domingo, 31 agosto 2025
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Ellas tienen la palabra

Expertas vinculadas a las perspectivas de género y edad exponen sus inquietudes sobre la situación de las mujeres mayores: el mantenimiento del poder adquisitivo de sus pensiones y fomentar la prevención en materia de salud son dos de las constantes en las que coinciden todas ellas
No es una situación que haya surgido en pleno siglo XXI, sino una realidad que, aunque durante mucho tiempo no ha sido tenido en cuenta, está ahí desde hace décadas y cada día es más visible ante los ojos de la sociedad. Hablamos de la discriminación que sufren las mujeres mayores, de cuáles son sus necesidades, sus retos, y cuáles han sido, y siguen siendo, sus desigualdades con respecto a los hombres.
La cuestión de género y edad deben ir de la mano, tal y como coinciden los profesionales involucrados en el estudio de ambas materias y, en global, del envejecimiento activo. La sociedad se prepara para este fenómeno que la Organización Mundial de la Salud define como “el proceso en que se optimizan las oportunidades de salud, participación y seguridad a fin de mejorar la calidad de vida de las personas a medida que envejecen”, pero para hacerlo de manera eficaz es indispensable conocer la realidad social de hombres y mujeres, es decir, visibilizar su situación para alcanzar la tan ansiada igualdad de oportunidades. En todo caso, ellas, y sólo ellas, son las más indicadas para pronunciarse sobre esta materia y exponer sus inquietudes al respecto.
Gabriela del Valle Gómez, investigadora del Institut de l’Envelliment de la Universidad Autònoma de Barcelona, contextualiza esta situación de la siguiente forma: “la emergencia del paradigma del envejecimiento activo ha tenido un impacto en la reconfiguración de las nuevas demandas de las personas mayores en general, y más en concreto de las mujeres mayores. En el trabajo empírico que desarrollamos quienes estamos involucrados en la Gerontología podemos constatar continuamente los efectos del cambio de época, que se expresan en algunas temáticas claves: el cuidado de las personas, el empoderamiento para decidir sobre los temas de la vida diaria y la participación social. Podríamos decir que hay un hilo conductor entre las tres, que es la necesidad de definir un proyecto vital que satisfaga deseos personales y que sea congruente con las posibilidades que ofrece la realidad cotidiana”.
Por su parte, Isabel Martínez Lozano, actualmente presidenta de HelpAge International en España y exsecretaria general de Política Social, se muestra optimista y opina que “la mayoría de las mujeres de todas las edades siguen sufriendo problemas de discriminación directa e indirecta, pero buena parte de las mujeres españolas que hoy tienen 65 y más años viven esta etapa como una oportunidad para hacer lo que no han podido hacer antes. Estas mujeres han vivido en una sociedad menos igualitaria que la que nos ha tocado vivir a las más jóvenes. Incluso han sufrido un marco legal que perpetuaba a una situación de subordinación, tanto en el espacio público como en el privado”. Martínez Lozano va más allá y pone de ejemplo la violencia de género: “los malos tratos en el hogar hasta hace bien poco se consideraban un asunto privado, y afortunadamente hoy son un delito que se castiga con cárcel y un problema del que las mujeres, con ayuda, pueden salir. Todos estos cambios han sido positivos y han roto la estructura patriarcal que España mantuvo hasta casi los años 80”.

Mantener las pensiones
Con los datos en la mano, y con ansias de seguir fomentando nuevos cambios positivos, desde la Secretaría de la Mujer de la Federación de Pensionistas y Jubilados de Comisiones Obreras (CC OO) acaban de hacer público el informe “Envejecimiento activo en las mujeres mayores”, un documento con el que pretenden impulsar servicios y políticas que den respuesta a las demandas reales de este colectivo.
En el texto se insiste en el hecho de que las mujeres senior viven una doble discriminación: por sexo y por edad. “Las mujeres mayores constituyen un grupo heterogéneo que ahora tiene que luchar no solo contra el sexismo, sino contra el edadismo para seguir viviendo activas. Hay que optar por abrir caminos y actividades nuevas y tomar nuevos compromisos desde la sabiduría acumulada”, señala Isabel Martínez Lozano.
El hecho de que la esperanza de vida sea mayor en las mujeres es un buen punto de partida para acercarnos a su situación y, aunque el perfil está tornándose distinto, las mujeres siguen percibiendo las rentas más bajas -lo que eleva sus índices de pobreza- y son más vulnerables a la soledad. Mantener el poder adquisitivo de sus pensiones es, actualmente, uno de los problemas que deben resolverse con mayor urgencia.
Un dato alarmante, como explican en el informe emitido por CC OO, es que este colectivo se beneficia en menor medida que los hombres de las pensiones no contributivas, siendo mayoría, sin embargo, en la percepción de las no contributivas y las asistenciales, es decir, las de menos cobertura. El sindicato va más allá y asevera lo siguiente: “las mujeres pensionistas son más pobres”.
En este punto, Del Valle puntualiza que, aunque la universalización del sistema de pensiones tuvo un impacto positivo para los senior en general, “las mujeres sufren las consecuencias de haber estado excluidas del mercado laboral por dedicarse al trabajo de cuidado familiar, o por haber desarrollado trabajos menos cualificados y con salarios significativamente más bajos que el de los hombres, situaciones que tienen su expresión en ingresos más bajos en la vejez”.
En todo este panorama repleto de desventajas, la crisis tampoco contribuye de forma positiva. La presidenta de HelpAge International añade que “la crisis nos está volviendo a colocar un sinfín de obstáculos para conseguir una vida digna, libre y autónoma, fundamentalmente por la falta de empleo y el recorte en todas las políticas sociales de apoyo a las familias. Sin estas ayudas, las que más sufren la situación son las mujeres, ‘eternas cuidadoras y conseguidoras del bienestar en nuestro entorno’. Las mujeres mayores están viendo cómo regresan a situaciones que tenían ya superadas de apoyo y ayuda a los hijos”.

