Laura López-Bermejo / Psicogerontóloga y socia fundadora de AMayores
“¿Por qué no educar para ser mayor? La edad no es un impedimento para ser activos socialmente, hay que desmitificar la vejez”
La psicogerontóloga fue una de las participantes en las últimas jornadas del Imserso sobre el documento 'Propuestas para el desarrollo de las orientaciones del Consejo de la UE relativas a las personas mayores'

Pregunta: Hace dos años fue el Año Europeo del Envejecimiento Activo y, coincidiendo con la jornada del Imserso en la que usted intervino, se celebró el Día Europeo de la Solidaridad Intergeneracional, ¿en que medida ayudan este tipo de iniciativas?
Respuesta:Este tipo de iniciativas ayudan a dar más visibilidad a las personas mayores y a concienciar a la sociedad de que el envejecimiento es algo más que arrugas y declive. Que existen diversas formas de envejecer y entre ellas podemos encontrar un envejecimiento exitoso, activo y saludable que hay que intentar potenciar y que está en la mano de cada uno hacerlo. A través de estas iniciativas, se consigue movilizar recursos profesionales hacia un colectivo de la población que cada vez será más numeroso y en el que debemos invertir para conseguir una sociedad de calidad.
Pregunta: En la mesa redonda en la que participó se habló, entre otros temas, de la soledad de los mayores. ¿Con qué mecanismos contamos para paliar esta problemática?
Respuesta:omo se mencionó en la mesa redonda, actualmente existen múltiples intervenciones cuyo objeto son las personas mayores que tienen una red social escasa o nula. Los principales ejemplos con los que contamos son el voluntariado y el asociacionismo que ayudan a paliar esa soledad social y objetiva. Además encontramos programas creados específicamente para intervenir en la soledad como el programa piloto “Cerca de Ti” en el que colaboran el Imserso, Vodafone, Caritas y Cruz Roja. El programa de la comunidad de Madrid de detección de ancianos frágiles con riesgo de aislamiento social, concretamente el servicio de apoyo psicológico a ancianos frágiles con aislamiento social. Pero aún se puede hacer mucho más. Como dijimos, este tipo de intervenciones tienen el riesgo de convertir a los mayores en agentes pasivos de contacto social, ¿qué ocurre cuando los mayores quieren y necesitan contacto social? ¿cómo y a dónde van a buscarlo? Aún está pendiente llegar a aquellas personas que se sienten solas, aun cuando tienen una red social y desarrollar más actuaciones dirigidas al manejo de esta soledad emocional. Asimismo, ¿qué ocurre con la soledad en las personas que viven en un medio residencial? Creemos que podría estudiarse más en este campo, y prestarle más atención a la valoración de la soledad objetiva y subjetiva incluyéndolo en los protocolos de evaluación de los psicogerontólogos. Por último, nos gustaría destacar que necesitamos intervenciones eficaces que lleguen al medio rural.
Pregunta: ¿Qué consecuencias negativas genera la soledad en los mayores?
Respuesta:La soledad puede tener consecuencias en el estado de salud. Debilita el sistema inmunológico, aumentando el riesgo de padecer enfermedades; se asocia a más dolor de cabeza, problemas en el corazón y digestivos, a dificultades para dormir, etcétera. Todo esto se refleja en un aumento del uso de los servicios médicos, especialmente en Atención Primaria. A nivel psicológico, la soledad influye en la baja autoestima, y puede coexistir con problemas como la depresión, el alcoholismo e ideas suicidas. La pérdida de la pareja es la que más aumenta la posibilidad de desencadenar estas alteraciones a nivel psicológico. Pero no solo la soledad repercute sobre la salud, sino que la presencia de la enfermedad puede llevar a mayor aislamiento o a paliar la soledad si aparece solidaridad entre la red social.
Pregunta: ¿De qué manera pueden impulsar las instituciones la participación social del mayor?
Respuesta:Es importante que las instituciones sean conscientes de la importancia del movimiento asociativo y de las relaciones vecinales como fuente de participación social de las personas mayores. Debemos potenciar un marco de participación social en su contexto natural, es decir, en su barrio. En su ambiente cercano en el cual se encuentran sus relaciones sociales de toda la vida: sus familiares y amigos. Hemos de apoyar y proteger el movimiento asociativo. Asimismo, es importante ajustar la carta de actividades ofrecidas a las necesidades actuales de los mayores. Cada vez son más exigentes y demandan más actividades. Debemos escucharles, ¿qué es lo que quieren? Los recursos existentes deben ajustarse a las personas, no las personas a los recursos. Finalmente, destacar que para que los mayores puedan participar en la sociedad, deben saber que ellos pueden participar. Para ello, es esencial educar a las personas mayores para que adopten un rol activo socialmente. Al igual que están en auge las escuelas para padres, que nos educan en sexualidad en la adolescencia, ¿por qué no educar para ser mayor? Concienciar de que la edad no es un impedimento para ser activo socialmente, que la jubilación no es el fin. Educar para desmitificar mitos. Lanzar campañas de publicidad que revaloricen su papel. A nivel institucional, cambiar el foco de intervención, potenciando la formación y trabajando con los propios mayores.
