'Los últimos pobladores', el documental de Ander Duque que retrata una mirada a la España más silenciosa
A sus espaldas hay un bagaje de casi 70 documentales entre los que existen temas de ficción, pero donde predominan las temáticas sociales, tocando desde la indigencia en Catalunya hasta la situación actual de la generación “ni-ni”. También la salud es una de las cuestiones que se refleja en los trabajos de Ander Duque. Y precisamente es la conexión entre estas dos realidades, social y salud, la que centra Los últimos pobladores, su último documental.
De la mano de la compañía biofarmacéutica GSK, el director de cine documental y académico de las Artes y las CC. Cinematográficas de España desde 2019 acaba de presentar un proyecto con el que ha querido dar visibilidad a la realidad que viven los pacientes de mieloma múltiple –un tipo de cáncer hematológico del que cada año se estima que se diagnostican 3.700 nuevos casos en nuestro país y que es bastante común en personas en torno a 70 años– conectándola con la situación de la España vaciada. “La cuestión –cuenta Duque a esta periódico– era exponer cómo viven personas que tienen enfermedades crónicas en zonas rurales, alejadas de centros hospitalarios de referencia y teniéndose que desplazarse, en ocasiones, hasta 100 kilómetros para recibir sus tratamientos. Nos parecía un tema muy interesante porque hay muchas personas en España, en estas zonas rurales, que necesitan estos tratamientos recurrentes y que, obviamente, debido a la despoblación está haciendo que muchas de ellas se vean más desasistidas”, comenta.
Una de las protagonistas del documental es Tibi, paciente del municipio de Béjar que ha visto cómo sus tratamientos, a lo largo de cinco años, se han ido trasladando a Salamanca, con los inconvenientes que ello conlleva. La vinculación del director con esta ciudad es fuerte, como reconoce el cineasta, porque su padre nació allí y se siente muy conectado a esa zona. “He visto de primera mano esa despoblación, esa desasistencia, en aquel pueblo que hace 20 años bullía y en el que ahora hay menos de 50 habitantes. Entonces, por empatía y conexión, me apetecía rodarlo y recorrer todos esos pueblos que yo recuerdo de mi infancia”, reconoce Duque, quien recuerda que había comercios, centro social, bar, farmacia... servicios completos que ahora brillan por su ausencia. “Esos mismos lugares los he visto ahora abandonados, en ruinas. Al menos ya por implicación emocional me interesaba contarlo”, cuenta Duque.
En todo caso, a pesar de que los 26 minutos del documental transcurren en Castilla y León, la realidad que se muestra podría extrapolarse a cualquiera de las regiones de España inmersas en la despoblación. Uno de los testimonios protagonistas expresa su tristeza ante la falta de comunicaciones y la escasez de servicios sanitarios, entre otras cuestiones. “Solo nos queda el paisaje, que es precioso, pero esto es una pena”, comenta.
La hematóloga Noemí Puig, del Hospital Universitario de Salamanca, es una de las especialistas más reconocidas de mieloma múltiple, quien explica en el documental que “el objetivo es siempre tratar la enfermedad, pero permitiendo que el paciente mantenga su calidad de vida”. “Esta enfermedad obliga a muchos pacientes a convivir con tratamientos prolongados y un seguimiento médico constante. Cuando a eso se suma la distancia geográfica y la falta de recursos cercanos, el impacto en la calidad de vida puede ser enorme. Este documental ayuda a visibilizar una parte muy importante de esa realidad”, destacó Puig en un debate que se desarrolló tras la presentación de Los últimos pobladores.
DOS REALIDADES CONECTADAS
A lo largo de diez días, el equipo del documental recorrió todos esos pequeños pueblos con Tibi como hilo conductor de la historia y, aunque ella es joven y tiene más facilidades para los desplazamientos, su caso entra en oposición con los testimonios de las personas mayores. “Muchas no tienen recursos para desplazarse y tienen un arraigo normal y natural a su tierra. Tienen todo el derecho a quedarse allí, en sus casas, en sus pueblos y en sus lugares donde hay una implicación y un vínculo emocional muy fuerte. Ellas son las personas que han dado cuenta de las dificultades que viven y, por tanto, de la moraleja final del documental, y es que están infratratadas”, declara el director.
