SOCIO FUNDADOR DE UMA CARE
Jesús Cubero: “Nuestro objetivo en UMA CARE es superar los 30 centros antes de finalizar 2029”
PREGUNTA- UMA Care surgió a finales de 2024 al detectar una necesidad: la atención a personas que todavía no se encuentran en una situación de dependencia, pero que están en una etapa inicial. ¿Qué ofrece exactamente este nuevo servicio?
RESPUESTA- UMA CARE nace de una reflexión muy sencilla: estamos llegando demasiado tarde. Nuestro sistema está razonablemente preparado para atender a las personas cuando ya existe una situación de dependencia reconocida, pero dispone de muchos menos recursos para intervenir antes, cuando la persona comienza a notar fallos de memoria, una menor agilidad física, pérdida de relaciones sociales o dificultades incipientes para desenvolverse con la misma seguridad.
Nosotros actuamos precisamente en ese espacio. Las ‘Unidades de Memoria Activa’ son recursos ambulatorios, no residenciales, orientados a prevenir o retrasar el deterioro cognitivo y físico, mantener la autonomía personal y ayudar a que las personas puedan continuar viviendo en su domicilio durante el mayor tiempo posible. Atendemos tanto a personas mayores sanas que desean cuidar activamente su envejecimiento como a personas con problemas de memoria asociados a la edad, deterioro cognitivo leve o demencias en fases iniciales y moderadas. Lo hacemos mediante programas personalizados que combinan estimulación cognitiva, ejercicio físico, entrenamiento funcional, logopedia, terapia ocupacional, socialización, ocio terapéutico y acompañamiento a las familias.
Pero UMA CARE no es únicamente un lugar al que se acude para recibir una terapia. Queremos que sea también un espacio de vida, relación y participación. Por eso hablamos de un club social y terapéutico en el que las personas entrenan sus capacidades, mantienen vínculos, desarrollan nuevos intereses y siguen tomando decisiones sobre su propia vida. No trabajamos solamente para añadir años a la vida, sino para aportar autonomía, propósito y calidad de vida a esos años.
P.- Aplican un modelo de intervención denominado terapia circular. ¿Qué diferencia hay entre esta terapia y otros modelos de intervención cognitiva?
R.- La principal diferencia es que la terapia circular no aborda cada necesidad de manera aislada. El envejecimiento es un proceso multidimensional: la memoria influye en la autonomía, la movilidad condiciona la participación social, el estado emocional afecta al rendimiento cognitivo y la soledad puede acelerar el deterioro físico y funcional. Por tanto, no tendría sentido intervenir sobre una única dimensión ignorando todas las demás.
Nuestro modelo organiza la atención como un circuito terapéutico continuo. Durante una sesión de aproximadamente 90 minutos, la persona pasa por distintos espacios y actividades en grupos reducidos, normalmente de entre ocho y diez participantes. En ese recorrido se trabajan de manera coordinada la estimulación cognitiva, la actividad física, la funcionalidad, la comunicación, el bienestar emocional y la relación social.
No se trata de sumar actividades inconexas, sino de integrarlas dentro de un plan individual de intervención. Cada persona cuenta con una valoración inicial, objetivos concretos, seguimiento profesional y evaluaciones periódicas que permiten adaptar el programa a su evolución.
Además, la intensidad y la continuidad son elementos fundamentales. Sabemos que una actividad puntual puede resultar agradable, pero no necesariamente genera un efecto terapéutico sostenido. La terapia circular persigue precisamente convertir la intervención en un proceso estructurado, frecuente, medible y adaptativo.
P.- La entidad tiene un plan de expansión nacional para los próximos años y su objetivo es abrir más de 30 centros en las principales ciudades de España. ¿En qué punto se encuentran ahora?
R.- Nuestro primer centro está situado en Guindalera, dentro del distrito de Salamanca de Madrid. Abrió sus puertas en la primavera de 2025 y ha funcionado como centro piloto y laboratorio real del modelo.
Esta primera etapa nos ha permitido validar la propuesta asistencial, conocer mejor las expectativas de las personas mayores y de sus familias, perfeccionar la terapia circular, ordenar los procesos internos y analizar qué características debe reunir cada futura ubicación. Antes de acelerar el crecimiento, queríamos demostrar que el modelo era útil, comprensible para las familias y operativamente replicable. Actualmente, estamos trabajando en la siguiente fase, que combina nuevas unidades propias con otras fórmulas que permitan un crecimiento más ágil. Nuestro objetivo es superar los 30 centros antes de finalizar 2029, con presencia en las principales ciudades españolas.
No queremos crecer de cualquier manera. En el sector de los cuidados, una expansión demasiado rápida que no preserve la calidad puede terminar dañando tanto a la marca como, sobre todo, a las personas atendidas. Por eso estamos construyendo una red con protocolos comunes, formación inicial y continua, supervisión profesional, indicadores de resultados y mecanismos de control de calidad.
P.- En cuanto a esta expansión, ¿qué modelo han elegido para hacerlo viable: franquicias, centros propios o una mezcla?
R.- Hemos elegido una fórmula mixta que combine centros propios y centros franquiciados.
Los centros propios son fundamentales porque nos permiten mantener una relación directa con la realidad asistencial, seguir innovando, probar nuevas metodologías y formar a los profesionales de la red. Son, en cierta manera, nuestros centros de referencia y de evolución del modelo.
La franquicia, por su parte, nos permite acelerar la implantación territorial, incorporar talento y conocimiento local y dar entrada a emprendedores, profesionales sanitarios, operadores sociosanitarios e inversores comprometidos con un proyecto de impacto social. Muchos de ellos conocen perfectamente su territorio y pueden construir relaciones de proximidad con hospitales, centros de salud, servicios sociales, asociaciones y familias.
