El glaucoma, la enfermedad ocular silenciosa y de efectos irreversibles
Se trata de una dolencia neurodegenerativa crónica en la que, a consecuencia de un daño en el nervio óptico secundario, se produce pérdida de visión. Su incidencia aumenta con la edad
Enfermedades que se producen en la parte anterior del ojo, como la catarata, y en la parte posterior del mismo, como la degeneración macular y el glaucoma, son las afecciones oculares más frecuentes en personas mayores. Así lo explica el doctor Gonzalo Muñoz Ruiz, oftalmólogo de Clínica Baviera especializado en glaucoma. Una dolencia que, según indica el doctor Francisco J. Muñoz Negrete, jefe del servicio de Oftalmología del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, “afecta a un 1,5% de los mayores de 45 años y su incidencia aumenta con la edad”.
El término glaucoma agrupa a un conjunto de enfermedades neurodegenerativas crónicas en las que, a consecuencia de un daño en el nervio óptico secundario, se produce pérdida de visión. Junto con las cataratas y la retinopatía diabética, es una de las principales causas de pérdida de agudeza visual. En los casos más graves, puede llegar a provocar ceguera. De hecho, según la Sociedad Española de Oftalmología (SEO), el glaucoma es uno de los principales motivos de ceguera en los países desarrollados.
Tipos de glaucoma
Esta entidad destaca, también, que el tipo de glaucoma más frecuente en la población en general es el de ángulo abierto. Este está provocado por un aumento de la presión intraocular. Sin embargo, apunta que esto no es lo único que puede desencadenar dicha afección. Y es que hay otros factores, como los antecedentes familiares y la miopía elevada, que pueden llegar a ser determinantes. Igualmente, tumores, traumatismos, cirugías previas e inflamaciones pueden estar implicadas en este proceso.
El doctor Muñoz Ruiz explica que el glaucoma es una enfermedad del nervio óptico. Este último es, como dice, “la estructura encargada de enviar las señales luminosas al cerebro”. Lo que se produce, concretamente, es “una pérdida progresiva de las fibras que forman el nervio óptico”. Por su parte, el doctor Muñoz Negrete especifica que la tensión ocular elevada lo que provoca es una lesión de las células ganglionares de la retina.
Este tipo de glaucoma provoca un daño progresivo del nervio óptico que, en estadios finales de la enfermedad, puede acabar provocando ceguera.
Otra tipología de glaucoma es el de ángulo cerrado, que “se produce cuando la salida del humor acuoso se encuentra comprometida al obstruir el iris el ángulo camerular”, comenta el experto del Hospital Ramón y Cajal. El humor acuoso es el líquido que produce el ojo y que nutre y oxigena el globo ocular.
Desde la SEO hacen hincapié en que esta dolencia es más frecuente en ojos pequeños e hipermétropes. En este sentido, el doctor Muñoz Negrete indica que esta afecta especialmente a mujeres con hipermetropía. Sin embargo, hay factores asociados al cristalino, como la catarata; o al propio iris, que también pueden llegar a influir en la aparición de la afección ocular.
Él destaca, además, que tanto el glaucoma de ángulo abierto como el de ángulo cerrado son los que se suelen producir en personas mayores, pero que “en España, el glaucoma de ángulo abierto representa el 90% de los casos, mientras que el de ángulo cerrado es menos frecuente”. Con ello concuerda el especialista en Oftalmología de Clínica Baviera, que añade que el primero “se produce en adultos a partir de los 50 años”.
También es importante señalar, dada su gravedad, el glaucoma neovascular, que se produce como consecuencia de la formación de nuevos vasos sanguíneos en el iris a causa de una falta de oxígeno (isquemia) crónica y mantenida de la retina. Esta proliferación de vasos sanguíneos tiene como objetivo socorrer a la retina oxigenándola. El problema es que estos acaban por provocar una obstrucción en la circulación del humor acuoso, lo cual desencadena una elevación de la presión del ojo. La oclusión de la vena central de la retina y la diabetes mellitus son las principales causa de esta tipología de glaucoma.
