jueves, 5 marzo 2026
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Javier Sádaba / Filósofo

‘Este país tiene cada vez menos humor, lo que para mí es una muestra de que cada vez tiene menos energía’

Consciente de lo bueno de aprovechar la vida, independientemente de la edad que se tenga, Sádaba tiene claro que 'el sufrimiento inútil es una lucha sin cuartel que hay que hacer; debe ser el primer mandamiento de cualquier sociedad'
Pregunta: Hace seis años publicaba el libro 'La buena vida' en el que analizaba esa conquista de la felicidad que todos ansiamos. ¿Cuáles son las claves para alcanzar la felicidad?
Respuesta:Escribí “La vida buena” porque creo que ese es el núcleo de la ética. Cuando surge la ética no es para imponer unas tablas de la ley encima de la mesa, sino simplemente para que la gente pueda vivir lo mejor posible. Esa fue la idea de la ética que tuvieron los griegos, y la que yo personalmente creo que hay que tener. De forma muy genérica, diría que la ética es desarrollar todas las potencias que uno tenga de forma que el tiempo que nos toque estar en este mundo lo hagamos lo mejor posible. Si tuviese que concretar más, en primer lugar, habría que ser muy epicureo –y yo cada vez lo soy más– y creo que es definitivo evitar el sufrimiento. El sufrimiento inútil es una lucha sin cuartel que hay que hacer, y que tiene que ser el primer mandamiento que debería tener cualquier sociedad. Y ahí no solo hay que tener en cuenta los detalles de la vida cotidiana, sino también, sobre todo, los avances científicos, que fueran para todo el mundo y no siempre para la burbuja esta de los europeos, los blancos y, en general, de aquellos que tienen dinero. Después de evitar el sufrimiento, creo que debemos vivir bien la vida cotidiana, aprovechar todos los detalles positivos, de belleza y de bondad, que de la vida cotidiana y que cada uno sabrá hacerlo en su sitio. Otra cosa, que va implícito en lo que hablaba antes, es potenciar mucho la salud, que es la base de cualquier tipo de vida para que no se venga abajo todo lo demás. Finalmente, diría, de la misma manera que hay muchísimos saludables, y bastantes conocidos, amigos, más bien pocos. Y yo opino lo de Aristóteles, que lo más importante en la vida es el amigo. Con este cóctel, uno podría decir que se acerca a algo que siempre será una meta o un ideal, que es la vida buena.
Pregunta: A sus 75 años, y haciendo alusión a ese primer mandamiento de evitar el sufrimiento, ¿diría que usted ha ido cumpliendo con éxito estos pasos, personal y profesionalmente?
Respuesta:Creo que puedo considerarme moderadamente feliz, si hago abstracción del último año y medio, y en función de la persona que más he querido en este mundo, que ha sufrido, y que ya no está, que es mi mujer Elena. En primer lugar, creo que he tenido bastante suerte, y este elemento hay que tenerlo presente porque juega un papel esencial en la vida de cada uno. Desde el punto de vista profesional, por otro lado, no me quejo. Y, además de todo, tengo un hijo y un nieto que me parecen espléndidos y maravillosos, y tuve una mujer a la cual quise muchísimo... Dicho eso, también existen grietas, puesto que la vida humana está llena de agujeros; pensar que la vida es un valle de lágrimas es una exageración, pero pensar que es un paraíso es una exageración aún mayor. Han habido golpes y momentos difíciles, y es cierto que estamos hechos de unos mimbres muy débiles y uno no hace todo aquello que cree que debería de hacer. No voy a ponerme nota a mí mismo, que me la den otros si quieren, pero, en lo posible, he aprovechado el amor, los amigos, el estudio, la filosofía y, aunque sea una trivialidad, el fútbol, que es otra de mis pasiones.
Pregunta: Estoy de acuerdo con esa tendencia a la moderación...
Respuesta:Otras cosas de Aristóteles no me gustan, pero sí su idea del equilibrio. Es fundamental huir de cualquier tipo de extremo e ir más allá de las posibilidades, o más acá.
Pregunta: Cuando se habla de las personas mayores existe una tendencia a hacerlo desde temas como la soledad, la depresión, incluso el maltrato. ¿Cómo podría invertirse esta tendencia? ¿Qué papel deben jugar los medios de comunicación en esta tarea?
Respuesta:Cierto, es verdad, y nobleza obliga, y que la edad produce una serie de achaques y debilidades sería insensato negarlas. Esa descripción es buena porque así el mayor es conocedor de su capacidad, del mundo que le rodea y cómo debe actuar. Pero dicho eso, estoy a favor de corrientes que muestren las muchas posibilidades que se abren ante una persona mayor: tiene más experiencia, relativiza más las cosas, desarrolla una ternura que quizá en otra edad no se tiene... ¿Quién tiene que decir todo esto? En el caso de los medios de comunicación, creo que debería hacerse contando con testimonios directos, es decir, que fueran los mayores los que aportaran sus vivencias positivas. Es importante que ellos cuenten las cosas y que lo hagan en campos abiertos y variados, y que quien escriba después de ello lo haga con cierta autoridad, sin caer en los extremos: ni en una abulación al viejo por ser viejo, ni en un velado paternalismo que parece que le está tratando como a un niño.
