martes, 9 diciembre 2025
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El mapa genético cambia con la edad

Un estudio internacional liderado por el doctor Manel Esteller revela que el epigenoma de un recién nacido es distinto al de un centenario
¿Qué ocurre en nuestras células tras cien años de vida? ¿En qué se diferencia a nivel molecular un recién nacido y un centenario? ¿Es posible revertir el proceso de envejecimiento? ¿Cuáles son las claves moleculares de la longevidad? Un reciente estudio, publicado en la revista internacional Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) proporciona una pista esencial en este campo: el epigenoma (mapa genético) de los recién nacidos y de los centenarios es distinto. La investigación, en la que participaron científicos de varios países y que ha estado dirigida por  Manel Esteller, director del programa de Epigenética y Biología del Cáncer del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (Idibell), se han secuenciado totalmente los epigenomas de las células blancas de la sangre de un recién nacido, un individuo de edad intermedia y una persona de 103 años. Los resultados demuestran que el centenario presenta un epigenoma distorsionado que ha perdido muchos interruptores (grupo químico metilo), encargados de apagar la expresión de genes inapropiados y, en cambio, se apaga el interruptor de algunos genes protectores.
Mientras que el genoma de todas las células del cuerpo humano, con independencia de su aspecto y función, es idéntico, las señales químicas que lo regulan, conocidas como marcas epigenéticas, son específicas de cada tejido humano y de cada órgano. Es decir, que todos nuestros componentes tienen el mismo abecedario (genoma), pero la ortografía (epigenoma) es distinta en cada parte de nuestra anatomía. El resultado sorprendente del trabajo del grupo del doctor Esteller es que incluso para un mismo tejido u órgano, el epigenoma varía en función de la edad de la persona.
“Extendiendo los resultados a un grupo numeroso de neonatos, individuos situados en el punto medio y nonagenarios o centenarios nos damos cuenta de que se trata de un proceso progresivo en el que cada día que pasa el epigenoma se va torciendo”, afirma el investigador. Sin embargo, el doctor Esteller destaca que “las lesiones epigenéticas, a diferencia de las genéticas, son reversibles y, por tanto, la modificación de los patrones de la metilación del ADN por cambios dietéticos o por el uso de fármacos podría inducir un aumento del tiempo de vida”.

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Redacción EM
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Información elaborada por el equipo de redacción.

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