InicioA FondoEvelyn López: “Tenemos un modelo social que expulsa a los mayores. Hay que rediseñar la vida para que los años tengan sentido, propósito y calidad”

Evelyn López / Comunicadora, docente e investigadora especializada en longevidad, bienestar y envejecimiento activo

Evelyn López: “Tenemos un modelo social que expulsa a los mayores. Hay que rediseñar la vida para que los años tengan sentido, propósito y calidad”

Su experiencia tras haber entrevistado a numerosas personas mayores han llevado a Evelyn López a afianzar una mirada positiva y natural de la longevidad. En esta ocasión es ella la entrevistada, descubriéndonos los motivos de por los que cree que la nueva línea de vida “necesita ser redibujada” y qué cambios debemos afrontar como sociedad para alcanzar este reto. “Veo la longevidad como un camino lleno de propósito hasta el último día”, asegura la periodista

Pregunta.- Se acaba de incorporar a Miradas de la Longevidad, del CENIE. Dejando a un lado tecnicismos o previsiones demográficas y teniendo en cuenta su conocimiento de las personas mayores, ¿cómo cree que deberíamos entender la longevidad?

Respuesta.- Para mí la longevidad es un concepto muy amplio. No es solo vivir más años. Es un cambio a nivel global, sobre todo en las sociedades más avanzadas, porque estamos viviendo algo que no se ha vivido nunca en la humanidad. Es decir, estamos ante una nueva realidad y precisamente por eso me adentré en este mundo, porque creo que hay mucho por descubrir. Como periodista, siempre he estado dentro del mundo audiovisual, del entretenimiento, pero cuando empecé a hacer mi doctorado decidí centrarlo en el tema de la longevidad y, en concreto, sobre cómo representamos a los mayores en los medios de comunicación. Cuando abres el melón de la longevidad te das cuenta que es enorme y de él parten millones de cuestiones.

P.- Sin embargo, y a pesar de los evidentes cambios sociales, ¿por qué que todavía se siguen asociando los retos que conlleva la mayor esperanza de vida como un problema?

R.- Al final, se trata de una visión edadista al final. En mi artículo La nueva línea de vida publicado en Miradas de la Longevidad, del CENIE hago referencia precisamente a que todavía seguimos pensando la longevidad como una línea recta. Primero, estudiamos durante unos años, trabajamos durante otros y, finalmente, nos jubilamos. Una línea recta. Creo que esto tiene que cambiar y hay que rediseñar la vida porque no podemos vivir una vida de 100 años haciendo esto. . Imagínate jubilarte a los 65. Si dentro de poco las personas van a vivir 100 años, esto será insostenible a nivel económico. Tenemos un modelo social que expulsa a los mayores y esto debe cambiar. Es decir, parto de la idea rediseñar la vida para que los años tengan sentido, propósito y calidad. Al final es eso, la longevidad no es vivir más años, sino vivirlos con buena calidad de vida.

P.- Destaca en el artículo que la línea de vida “necesita ser redibujada con ambición y con mejores estructuras para sostenerla”. ¿Qué cambios deben darse con mayor urgencia en nuestras estructuras para dejar de hablar de esa vida centrada en tres etapas?

R.- Mucha gente sigue enfocando esa línea de vida como una recta, y por eso me refiero a que tiene que cambiar. Necesitamos una estructura pensada para una vida larga, un empleo, por ejemplo, flexible. Es decir, es posible que si trabajas en una fábrica, igual no puedes seguir haciéndolo a partir de los 65 años, pero quizá puedas hacerlo menos horas o en otro sitio. Lo mismo sucede con la educación: ¿Por qué no podemos estudiar siendo mayores? Esto ya está cambiando, claro. El otro día una amiga de 78 años que es guionista me dijo que estaba ilusionadísima porque le acababan de publicar una novela en Amazon. Me refiero a la posibilidad de reinventarnos. Por lo que nos han enseñad, a los 78 eres ya un abuelito y tu única aspiración es poder ser cuidar de tus nietos si los tienes. Para mí la longevidad no es eso. Veo la longevidad como un camino lleno de propósito hasta el último día. Especialmente si nos encontramos bien.