Proteger la salud por encima de todo
En lo que respecta a la salud, también es distinta la situación entre hombres y mujeres. La reducción de la cobertura del derecho a la salud es más gravoso, si cabe, para las mujeres, pues ellas tienen dolencias más específicas, y crónicas, asociadas al desarrollo de la vida cotidiana. Este hecho eleva, en consecuencia, el riesgo de dependencia. “La puesta en práctica de la Ley de Dependencia ha tratado de reforzar el sistema de protección de servicios sociales que existía previamente, estableciendo una especie de ‘suelo’ de servicios para las personas mayores. Según el Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD), más del 66% de los beneficiarios de este sistema de protección en términos globales eran mujeres. La diferencia en la proporción aumenta considerablemente a partir de los 80 años, donde ellas representan casi el 80% de los beneficiarios, y confirma la idea de que la conjunción de la edad y el sexo son determinantes en el perfil de quienes se benefician del sistema, ya que la mayor esperanza de vida viene acompañada de una mayor afección de incidencias incapacitantes. Desde CC OO reivindicamos que se invierta más en la prevención, lo cual no ocurre”, puntualiza Ana Martínez.
“Creo -continúa Isabel Martínez Lozano- que el problema más importante es el del cuidado. No hemos logrado romper su rol de cuidadoras, y nos encontramos con mujeres mayores con problemas de salud serios, teniendo que seguir asumiendo el trabajo de cocineras, amas de casa, cuidadoras de sus esposos o familiares, sin tener en la mayoría de los casos apoyos y ayudas. Por eso es tan importante mantener los servicios y prestaciones de la Ley de Dependencia y todos los servicios del Estado del Bienestar de ayuda a las familias”.
Las razones causantes de la soledad que sufren las mujeres de más edad son difíciles de determinar pero los estudios apuntan la experiencia de la viudedad y la finalización de la obligación del cuidado familiar como factores significativos en ese sentimiento de cierto aislamiento.

Posibles soluciones
“La estrategia no puede ponerse en marcha si el Estado no actúa como proveedor y garante de servicios públicos y de protección social que hagan posible una vida de calidad, autónoma e independiente para las personas mayores. Y éste no es precisamente el camino que se ha tomado en los últimos años, al contrario, se ha adelgazado el sistema de bienestar y protección social. Nos preguntamos cómo puede hacerse compatible esta estrategia de envejecimiento activo con el esfuerzo de sostenimiento de familias, económico y personal, al que se ven obligadas nuestras personas mayores, pues el 26% de los hogares se mantienen hoy gracias a los pensionistas y jubilados”, detalla la secretaria de la Mujer de la Federación de Pensionistas y Jubilados de CC OO.
Por su parte, Gabriela del Valle tiene claro que “la falta de visualización de la problemática concreta de las mujeres mayores está sesgando la forma en que las políticas afrontan la reproducción de las desigualdades que les afectan”.
Martínez Lozano concluye  asegurando que “las desigualdades se combaten con leyes y normas, políticas públicas con recursos y con un impulso muy grande a los cambios sociales y culturales. Los gobiernos tienen que ir incluso por delante de la sociedad en los cambios sociales y culturales que aportan progreso y bienestar. Las administraciones no se pueden parar y tienen que estar activas en seguir promoviendo políticas y acciones encaminadas a que todas tengamos los mismos derechos y oportunidades”.

>> Entrevista con Ana Martínez López, secretaria de la Mujer de la Federación de Pensionistas y Jubilados de Comisiones Obreras

>> Entrevista con Amaia Otaegui, socióloga de la Fundación 1º de Mayo
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Marta S. Massó
Marta S. Massóhttps://entremayores.es/
Licenciada en Periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. Cubre la información de nacional de entremayores y la edición de Galicia.

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