Es también un modelo eficiente porque una UMA CARE requiere una inversión mucho más contenida que un recurso residencial. No necesita una gran estructura inmobiliaria ni una elevada capacidad de alojamiento. Puede instalarse en espacios urbanos, accesibles y plenamente integrados en la vida cotidiana del barrio.
Ahora bien, para nosotros franquiciar no significa limitarse a ceder una marca. Significa transferir un método de intervención, protocolos, tecnología, formación, acompañamiento empresarial y una cultura asistencial determinada.
Podríamos resumirlo diciendo que queremos replicar el método sin estandarizar a las personas. Cada centro debe compartir los mismos criterios de calidad, pero cada usuario tiene que recibir una respuesta individualizada.
P.- En pocos meses, UMA Care se ha incorporado a Aeste y a ASPE, dos organizaciones que representan ámbitos similares, pero a la vez distintos del sector. ¿Qué buscan con estas incorporaciones?
R.- La incorporación a Aeste y ASPE responde a una decisión estratégica muy clara: UMA CARE se encuentra en el punto de encuentro entre la atención sanitaria y la atención social.
Aeste representa a algunos de los principales operadores de servicios para la dependencia y nos permite participar en la conversación sobre el futuro de los cuidados de larga duración, la promoción de la autonomía personal y la evolución del modelo sociosanitario. ASPE, por su parte, nos conecta con la sanidad privada y con organizaciones hospitalarias y asistenciales que pueden desempeñar un papel esencial en la detección, valoración y derivación temprana de las personas.
No queremos elegir entre ser sanitarios o sociosanitarios. Queremos contribuir a superar precisamente esa separación. Una persona con deterioro cognitivo inicial puede necesitar valoración médica, neuropsicología, fisioterapia, terapia ocupacional, acompañamiento social y apoyo familiar. Su vida no está dividida en compartimentos administrativos y la respuesta asistencial tampoco debería estarlo.
UMA CARE quiere ocupar el espacio de los recursos intermedios y preventivos: servicios profesionales que intervengan antes de que la persona necesite apoyos mucho más intensos y que faciliten la continuidad entre el sistema sanitario, los servicios sociales, la comunidad y el domicilio.
P.- El Gobierno acaba de acordar con las comunidades la transferencia de 970 millones de euros para financiar la dependencia, mientras continúa el debate sobre la reforma de la ley y la necesidad de reforzar la prevención. ¿Cree que el sistema está dedicando suficientes recursos a actuar antes de que aparezca una situación de dependencia?
R.- El incremento de la financiación es una noticia positiva y necesaria. Técnicamente, el acuerdo aprobado contempla más de 904 millones de euros de transferencia directa a las comunidades autónomas y una cifra global cercana a los 970 millones al incorporar los recursos correspondientes a Euskadi y Navarra. Estamos ante un esfuerzo público relevante que debe contribuir a reducir las listas de espera, mejorar los servicios y reforzar la sostenibilidad del sistema. Sin embargo, seguimos destinando la mayor parte de nuestros recursos a intervenir cuando la dependencia ya se ha producido. Financiamos razonablemente bien la reacción, pero todavía invertimos poco en anticipación.
La prevención no puede limitarse a una declaración de principios dentro de la Ley de Dependencia. Necesita una cartera concreta de servicios, financiación identificable, sistemas de acceso sencillos, profesionales especializados e indicadores que permitan evaluar resultados.
Además, existe una paradoja. Con frecuencia exigimos que una persona haya perdido una parte importante de su autonomía para poder acceder a determinados apoyos. Es decir, el sistema llega cuando el daño ya se ha producido, cuando desde una perspectiva humana, sanitaria y económica resultaría mucho más inteligente intervenir antes. Necesitamos evolucionar desde un sistema centrado casi exclusivamente en atender la dependencia hacia otro capaz también de prolongar la autonomía. No se trata de reducir los recursos destinados a quienes ya necesitan cuidados, sino de ampliar la mirada. Prevenir o retrasar la dependencia durante uno o dos años puede transformar la vida de una persona y de su familia y, al mismo tiempo, evitar costes asistenciales mucho más elevados.
P.- El envejecimiento de la población, el aumento de los casos de deterioro cognitivo y el impulso a la prevención están configurando un nuevo mercado de cuidados. ¿Dónde proyecta que estará UMA Care dentro de cinco años?
R.- Dentro de cinco años queremos que UMA CARE sea la red española de referencia en prevención de la dependencia y promoción de la autonomía personal.
Nos proyectamos con una red nacional consolidada, con más de 30 centros operativos y presencia en las principales ciudades, combinando unidades propias y franquiciadas. También contemplamos desarrollar las primeras experiencias internacionales, especialmente en Portugal y otros mercados europeos o latinoamericanos con retos demográficos similares.
Pero nuestra visión no se limita al número de centros. Queremos disponer de resultados agregados que demuestren la eficacia del modelo, una metodología en evolución permanente, profesionales formados específicamente en Terapia Circular y alianzas estables con hospitales, aseguradoras, administraciones, universidades, asociaciones y grandes operadores sociosanitarios.
Aspiramos también a que UMA CARE contribuya a crear una nueva categoría dentro del sistema de cuidados: la de los recursos intermedios de prevención y autonomía. Nos gustaría que, dentro de cinco años, acudir a una Unidad de Memoria Activa antes de perder capacidades resulte tan natural como acudir a un gimnasio para cuidar la salud física o realizar una revisión médica preventiva.
No buscamos ser únicamente la organización con más centros. Queremos ser la que ayude a cambiar el momento en el que la sociedad empieza a cuidar. Porque el gran cambio que necesita nuestro sistema no consiste solamente en cuidar mejor cuando aparece la dependencia, sino en actuar antes para que tarde mucho más en llegar.