P.- ¿Qué circunstancias suelen “arruinar” este reto? Es decir, ¿qué motivos suelen llevar a que una persona olvide la búsqueda de este propósito?

R.- Precisamente por esas ideas aprendidas, al final algunas personas acaban dejándose, es decir, creyéndose lo que le han contado y que están en una etapa de declive. Y no lo es. Que te salga una arruga no significa que sea una etapa de declive. Es, simplemente, una nueva etapa donde, obviamente el cuerpo quizá no nos va como con 20 años, pero sigue funcionando. Y si va bien, pues hay que adaptarse a poder vivirlo de la mejor manera posible.

P.- Tiene una amplia trayectoria en el estudio de la longevidad y ha entrevistado a muchas personas de más de 80 años que, probablemente, le hayan hecho replantearse cuestiones como, por ejemplo, de qué manera querría vivir su vejez. ¿Cuáles cree que son esas claves para disfrutar de una buena longevidad?

R.- He entrevistado a muchos centenarios y creo que tienen algo en común. Y no me refiero a una alimentación determinada o al ejercicio físico, que también, claro. Ellos comparten algo, y es que siguen teniendo ilusiones, buen sentido del humor, y aceptan lo que les va atrayendo la vida. La mayor parte de ellos, por tener esa vida tan larga, han visto morir a mucha gente cercana, y eso es muy duro, pero lo han aceptado y continúan con ganas de vivir. Y sí añadiría algo más, y es que tienen bondad. La mayoría de las personas que he entrevistado tienen ese punto común de ser buenas. Recuerdo, por ejemplo, una señora que entrevisté hace un poco de 100 años a la que le pregunté cómo creía que sería su último día y me contestó que creía que tendría una buena muerte porque había tenido una buena vida y había hecho el bien. Fue algo que me llamó mucho la atención.

P.- A raíz de esto, precisamente hace un año y medio el demógrafo belga Michel Poulain me hablaba en una entrevista de que “los principios de la blue zones deberían seguirse en nuestras sociedades postmodernas para vivir no solo más, sino mejor”. Y uno de ellos esa actitud positiva y templada ante la vida a la que nos estamos refiriendo. ¿También ha observado, desde esas entrevistas, que para los mayores juegan un papel esencial los vínculos sociales?

R.- Sin duda, sí, porque la vida social por supuesto que nos ayuda. Vivir en comunidad es importante porque al final, creo que todo deja de tener sentido si no lo compartes. Entonces, por supuesto que es una máxima. Evidentemente que la persona que vive sola puede vivir muchos años, claro, pero creo que son más bonitos si se viven compartidos.

P.- Estamos centrándonos en el ámbito, quizá, un poco más particular de cada persona, pero antes me apuntabas a una cuestión interesante, y es que tenemos un modelo social que expulsa a los mayores. ¿Qué cambios deben darse, entonces, para abandonar esta situación?

