25.000 bilbaínos participan en las actividades de envejecimiento activo que ofrecen los centros para mayores
En el marco del XIII Congreso de Zahartzaroa, el director del área de Acción Social del Ayuntamiento de Bilbao explicó algunas de las acciones que promueve el Consistorio para el colectivo senior. La coordinación con las asociaciones de mayores es, dijo, 'fundamental'
Estimulación cognitiva, desarrollo físico, formación, actividades culturales, desarrollo social, dinamización ocupacional… son solo algunas de las actividades que las personas mayores pueden realizar en alguna de las 53 asociaciones de mayores vinculadas por convenio al Ayuntamiento de Bilbao, y que suponen uno de los pilares básicos para mantener el envejecimiento activo de la población. En la capital vizcaína, cuya población de 66 o más años es del 22% (del 29% si hablamos de 61 o más años), son ya más de 25.000 los mayores que recurren a alguno de estos centros, lo que supone un tercio de la población mayor de la ciudad.
Las asociaciones ofrecen una amplia batería de actividades a lo largo del año, no sólo de carácter lúdico, sino también de carácter preventivo o de promoción de la salud. Sin embargo, este tipo de centros no serían posibles sin la implicación de las instituciones públicas. Es este, precisamente, uno de los temas que se han tratado en el marco del XIII Congreso de la Asociación Vasca de Geriatría y Gerontología Zahartzaroa y VII Congreso de la Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología, que se celebró la semana pasada en Bilbao.
En concreto, Francisco Dehesa, director del área de Acción Social del Ayuntamiento de Bilbao, explicó en su charla ‘Envejecer en la ciudad’, cuál es la actividad de la capital vizcaína en el mejor desarrollo del envejecimiento de sus mayores, tanto en su promoción del asociacionismo como en las ayudas económicas que el consistorio ofrece a las familias con más dificultades. “El envejecimiento es un fenómeno de gran dimensión social y económica, que genera un sinfín de posibilidades y exige un ejercicio de responsabilidad desde las administraciones públicas”, señaló Dehesa, quien advirtió, además, de la relevancia de las actuaciones municipales, puesto que “en muchas familias afectadas con la crisis son los mayores quienes soportan todas las cargas”.
En concreto, el año pasado el Ayuntamiento y otras instituciones ayudaron a 11.000 personas mayores con dificultades, tanto económicas como relacionadas con su vida diaria. Entre las ayudas, destaca la Renta de Garantía de Ingresos (RGI). De las poco menos de 16.000 otorgadas en Bilbao por Lanbide, se calcula que el 27% se destinaron a complementos de pensiones. Además, en 2013 un total de 1.209 mayores de 65 años se beneficiaron de las Ayudas de Emergencia, lo que supone el 24% del global de estas ayudas concedidas en la ciudad.
También es de destacar la atención de los mayores en su domicilio. A lo largo del año pasado, el consistorio bilbaíno realizó un total de 2.984 servicios, de los cuales 390 fueron iniciados ese mismo año. Asimismo, la capital vizcaína contaba al final del año con un total de 6.355 aparatos de teleasistencia instalados, una cobertura del 7,9% de la población mayor del municipio.
Ciudad amigable
Asimismo, dentro de la preocupación del Ayuntamiento por ofrecer las mejores condiciones para el envejecimiento en la ciudad, Francisco Dehesa también habló durante el congreso sobre el programa de ciudades amigables, como “una muestra de la voluntad política municipal de pensar en los mayores a la hora de hacer ciudad”. Este programa tiene como objetivo no sólo tomar medidas urbanísticas, sino también “crear entornos de vida facilitadores y de apoyo para compensar los cambios físicos y sociales asociados al envejecimiento, promover el bienestar y el aporte de los residentes urbanos de mayor edad, proteger a las personas más vulnerables y fomentar la participación activa de los mayores”, apuntó Dehesa.