Pregunta: En definitiva, usted se refiere a mayores más activos, ¿no?
Respuesta:Me parece esencial, sí. El mayor puede hacer cantidad de cosas, y está dispuesto a hacerlas. Hemos interiorizado la imagen de un mayor sentado en un banco, mirando al infinito hasta que alguien lo llame para ir a cenar o a comer... Y eso debe cambiar.
Pregunta: Independientemente de la edad, en algunos momentos llegan los fracasos, las frustraciones... ¿Es posible reconducir o reinvertir esas malas experiencias en algo positivo y aprender de ellas?
Respuesta:Sí, deberíamos hacerlo. Tengo mis dudas respecto a tanta abundancia de psicología positiva y todo convertirlo en bueno. Incluso puede llegar a ser ofensivo en ocasiones. El reconocimiento del mal es necesario. Lo primero en la vida, ya no para ser feliz, sino sencillamente para existir, es aprender a llamar las cosas por su nombre. Y este es uno de los grandes defectos de nuestra sociedad: que se esconde. Si cosa es mala, es mala, y si un amigo te ha decepcionado es una traición. Lo que debemos de hacer, a mi parecer, es empezar de nuevo. Todo ello le resumiría en una frase de Antonio Machado que considero muy acertada: hoy es siempre todavía.
Pregunta: Llamando a las cosas por su nombre, como me decía hace un instante. ¿Qué es el amor? ¿El amor nos conduce a la felicidad?
Respuesta:Lo principal es conocer las distintas formas de amor. Hay un amor incondicional, como el de una madre; un amor sosegado, que es el de un amigo; un amor muy difícil, que es el que quiere ser moral y ama a la humanidad. Pero más concretamente cuando hablamos de amor solemos referirnos al “cosquilleo del alma”, al de novios, a ese que ni duermes, ni comes, que parece que solo existe esa otra persona. Yo ahí tengo una postura un poco ambigua, y digo ambigua porque, siendo algo tan importante, el amor tiene las dos caras. Te da lo mejor, es difícil imaginar un gozo superior al de un amor correspondido, pero el sufrimiento cuando lo pierdes es inmenso. Aún así, si alguien me preguntase si el amor merece la pena, le respondería que es lo que más merece la pena.
Pregunta: ¿En qué lugar situaría a la sexualidad?
Respuesta:No voy a decir que sexualidad y amor son lo mismo; diría que la sexualidad es más profunda genéticamente y más importante culturalmente el amor... Pero prefiero hacer una pequeña derivación lógica de este tema. La sexualidad no tiene por qué llevar al amor, puede ser un gozo, un placer, pero sí que el amor conduce a la sexualidad. Si quieres profundamente a una persona quieres estar con ella realmente, y esto implica estarlo íntimamente.
Pregunta: No querría olvidarme de otro concepto al que usted también hace referencia en sus libros, y que tanto nos olvidamos de cultivar a veces. ¿Qué sitio ocupa para usted el humor?
Respuesta:Si la evolución ha mantenido el humor es porque, evidentemente, es indispensable para la vida humana. Más aún, sin humor no se puede vivir. Diría que una persona que no tiene humor es como para desconfiar de ella. No me refiero a estar de gracioso, pues existen muchas categorías de humor. Me refiero a una ironía, a jugar con las palabras, a la paradoja... Este país tiene cada vez menos humor, lo que para mí es una muestra de que cada vez tiene menos energía. Las carcajadas no me gustan mucho, salvo con un buen chiste, claro. Del humor me interesa mucho más la sonrisa cómplice, la que une, la sonrisa inocente. De los momentos más maravillosos que he vivido en los últimos tiempos han sido con las sonrisas de mi nieto, que hace que lo veas lleno de una luz diferente. El humor, naturalmente, es algo con lo que nacemos, pero hay que cultivarlo mucho más. Existe una seriedad impostada, que yo creo que más que seriedad es tristeza pura y dura, y eso debe superarse y entrenarse en este tema. De vez en cuando es bueno decir alguna tontería en la vida. Me gusta, por ejemplo, jugar a Jekyll y Hyde, hablar de cosas frías y jugar a, de repente, hablar de cosas cachondas. Creo que es algo que los mayores podemos hacer muy bien porque, como he dicho, hemos acumulado mucha experiencia como para poder hacerlo.

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Redacción EM
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Información elaborada por el equipo de redacción.

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