domingo, 15 marzo 2026
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Las personas mayores latinoamericanas, más expuestas a la Covid-19 que las españolas

El 51% de las personas de 65 y más años colombianas y el 35% de las argentinas, frente al 19% de las españolas, no pueden protegerse adecuadamente de la Covid-19 en sus viviendas, según un estudio colaborativo internacional
Un  estudio colaborativo internacional que acaba de publicar el Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona (CED-UAB) en la revista 'Perspectivas Demográficas' analiza el riesgo de exposición a la Covid-19 en la vivienda y concluye que es mucho más alto en países latinoamericanos como Colombia y Argentina que en España: el 51% de los adultos colombianos de 65 y más años y el 35% de los argentinos de esa misma edad están expuestos a alto riesgo residencial ante la Covid-19, mientras que este porcentaje es del 19% en España. En el extremo opuesto, sólo el 21% de los mayores colombianos tendrían un riesgo residencial muy bajo, siendo del 42% en Argentina y del 62% en España.

La preocupación de los autores es medir la protección ofrecida por las viviendas a los adultos mayores ante una pandemia que les ha situado como principal grupo de riesgo. Por eso el estudio cuantifica el riesgo de que las personas mayores estén en contacto con la enfermedad en el ámbito de sus propias viviendas.
 
La investigación analiza los casos de Colombia y Argentina, representativos de América Latina y sus heterogeneidades, y los compara con España, para identificar mejor la especificidad latinoamericana. Como fuentes, se han empleado encuestas sociodemográficas de los tres países: en el caso de Colombia se ha utilizado la Gran Encuesta Integrada de Hogares de 2019, para Argentina las fuentes son la Encuesta Permanente de Hogares del 1º semestre 2019 y las proyecciones de población 2010 y de España se ha explotado la Encuesta de Condiciones de Vida de 2019. el universo comprende a las personas de 65 y más años de edad en el momento de las encuestas, que viven en hogares particulares.
 
El estudio considera que el riesgo de contraer la enfermedad dentro de la propia vivienda es mínimo para los adultos mayores que viven solos o con su pareja, sin la presencia de otros hogares, y tienen una vivienda suficientemente espaciosa y con servicio de agua de red, en el que nadie trabaja. El riesgo es máximo cuando los grandes viven con otras personas, en condiciones de hacinamiento o sin agua, y cuando ellos mismos o sus convivientes trabajan con escasas o nulas posibilidades de teletrabajar.
 
Los autores del estudio son Juan A. Módenes, del Centro de Estudios Demográficos y del Departamento de Geografía de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) (España), Mariana Marco, de la Universidad de Buenos Aires, del Consejo de Investigaciones Científicas y Técnicas y de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Argentina) y Marcela García, de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia).
 
Además de proporcionar datos del riesgo residencial global, el estudio muestra cómo se sitúan los países en cada dimensión del fenómeno. En Colombia, los riesgos residenciales son más altos: 67% de los ancianos comparte su vivienda con alguien diferente a su pareja; solo el 38% reside en hogares donde nadie trabaja y el 52% comparte su vivienda con alguien que muy probablemente tiene que salir a trabajar; el 15% de las personas mayores están en viviendas con hacinamiento o sin servicio de agua.
 
En Argentina, hay unos riesgos residenciales intermedios: el 43% de las personas mayores comparte su vivienda con hijos u otras personas que no son su pareja; sólo el 54% vive en un hogar donde nadie trabaja; y el 35% convive con alguien que es muy probable que se vea obligado a salir de la vivienda para trabajar; y el 5% sufre de hacinamiento, no tiene agua corriente en la vivienda o se encuentra en una "villa".
 
En España, existen riesgos residenciales más favorables: el 75% de las personas mayores reside en hogares donde nadie trabaja y casi no hay hacinamiento.
 
PROTEGER A LOS MAYORES
En América Latina "cualquier medida de protección de las personas mayores debe anticipar que aislarse completamente de personas de menos riesgo, pero mayor exposición, es poco realista", sostienen los investigadores Juan Antonio Módenes, Mariana Marcos y Marcela García.

Esto se debe, fundamentalmente, a la frecuente corresidencia intergeneracional en las viviendas y la consecuente exposición a personas jóvenes que trabajan, ya que la débil protección social obliga a muchas personas mayores a trabajar.

Situaciones extremas de hacinamiento y falta de agua corriente en la vivienda son minoritarias, pero constituyen un foco muy problemático para los confinamientos generales o la eventual necesidad de aislamiento individual de algún miembro del hogar.

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Redacción EM
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Información elaborada por el equipo de redacción.

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