Dentro de este programa, se ha realizado una encuesta entre personas mayores del municipio, con el fin de conocer sus inquietudes y sus necesidades. Entre lo más positivo apreciado por los mayores bilbaínos, se encuentra la transformación de la ciudad, su limpieza, su vida, su facilidad para ser recorrida, sus espacios verdes y su respeto por las tradiciones y el folklore local. Por el contrario, entre lo señalado para mejorar se encuentran las dificultades que plantea la propia orografía de la ciudad y la necesidad por tanto de instalar ascensores, escaleras mecánicas o rampas, la pérdida de las redes de apoyo tradicionales (familia, vecindario, pequeño comercio), la desigualdad entre el centro y la periferia, la carestía creciente de la ciudad y la desinformación.
Las asociaciones ofrecen una amplia batería de actividades a lo largo del año, no sólo de carácter lúdico, sino también de carácter preventivo o de promoción de la salud. Sin embargo, este tipo de centros no serían posibles sin la implicación de las instituciones públicas. Es este, precisamente, uno de los temas que se han tratado en el marco del XIII Congreso de la Asociación Vasca de Geriatría y Gerontología Zahartzaroa y VII Congreso de la Sociedad Navarra de Geriatría y Gerontología, que se celebró la semana pasada en Bilbao.
En concreto, Francisco Dehesa, director del área de Acción Social del Ayuntamiento de Bilbao, explicó en su charla ‘Envejecer en la ciudad’, cuál es la actividad de la capital vizcaína en el mejor desarrollo del envejecimiento de sus mayores, tanto en su promoción del asociacionismo como en las ayudas económicas que el consistorio ofrece a las familias con más dificultades. “El envejecimiento es un fenómeno de gran dimensión social y económica, que genera un sinfín de posibilidades y exige un ejercicio de responsabilidad desde las administraciones públicas”, señaló Dehesa, quien advirtió, además, de la relevancia de las actuaciones municipales, puesto que “en muchas familias afectadas con la crisis son los mayores quienes soportan todas las cargas”.
En concreto, el año pasado el Ayuntamiento y otras instituciones ayudaron a 11.000 personas mayores con dificultades, tanto económicas como relacionadas con su vida diaria. Entre las ayudas, destaca la Renta de Garantía de Ingresos (RGI). De las poco menos de 16.000 otorgadas en Bilbao por Lanbide, se calcula que el 27% se destinaron a complementos de pensiones. Además, en 2013 un total de 1.209 mayores de 65 años se beneficiaron de las Ayudas de Emergencia, lo que supone el 24% del global de estas ayudas concedidas en la ciudad.
También es de destacar la atención de los mayores en su domicilio. A lo largo del año pasado, el consistorio bilbaíno realizó un total de 2.984 servicios, de los cuales 390 fueron iniciados ese mismo año. Asimismo, la capital vizcaína contaba al final del año con un total de 6.355 aparatos de teleasistencia instalados, una cobertura del 7,9% de la población mayor del municipio.
Ciudad amigable
Asimismo, dentro de la preocupación del Ayuntamiento por ofrecer las mejores condiciones para el envejecimiento en la ciudad, Francisco Dehesa también habló durante el congreso sobre el programa de ciudades amigables, como “una muestra de la voluntad política municipal de pensar en los mayores a la hora de hacer ciudad”. Este programa tiene como objetivo no sólo tomar medidas urbanísticas, sino también “crear entornos de vida facilitadores y de apoyo para compensar los cambios físicos y sociales asociados al envejecimiento, promover el bienestar y el aporte de los residentes urbanos de mayor edad, proteger a las personas más vulnerables y fomentar la participación activa de los mayores”, apuntó Dehesa.
Dentro de este programa, se ha realizado una encuesta entre personas mayores del municipio, con el fin de conocer sus inquietudes y sus necesidades. Entre lo más positivo apreciado por los mayores bilbaínos, se encuentra la transformación de la ciudad, su limpieza, su vida, su facilidad para ser recorrida, sus espacios verdes y su respeto por las tradiciones y el folklore local. Por el contrario, entre lo señalado para mejorar se encuentran las dificultades que plantea la propia orografía de la ciudad y la necesidad por tanto de instalar ascensores, escaleras mecánicas o rampas, la pérdida de las redes de apoyo tradicionales (familia, vecindario, pequeño comercio), la desigualdad entre el centro y la periferia, la carestía creciente de la ciudad y la desinformación.