Otra variedad a señalar es la de glaucoma congénito, que se caracteriza por la existencia de anomalías que provocan un aumento de la presión interna del ojo. Este, sin embargo, se suele dar en los primeros meses de vida de la persona.
¿Quién lo padece?
El doctor Muñoz Ruiz explica que, antes de nada, “hay que tener en cuenta que cualquier persona a cualquier edad tiene riesgo de padecer una de las formas de glaucoma (congénito, infantil, juvenil y del adulto)”, pero que existen algunos grupos de población con una mayor predisposición.
Las personas que padecen miopía alta o hipertensión ocular son las primeras que apunta. “En algunas ocasiones, las propias características del ojo también pueden elevar el factor de riesgo de glaucoma. Por ello, deben tener especial precaución aquellos con miopía alta (más de seis dioptrías), con un espesor corneal inferior a 500 micras o que tengan la tensión intraocular elevada (más de 20 milímetros de mercurio, que es la unidad de presión)”, comenta.
Otro de los grupos de riesgo son los mayores de 50 años, pues, como dice, “a mayor edad, más riesgo de padecer glaucoma”. “La incidencia de la enfermedad aumenta con los años, afectando a un 2% de las personas entre 50 y 59 años, porcentaje que sube hasta el 3,5% en los mayores de 70”, declara. En este sentido, el doctor Muñoz Negrete explica que, con el avance del envejecimiento, las vías de drenaje del humor acuoso se van obstruyendo. Esto determina un aumento de tensión ocular, lo cual explica que este grupo de edad sea especialmente vulnerable en lo que al desarrollo de esta dolencia se refiere.
Como se señalaba anteriormente, la herencia familiar es otro factor determinante. “En aquellas personas en las que alguno de sus familiares haya tenido glaucoma, se incrementa la posibilidad de padecer esta enfermedad entre un 4% y un 9%”, especifica el doctor Muñoz Ruiz. El factor hereditario afecta, fundamentalmente, a las variedades de glaucoma congénito y abierto.
Los pacientes diabéticos o hipertensos son otro de los grupos de población con mayor probabilidad de sufrir esta dolencia. Es por ello que el especialista de Clínica Baviera aconseja a estas personas “incrementar la frecuencia de sus revisiones oftalmológicas, con el fin de detectar cualquier síntoma o anomalía”.
Entre los otros factores que pueden desencadenar la aparición del glaucoma, este destaca el uso de fármacos, como los corticoides; o el hecho de padecer determinadas enfermedades oculares, como la dispersión pigmentaria. Incluso los traumatismos oculares pueden desembocar en el glaucoma de ángulo abierto, “que puede surgir justo después de la lesión o, incluso, años después”.
La ceguera silenciosa
El hecho de que esta dolencia, en un principio, a penas presente síntomas, le ha valido el nombre de ‘la ceguera silenciosa’.
El doctor Muñoz Ruiz explica que “la enfermedad es al principio asintomática, pero en etapas avanzadas se produce un deterioro del campo visual. Es decir, el ojo con glaucoma presenta sombras en su campo de visión que van confluyendo hasta solo quedar un campo visual reducido central (como mirar a través de un tubo). En su etapa final, el ojo pierde completamente la visión”.
En cambio, el doctor Muñoz Negrete, prefiere hacer distinción entre las señales que se pueden percibir si se padece glaucoma de ángulo abierto o cerrado. Según indica, el primero “no produce síntomas hasta fases muy avanzadas de la enfermedad, en las que la pérdida de campo visual y visión es tan profunda que el paciente lo nota”. Es por ello que “es fundamental un diagnóstico precoz con una revisión oftalmológica periódica en pacientes de riesgo”.
En lo que al glaucoma de ángulo cerrado se refiere, el experto hace hincapié en que este “se puede manifestar de forma aguda con una crisis de glaucoma agudo, en la que el paciente nota un dolor muy intenso (dolor de clavo), pérdida de visión y enrojecimiento del ojo”. De hecho, comenta que el dolor es tan intenso, que puede ir acompañado de náuseas y vómitos.
