Algunas alteraciones cardiovasculares pueden detectarse por pérdidas de resistencia aparentemente poco llamativas
“Necesitar más pausas al caminar, cansarse antes en un trayecto conocido o notar falta de aire durante actividades que hasta hace poco se realizaban con normalidad son cambios que conviene observar”. Es una recomendación de los especialistas de Sanitas que, con motivo del Día Mundial del Corazón –que se celebró el pasado 29 de septiembre–, han recordado que algunas alteraciones cardiovasculares pueden comenzar con manifestaciones poco llamativas.
Según explica José Zamorano, jefe de servicio de Cardiología del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela, “durante un esfuerzo, el organismo necesita aumentar el aporte de sangre y oxígeno a los tejidos” y cuando existe una alteración cardiovascular, “ese margen de respuesta se reduce en algunos casos y la persona nota antes el cansancio, la falta de aire o la necesidad de detenerse. Lo relevante es observar si ese límite ha cambiado respecto a semanas o meses anteriores”.
La disminución de la tolerancia al esfuerzo no es específica de una enfermedad cardiaca, también puede deberse a causas respiratorias, anemia, efectos de la medicación u otras comorbilidades frecuentes en personas mayores. Por ello, el contexto clínico resulta esencial. En la insuficiencia cardiaca, por ejemplo, deben alertar la disnea de esfuerzo progresiva, el cansancio desproporcionado, la hinchazón de piernas o tobillos, la necesidad de dormir incorporado o la aparición de falta de aire al tumbarse, especialmente si suponen un cambio respecto a la situación basal.
“Preservar la autonomía también exige entender por qué una persona ha dejado de hacer algo que formaba parte de su rutina. Cuando el cansancio empieza a cambiar sus recorridos, sus tiempos o su necesidad de ayuda, conviene estudiar qué hay detrás antes de incorporarlo a la idea de que ‘son los años’”, concluye Miriam Piqueras, directora Médica de Sanitas Mayores.
RECOMENDACIONES
Ante estas situaciones, los expertos de Sanitas recomiendan, en primer lugar, tomar como referencia la actividad habitual. Después, fijarse en cómo aparece la falta de aire. “Merece consulta cuando surge con esfuerzos que hasta hace poco se toleraban bien, aumenta progresivamente o empieza a condicionar actividades cotidianas. Si aparece también al estar tumbado, debe comunicarse al profesional sanitario”, remarcan los expertos.
Por otro lado, es necesario estar atentos a las señales asociadas, como a una hinchazón recurrente de tobillos o piernas, a las palpitaciones mantenidas o a un agotamiento desproporcionado aportan contexto durante la valoración. Ademas, es importante mantener el seguimiento de los factores de riesgo, es decir, controlar periódicamente la presión arterial, la diabetes, el colesterol, la función renal, el peso y la adherencia al tratamiento ayuda a prevenir eventos cardiovasculares y a detectar descompensaciones de forma precoz. En personas mayores, este seguimiento debe individualizarse según fragilidad, comorbilidades, objetivos terapéuticos y situación funcional.
Por último, debemos identificar cuándo se necesita atención urgente; “Requieren valoración médica inmediata el dolor u opresión torácica que dura varios minutos o se acompaña de sudoración, náuseas, mareo o irradiación a brazo, espalda, cuello o mandíbula; la dificultad respiratoria intensa o de aparición brusca; el desmayo; la confusión aguda; las palpitaciones mantenidas con mal estado general; o una hinchazón rápida de piernas asociada a aumento de falta de aire”, enumeran en Sanitas.