Respuesta:Este tipo de iniciativas ayudan a dar más visibilidad a las personas mayores y a concienciar a la sociedad de que el envejecimiento es algo más que arrugas y declive. Que existen diversas formas de envejecer y entre ellas podemos encontrar un envejecimiento exitoso, activo y saludable que hay que intentar potenciar y que está en la mano de cada uno hacerlo. A través de estas iniciativas, se consigue movilizar recursos profesionales hacia un colectivo de la población que cada vez será más numeroso y en el que debemos invertir para conseguir una sociedad de calidad.
Pregunta: En la mesa redonda en la que participó se habló, entre otros temas, de la soledad de los mayores. ¿Con qué mecanismos contamos para paliar esta problemática?
Respuesta:omo se mencionó en la mesa redonda, actualmente existen múltiples intervenciones cuyo objeto son las personas mayores que tienen una red social escasa o nula. Los principales ejemplos con los que contamos son el voluntariado y el asociacionismo que ayudan a paliar esa soledad social y objetiva. Además encontramos programas creados específicamente para intervenir en la soledad como el programa piloto “Cerca de Ti” en el que colaboran el Imserso, Vodafone, Caritas y Cruz Roja. El programa de la comunidad de Madrid de detección de ancianos frágiles con riesgo de aislamiento social, concretamente el servicio de apoyo psicológico a ancianos frágiles con aislamiento social. Pero aún se puede hacer mucho más. Como dijimos, este tipo de intervenciones tienen el riesgo de convertir a los mayores en agentes pasivos de contacto social, ¿qué ocurre cuando los mayores quieren y necesitan contacto social? ¿cómo y a dónde van a buscarlo? Aún está pendiente llegar a aquellas personas que se sienten solas, aun cuando tienen una red social y desarrollar más actuaciones dirigidas al manejo de esta soledad emocional. Asimismo, ¿qué ocurre con la soledad en las personas que viven en un medio residencial? Creemos que podría estudiarse más en este campo, y prestarle más atención a la valoración de la soledad objetiva y subjetiva incluyéndolo en los protocolos de evaluación de los psicogerontólogos. Por último, nos gustaría destacar que necesitamos intervenciones eficaces que lleguen al medio rural.
Pregunta: ¿Qué consecuencias negativas genera la soledad en los mayores?
Respuesta:La soledad puede tener consecuencias en el estado de salud. Debilita el sistema inmunológico, aumentando el riesgo de padecer enfermedades; se asocia a más dolor de cabeza, problemas en el corazón y digestivos, a dificultades para dormir, etcétera. Todo esto se refleja en un aumento del uso de los servicios médicos, especialmente en Atención Primaria. A nivel psicológico, la soledad influye en la baja autoestima, y puede coexistir con problemas como la depresión, el alcoholismo e ideas suicidas. La pérdida de la pareja es la que más aumenta la posibilidad de desencadenar estas alteraciones a nivel psicológico. Pero no solo la soledad repercute sobre la salud, sino que la presencia de la enfermedad puede llevar a mayor aislamiento o a paliar la soledad si aparece solidaridad entre la red social.
Pregunta: ¿De qué manera pueden impulsar las instituciones la participación social del mayor?
Respuesta:Es importante que las instituciones sean conscientes de la importancia del movimiento asociativo y de las relaciones vecinales como fuente de participación social de las personas mayores. Debemos potenciar un marco de participación social en su contexto natural, es decir, en su barrio. En su ambiente cercano en el cual se encuentran sus relaciones sociales de toda la vida: sus familiares y amigos. Hemos de apoyar y proteger el movimiento asociativo. Asimismo, es importante ajustar la carta de actividades ofrecidas a las necesidades actuales de los mayores. Cada vez son más exigentes y demandan más actividades. Debemos escucharles, ¿qué es lo que quieren? Los recursos existentes deben ajustarse a las personas, no las personas a los recursos. Finalmente, destacar que para que los mayores puedan participar en la sociedad, deben saber que ellos pueden participar. Para ello, es esencial educar a las personas mayores para que adopten un rol activo socialmente. Al igual que están en auge las escuelas para padres, que nos educan en sexualidad en la adolescencia, ¿por qué no educar para ser mayor? Concienciar de que la edad no es un impedimento para ser activo socialmente, que la jubilación no es el fin. Educar para desmitificar mitos. Lanzar campañas de publicidad que revaloricen su papel. A nivel institucional, cambiar el foco de intervención, potenciando la formación y trabajando con los propios mayores.