En cambio, en el glaucoma neovascular, la SEO apunta que, en su fase más grave, el dolor es considerable. Además se produce disminución de la visión, edema de córnea, distorsión en la forma de la pupila, enrojecimiento y congestión del sector anterior del ojo.
El glaucoma y su diagnóstico
El doctor Muñoz Ruiz señala que “para el diagnóstico precoz de la enfermedad, es preciso acudir al médico oftalmólogo y examinar la presión intraocular y, especialmente, el nervio óptico, con pruebas anatómicas y funcionales. Es decir, comprobando que el nervio tenga una morfología normal y que el campo visual sea normal también”.
Las pruebas más empleadas en el diagnóstico de glaucoma son: la tonometría, la paquimetría, la gonioscopía y la oftalmoscopía.
La tonometría mide la presión intraocular. Si esta se sitúa en un rango de 10 a 21 milímetros de mercurio, se considera que es correcta. Los valores que superen ese rango pueden ser señal de que exista glaucoma, aunque se precisarían otras pruebas complementarias para confirmar el diagnóstico, pues puede estar causado por una hipertensión ocular. Cuando la presión intraocular puede estar afectada por el grosor corneal, se realiza una paquimetría. Según los resultados de la misma, se puede modificar dicha presión a la alta o a la baja, según precise el paciente.
Para valorar el estado del ángulo camerular, que es el lugar anatómico por donde se drena el humor acuoso, se realiza una gonioscopía. Esta prueba se practica con una lente que, mediante un gel intermedio, entra en contacto con la córnea. Con este procedimiento se establece si el glaucoma es de ángulo abierto o cerrado.
El nervio óptico se analiza con la oftalmoscopía. Si hay glaucoma, las fibras del nervio tendrán un aspecto diferente a lo que se consideraría como un ojo sano.
Además de estas pruebas principales, es preciso mencionar la campimetría, con la que se estudia el campo visual. Esta es de tipo funcional y se lleva a cabo con un aparato que emite una serie de estímulos luminosos de distinta intensidad y acompañados de sonido. El paciente debe detectar cuándo ve la luz. Con esta prueba se determina la intensidad del daño neurológico. Dada la subjetividad de la misma, no siempre es fiable. Además, no todos los defectos de campo visual son consecuencia de un glaucoma, pues otras hay dolencias que también dañan el nervio óptico.
¿Tiene tratamiento?
El doctor Muñoz Ruiz confirma que “el daño glaucomatoso es irreversible, pues el nervio óptico no se puede regenerar”, pero que sí se puede tratar. En este sentido, es preciso diferenciar entre el tratamiento médico y el método láser y quirúrgico, pues según el estadio de la enfermedad, se lleva a cabo un procedimiento u otro.
El tratamiento médico conlleva el uso de colirios. Con esto se pretende bajar la presión ocular. Esto se hace disminuyendo la producción de humor acuoso o facilitado su eliminación. Desde la SEO apuntan que, en glaucoma de ángulo abierto, el tratamiento inicial suele ser este, pues es cuando el campo de visión del paciente aún no está seriamente afectado.
El especialista de Clínica Baviera explica que “la cirugía se emplea cuando la reducción de presión que se logra con los fármacos es insuficiente o cuando el paciente no puede cumplir el tratamiento médico por sus efectos secundarios”.
La cirugía lo que busca es facilitar la eliminación del humor acuoso o atenuar su producción. En un principio se suele recurrir a los procedimientos de tipo filtrante, con los que se establece una pequeña fístula de drenaje. Cuando esta variedad de cirugía no es posible, se realiza un implante valvular en el interior del ojo. Con ello se pretende un mayor drenaje del humor acuoso.
En cambio, la reducción de producción de este líquido se realiza eliminando parte de la estructura del ojo que se encarga de producirlo.
