Berta González publica sus memorias a las 99 años, una recopilación de los sucesos clave del siglo XX
Berta González Cerra publicó su libro de memorias hace unos meses, a punto de cumplir 99 años, y eso es un logro que pocas personas pueden hacerlo.
Berta sí, porque detrás de esta publicación hay una persona con una vida plena, cargada de recuerdos y acontecimientos, una memoria prodigiosa, gran capacidad de síntesis y una actitud positiva ante la vida. Todo esto unido al trabajo y el gran talento de las voluntarias de Acervo Intergeneracional que colaboraron en todo momento. Así, 'Sigo existiendo, sigo viviendo. El libro de Berta. Memorias de una niña de la guerra', publicado por la editorial Terra Natio, se presentó hace unos meses.
Se trata de un recorrido por cerca de un siglo de historia, a través de una vida marcada por la guerra, el exilio y la supervivencia.
Este libro es también el reconocimiento a una vida llena de experiencias, puesto que fue testigo de algunos de los eventos más paradigmáticos del siglo XX. Asturiana de nacimiento, pasó su infancia en Gijón pero la Guerra Civil interrumpió su vida tranquila y fue evacuada con otros ‘niños de la guerra’ a la Unión Soviética, a Moscú, desde el puerto de El Musel.
“La embarcación nos llevó hasta Leningrado (San Petersburgo). Nos esperaban muchas personas que portaban consigo carteles de bienvenida y banderas republicanas. Era muy emocionante nuestro recibimiento. Nos llevaron a hoteles, nos ducharon, nos dieron de comer. Lo más extraño, la ropa con la que nos vistieron, ya casi de invierno, abrigos, botas hasta la rodilla, calientes, gorros que nos tapaban casi toda la cara, bufandas, guantes etcétera. Allí estuvimos tres días, luego nos repartieron por diferentes casas que las llamaban casas de niños españoles”, relata en el primer capítulo de su libro.
Berta también destaca que con los niños viajaban educadores y maestros españoles que les acompañaron todos los años, “hasta que poco a poco las casas de niños se convirtieron en casas de adultos y cada uno tomó un camino diferente”.
El suyo la llevó a la Universidad de Moscú, donde estudió Historia. Durante esa etapa conoció de cerca a varios miembros destacados del exilio republicano español y vivió las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial.
Más tarde, se casó, tuvo tres hijos y llegó a ser catedrática de Historia en la Universidad de Bakú, en Azerbaiyán, país donde residió durante décadas.
Estando en Bakú, y con ayuda del Partido Comunista, logró la liberación de su padre, que seguía preso en una cárcel de Burgos.
“Un día de 1961, me llaman desde Moscú, del Centro Español. Me comentan que el periódico francés ‘L’Humanité’ publicó un artículo diciendo que en España ya no había ningún preso político, mentían, porque mi padre y otros más seguían en el penal. Me proponen enviarme a un corresponsal del periódico ‘Konsomóslaya Pravda’ para que les enseñara toda la documentación sobre mi padre. Querían publicar un artículo en el periódico para desmentirlo con las pruebas que yo les di. Así ocurrió, se publicó el artículo”, relata Berta, que recuerda como unos meses después, su padre fue puesto en libertad y más tarde se trasladaría a vivir a Bakú, donde estaba Berta y su hermana.

De vuelta a España
Sin embargo, años después, el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán la obligó de nuevo a abandonar su hogar y regresar a España.
Berta vivió dos exilios separados por décadas pero que marcaron una vida plena e intensa, siendo testigo de un siglo convulso.
“Me marché en 1937 con 10 años y volví a España con 63 años, ya jubilada. Viví allí 53 años”.
Vivió en Madrid durante muchos años con su marido, hasta que él falleció en el año 2.000. Después, Berta siguió acumulando vivencias y experiencias, unas tristes, otras alegres, hasta que con 90 años decide ingresar en una residencia. Encontraron una muy agradable y familiar en Galapagar y ahí es donde vive desde entonces y donde contactó con Acervo Intergeneracional. Un encuentro muy positivo que derivó en la publicación de este libro años más tarde.
La directora de la residencia le puso en contacto con la ONG. Berta recuerda que le habló de Acervo “una entidad sin ánimo de lucro que se dedica a unir generaciones, a ayudar a personas que se sienten solitarias, que necesitan hablar, comentar, leer. La biblioteca de Galapagar les presta los libros y los voluntarios –llamados ‘ángeles verdes’– van a las casas de o a las residencias de personas que quieren participar en este programa. Allí leen juntos y comentan con ellos los libros”.
Y así es como Berta conoció a Marisa Forniés, la directora de Acervo y a Amparo, que sería su pareja lectora y con quien escribiría el libro.
Berta recopilaba a mano todos sus recuerdos y vivencias y Amparo pasaba los manuscritos al ordenador y también algunos testimonios que la protagonista le iba relatando de forma oral.
Actualmente, su pareja lectura es Pía, con la que comparte libros, lectura de periódicos y con la que intercambia opiniones, ideas y analiza todo lo que sucede en el aspecto político y social.
Marisa y Pía, dos personas clave para Berta
Marisa Forniés, orgullosa del resultado de estos años de trabajo entre una de las voluntarias de Acervo y Berta, describe a la autora como alguien “con una capacidad y una energía que nos contagia. Una persona que demanda mucho, aunque no exige, pero pide lecturas con mucho nivel literario y análisis muy detallados”.

Sobre el proyecto de la ONG ‘Leer Te Quiero’, que comenzó en el año 2012 en la biblioteca de Galapagar, explica que a través de la palabra, a través de la cultura, promueven el envejecimiento activo y evitan el aislamiento y la soledad no deseada.
“Nuestras parejas lectoras van a los domicilios y a las residencias. Porque hay muchas personas mayores que demandan otro tipo de actividades, más relacionadas con la cultura con la literatura , y ahí es donde vamos nosotros, para dar respuesta a esta inquietud”, explica Marisa.
La directora de Acervo también cuenta que, tras dejar Amparo –por motivos familiares– su labor como voluntaria, tenía que buscar otra pareja lectora para Berta, y supo que con Pía encajaría a la perfección porque tienen muchas cosas en común, como que las dos vivieron un tiempo en la Unión Soviética y las dos son amantes de los libros”.
Pía, que es periodista, destaca que cuando va a la residencia tiene que llevar las tareas hechas. “Antes de ir a visitar a Berta se que tengo que estar al tanto de todas las noticias, porque me va a hablar sobre ello”.
“Todos los días lee el periódico –continúa Pía–, bueno, los titulares, porque por la vista no puede ver la letra pequeña, pero está informada de todo lo que sucede. Además, va guardando los artículos que le parecen interesantes para que yo se los lea y después los comentamos. Otro ejemplo de lo activa y organizada que es Berta es el Club de Lectura, que creó Marisa, y con el que nos reunimos una vez al mes. Cuando falta una semana para la siguiente sesión, ella ya ha leído y escrito los comentarios de los libros de los que se va a hablar”.
Pía describe a Berta con mucha admiración: “Es una persona muy culta, es increíble y muy interesada en la actualidad. ¡Me hace ponerme las pilas! Para mi ha sido una gran aportación, un valor, un plus de energía vital y de cultura”.