El documental habla, por tanto, de dos temas inseparables: la convivencia con la enfermedad y las dificultades a las que se enfrentan los vecinos de la España vaciada. “Podría ser mieloma y podría ser cualquier otra enfermedad que a todos nos puede tocar y que requiera asistencia hospitalaria recurrentemente una vez a la semana, una vez al mes o una vez cada tres días”, destaca Duque. “Retrato una realidad extrapolable a otras muchas realidades patológicas que, obviamente, pueden afectar más a personas de edad avanzada”, añade.

Sobre esa España vaciada, reflexiona el director de la cinta, “un tema del que se habla puntualmente, de vez en cuando, pero parece que está destinada a desaparecer. Esta concentración poblacional en zonas urbanas y esta especie de despoblación masiva, cada vez más fuerte, patente y real”. “No quise, tampoco, edulcorar la realidad de estos pueblos porque creo que las imágenes ya hablan por sí mismas: esas casas derruidas de pueblos en los que antes corrían con vida y ahora solo tienen silencio y calles vacías... Esas escenas de transición en el argumento de fondo –el mieloma y la historia de Tibi– son esenciales para el documental”, detalla el director, que además reconoce, en estas imágenes, un homenaje personal que ha querido rendir al cine de Felini a través de esas escenas de paisajes desérticos. La lectura final, en cuanto al mieloma se refiere, es positiva porque Tibi ejemplifica muy bien esa mujer que, como explica Duque, con esa malla familiar, un tratamiento efectivo y una buena especialista, puede tener una vida normal y superar la enfermedad, superado ese trance que es un cáncer. “La lectura de la enfermedad es positiva, pero porque, insisto, ella tuvo acceso a desplazarse, pudo dejar sus hijos con sus suegros, sus padres, y tuvo un marido que tenía un trabajo más o menos autónomo que le permitía desplazarse a Salamanca cuando tocaba... La dicotomía es precisamente que las personas que no tienen esa capacidad de desplazamiento o no están cerca de un núcleo urbano, obviamente no recibirán ese tratamiento y tendrán menos esperanza de vida”, reflexiona en su entrevista con entremayores.
¿QUÉ VA A PASAR AHORA?
Sobre el proceso de rodaje, Duque recuerda que no sabía lo que se iba a encontrar al empezar su recorrido por estos pueblos y que, aunque sí se encontró con mayores más reservados, en general percibió en los vecinos las ganas de hablar y de contarme su historia. “Para ellos yo era el forastero. Así me llamaban. Les resultaba extraña mi presencia allí, en sitios tan remotos”.
Los testimonios que se recogen son de vecinos que, en su mayoría, superan los 85 años y que ven cómo los lugares en los que viven están abocados a desaparecer.
Aunque reconoce que no sabe si es una solución, el director sí tiene claro que el hecho de que esos tratamientos, como el caso del loma, se pudieran administrar en hospitales comarcales, como puede ser el de Béjar, sería mucho más práctico para mejorar la asistencia. “Esto sería un gran paso”, valora.
En el cine documental, como cuenta Duque, “los cineastas no planteamos respuestas, generamos preguntas. Después todo queda en manos de quien tenga la potestad de ver esa realidad y de tomar una decisión, si le conmueve o si le remueve algo. Pero nosotros lo que hacemos es generar preguntas, cuestiones”.
Sobre Los últimos pobladores, su director afirma que la pregunta que la represente sería: ¿qué va a pasar ahora? “Hablo del ahora inmediato, no del futuro. Después de ver el documental se evidencia que se tendría que hacer algo al respecto de esta situación. Muchas veces nos focalizamos en las grandes capitales y parece que todo ocurre ahí, pero no es así”, apunta. “Cuando ruedo siempre surgen más temas. Ahora estoy rodando, por ejemplo, en el centro de San Juan de Dios, que cumple 150 años de su fundación, y la experiencia está siendo increíble. Me han permitido estar con los residentes diez días y ha sido una gran experiencia. El caso de la salud mental y la psicogeriatría daría ya no solo para un corto, sino para un largo de una hora”, señala.
Visibilizar la enfermedad y la realidad de estos pueblos convertidos en desiertos ha sido el objetivo cumplido del cineasta, que logra que el espectador, como él mismo se plantea, se cuestione ese “¿qué va a pasar ahora? Confiemos en que sean medidas concretas que contribuyan a mejorar la calidad de vida de pacientes de mieloma y otras dolencias crónicas que viven en esa España silenciosa a la que no se le puede seguir dando la espalda.