En lo referente al láser, este se emplea en diferentes tipos de glaucoma. En ángulo cerrado, este es, según la SEO, el tratamiento definitivo. Con él se crea un pequeño agujero para hacer circular de nuevo el humor acuoso bloqueado.
El láser también se recomienda en glaucoma neovascular. Si este se aplica a tiempo, puede provocar la regresión de los vasos que se han conformado hasta el momento y, por tanto, prevenir el avance del glaucoma. Sin embargo, puede que estos tratamientos no sean la única vía para tratar esta enfermedad ocular. Actualmente, investigadores del University’s Institute of Ageing and Chronic Disease (Reino Unido) se encuentran trabajando en el desarrollo de una terapia con células madre para tratar esta dolencia.
Estos estudiosos partieron del hecho de que, con la edad, se produce una pérdida progresiva de las células de la malla trabecular, vía de flujo de salida del líquido ocular. Este proceso resulta especialmente peligroso en pacientes con glaucoma.
Es por ello que decidieron investigar sobre si las células madre pueden llegar a sustituir las pérdidas por la malla trabecular.
Los responsables del estudio explican que “esto podría lograrse por la entrega directa de las células madre de un donante o la activación de las células madre propias de los pacientes”.
Otra de las opciones que se está empezando a atisbar en el horizonte de la Oftalmología es la que implica un procedimiento de estimulación cerebral mediante corriente alterna transorbitaria no invasiva (ACS). Sobre esto versó un estudio del que presentaron, recientemente, sus resultados y que fue realizado por tres centros clínicos alemanes: la Universidad de Göttingen, la Charité de Berlín y la Universidad de Magdeburgo. Durante el mismo, se implicó a 82 pacientes, parte de ellos padecían déficit visual provocado por glaucoma y los restantes presentaban neuropatía óptica isquémica anterior a causa de algún tipo de anomalía congénita, neuropatía óptica hereditaria, inflamación o compresión del nervio óptico.
De forma azarosa, sometieron a algunas de estas personas a diez aplicaciones diarias de ACS. Los demás recibieron estimulación simulada. Lo que se averiguó con esta investigación fue que la ACS provoca mejorías significativamente grandes en la percepción de objetos en todo el campo visual. También se apreciaron mejorías en los bordes del campo visual y que estos beneficios eran estables dos meses más tarde.
Los investigadores llegaron a la conclusión de que la ACS puede volver a sincronizar las redes neuronales dañadas a través de la activación rítmica de las células ganglionares de la retina. Por tanto, como afirma el investigador principal del estudio, el doctor Bernhard A. Sabel, del Instituto de Psicología Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad Otto-von-Guericke de Magdeburgo, con este procedimiento se podría llegar a restaurar parcialmente la visión en pacientes con pérdida de la misma a causa de daños en el nervio óptico. Por supuesto, también reconoce que esta práctica aún precisa de más información e investigación pero que puede abrir nuevos caminos en el tratamiento de pacientes con glaucoma.
Recomendaciones
Más de un millón de españoles de edades superiores a los 40 años sufre glaucoma y la mitad de ellos desconoce que lo padece, explican desde la SEO. Dado su impacto, se hace imprescindible el diagnóstico precoz.
En este sentido, el doctor Muñoz Negrete señala que “la pérdida de visión y campo visual que el paciente presenta en el momento del diagnóstico es irrecuperable. De ahí que sea esencial el diagnóstico precoz, cuando el paciente tenga poco daño y por tanto escasa repercusión en su calidad de vida”.
Es por ello, que este profesional anima a “realizarse exploraciones oftalmológicas de forma periódica a partir de los 40 años. Según lo que encuentre el oftalmólogo, le recomendará con qué frecuencia debe realizar la revisiones. Esto es aún más importante en caso de tener un familiar que padezca la enfermedad o alguno de los factores de riesgo comentados”.
El doctor Muñoz Ruiz apoya esta idea y concluye: “el glaucoma diagnosticado y tratado a tiempo tiene buen pronóstico visual en casi todos los pacientes”.