R.- Como periodista y creo que estarás de acuerdo conmigo, la mejor manera de empezar este cambio es hacerlo a través de la comunicación. Los comunicadores tenemos que transmitir y hacer llegar esa idea de que la gente necesita sentirse útil siempre, desde el primer día hasta el último, que necesita tener vínculos, que necesita tener pequeños proyectos… Y es que no es necesario montar una gran empresa, ¿me explico? Al final son pequeñas cosas, porque el propósito no tiene que ser algo grandioso, puede ser algo tan sencillo como tener un huerto y cuidarlo cada día o colaborar en tu propio barrio, aprender algo nuevo, apuntarte a clases… En España tenemos una cultura muy favorable en determinados aspectos: la dieta, el clima, la vida social… por eso también somos de los países más longevos, pero necesitamos políticas porque sino es imposible. El otro día leía que dentro de un máximo de diez años, más del 30-40% de la población va a tener más de 65 años y eso significa, hoy por hoy, personas jubiladas. ¿Cómo se va a mantener un sistema así? Debemos plantearnos muchas cosas y ojalá supiese cómo hacerlas, pero yo solo sé comunicar. Es evidente que cambiar una sociedad es difícil porque hablamos, como decía antes, de cambiar mentalidades. Si siempre hemos pensado de una manera, acabar pensando de otra es complicado y difícil de gestionar. No es fácil y por eso digo que desde la comunicación tenemos un gran papel ahí. Es que se tiene que repensar todo, incluso el urbanismo. Si cada vez va a haber personas más mayores, pues quizá a nivel urbanístico también tenemos que cambiar las ciudades, por ejemplo. Hace poco hice un reportaje sobre un pueblo en Extremadura que se llama Pescueza, que tienen un modelo increíble muy concreto porque la mayoría de sus habitantes son mayores de 65 y está pensado para ellos: hay un centro donde hay terapeutas para cuidar a los mayores y lo financian entre todos, por ejemplo. Cada uno aporta lo que puede para poder pagar ese centro y se autogestionan ellos mismos. Esto me parece también otro tema muy bonito, ¿no? Debemos repensar la manera de vivir.

P.- Esto nos lleva a hablar de los modelos de convivencia actuales y de la atención residencial, que precisamente ya se están redefiniendo porque, claro, las personas mayores de hoy no tienen las mismas necesidades o demandas que las de hace unos años. ¿Está la clave, entonces, en ofrecer nuevas alternativas para propiciar estos cambios?

R.- Por supuesto. Envejecer no significa no poder decidir. Tenemos que poder decidir cómo queremos vivir hasta el último momento. Sobre las residencias, por ejemplo, pues a mí me gustaría que llegado el momento tuviese la oportunidad de decidir libremente qué es lo que quiero sobre los horarios de las comidas, las visitas… gestionar mi propia vida. Todo lo que no se decida libremente es ir en contra de la dignidad de las personas.

P.- Para respetar esa dignidad y saber qué quieren los mayores habrá que empezar, por escucharles, ¿no? Como el hecho de publicar las entrevistas que realiza para conocer sus historias, sus trayectorias de vida…

R.- En la sección en la que escribo para La Vanguardia, he estado más enfocada en centenarios, apero ahora hago entrevistas a personas que no conocemos, que son totalmente anónimas, mayores de 65, por supuesto, pero que tienen algo que aportar a la sociedad o que están empoderadas: desde un señor jubilado que nunca ha sido periodista y ahora retransmite partidos en la radio local del barrio, hasta una señora que sigue trabajando en el mercado con más de 70 años y que no se quiere jubilar. Cuento este tipo de historias porque creo que son las que, al final, nos aportan nos aportan mucho y nos enseñan a ir cambiando la mirada. Puedes formarte, instruirte, etcétera, pero a la gente llegas con ejemplos de vida. La forma de vida de una persona mayor enseña más que cualquier estudio científico, yo creo. Y me parece que ese es el camino para llegar a la población. Es mi manera de enfocarlo. Que por supuesto tiene que existir esa parte científica que corrobore y contraste, claro, pero las historias humanas son las que nos llegan a todos. Es necesario contra la realidad, que a veces pueden ser miserias, sí, desgraciadamente, pero también hay que dar a conocer que hay sénior que están haciendo cosas muy chulas, más allá de intentar llegar a fin de mes. Considero positivo que se sepa que hay muchos mayores que son felices, que se reinventan y que están aprovechando hasta el último día. Me refiero a que la mirada optimista también se tiene que comunicar, porque es esencial, y más en el mundo en el que vivimos.

Lo más visto

Marta S. Massó
Marta S. Massóhttps://entremayores.es/
Licenciada en Periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. Cubre la información de nacional de entremayores y la edición de Galicia.

Más información