Respuesta:
Las causas
Los motivos por los que una persona toma la decisión de “prescribirse” a sí misma sólo los conoce la propia persona, aunque los expertos señalan algunas causas posibles como la escasez de tiempo para acudir a la consulta médica; la pérdida de la credibilidad sanitaria basada en el deterioro de la relación médico-paciente; o la presencia de procesos patológicos que el paciente valora como banales y que por su carácter de cronicidad son poco valorados por el propio enfermo e interpretados por éste como “automedicables”, como es el caso de los resfriados comunes, la gripe o una cefalea. Otras de las posibles causas pueden ser: la contribución actual de los medios de comunicación y la mala interpretación por parte de los pacientes de la cultura sanitaria aportada, así como la propaganda de medicamentos que muestran alivios inmediatos de síntomas, que en muchas ocasiones complican más la patología de base.
Estos son algunos de los posibles motivos que se encuentran tras la ingesta diaria de seis o más medicamentos en el paciente de edad avanzada, aunque también pueden existir otros más prosaicos como apunta el doctor Blasco Patiño. “El 18% de la población es responsable del 70 % del gasto farmacéutico, y no nos llevemos a engaño, existe una gran estafa en la prescripción de recetas para pensionistas. La tentación de solicitar analgésicos, ansiolíticos, y un sinfín de fármacos más para cubrir las necesidades de toda la familia es muy alta, y los armarios de nuestros mayores parecen una botica y ellos boticarios que reparten remedios a allegados y conocidos”.

Actores
Son muchos los agentes implicados en el fenómeno de la polimedicación y todos ellos deben estar presentes, según el doctor Blasco, en su solución. “No hay un único responsable y sí muchos culpables. Desde el paciente que busca en los medicamentos una solución para todos sus problemas de la vida diaria -existe una mala tolerancia al malestar emocional- o los cuidadores que presionan al médico exigiendo una solución milagrosa para los problemas de sus mayores, hasta el médico que, a falta de tiempo en la consulta, encuentra mas fácil prescribir que escuchar o que otorga a muchos fármacos efectos que no tienen utilizándolos como placebo. Por supuesto, también son responsables los farmacéuticos y las empresas farmacéuticas, pues al fin y al cabo es su negocio y necesitan vender”. Blasco alude también al papel de las instituciones a la hora de solucionar este problema: “Las distintas administraciones públicas que han atajado el problema por el eslabón que menos resistencia ofrece para sus intereses, buscando como única solución el recorte de fármacos cubiertos en el sistema público, la prescripción de genéricos o la bajada del precio de los medicamentos. Sin querer asumir las otras patas del problema”.
Por éstos y otros motivos, es común que los expertos alerten de la necesidad de establecer un control sobre la medicación que toma cada persona para evitar la multitud de efectos adversos que se pueden producir. Nuria Rodríguez Ávila, autora del “Manual de Sociología Gerontológica”, considera que el uso excesivo de medicamentos por parte de los mayores es un hecho preocupante y por ello propone para frenarlo un sistema que denomina DAS. “Se trata de fomentar tres elementos importantes como son: hacer un Dieta equilibrada, combinada con Actividad física y, por último, la Socialización”. La socióloga explica que el hecho de que las enfermedades de los mayores sean crónicas e irreversibles por el proceso de envejecimiento en sí no debe significar necesariamente que el paciente deba recurrir a la automedicación, por mucho tiempo que lleve padeciendo una enfermedad. “Es evidente que aplicar el DAS supone que en una persona que presenta un cuadro de falta de actividad, depresivo y que realiza pocos contactos sociales, mejora su calidad de vida y su motivación. El hecho de fomentar una vida activa hace que la persona mayor tenga una actitud positiva frente a la cotidianidad y eso hace que no se utilicen medicamentos innecesarios”, añade.
Por su parte el especialista en medicina interna, Felipe Blasco, señala una solución integral para este problema. “Información: el médico debe conocer a su paciente y las necesidades de éste, lo que implica conocer su situación social, cómo se desenvuelve, y qué fármaco realmente le puede aportar beneficios sobre su salud. Por ejemplo, no se pueden dar fármacos sedantes a un paciente con problemas para caminar, pues el riesgo de caída y de fractura de cadera se multiplica por diez. Otro de los aspectos que se deben tener en cuenta esrelativo a la información sobre los fármacos. Si un paciente que toma medicación para la tensión arterial acude a la consulta por mareo lo más lógico es pensar que éste podría deberse a una bajada de la tensión arterial. Hay que pensar en esta posibilidad y evitar una cascada de errores que conlleva recetar un fármaco para los mareos y que, a su vez, puede puede provocar la aparición de un Parkinsonismo, lo que condiciona la toma de un nuevo medicamento, cuando lo más sencillo hubiese sido bajar la dosis del antihipertensivo. Informar al paciente de qué enfermedades tiene, qué fármacos se le han prescrito y qué efectos pueden tener, lo que nos lleva de nuevo al problema del tiempo en la consulta médica e informar a los gestores de las áreas sanitarias que asumo, en la mayoría de los casos, que desconocen cómo funciona una consulta médica porque la idea contraria, saber cómo funcionan y permitirlo, es aún peor. Por último, no permitir la comercialización de fármacos que no aporten grandes ventajas sobre los ya existentes, y por grandes ventajas me refiero a menos efectos secundarios con similar o mayor efecto terapéutico”, concluye Blasco.
Medidas, la mayoría de ellas, que responden al sentido común, tanto del profesional como del paciente que, en todo caso, comparte la responsabilidad de velar por su propia salud.

> Automedicación responsable, según la OMS
> Entrevista a Nuria Rodríguez Ávila, Autora del “Manual de Sociología Gerontológica”
> Entrevista a Felipe Blasco, especialista en medicina interna de la Unidad de diagnóstico del Hospital General de Torrevieja

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Redacción EM
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Información elaborada por el equipo de redacción.

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