sábado, 30 agosto 2025
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Haciendo un poco de historia sobre los mayores argentinos

Relato sobre la interesante experiencia de la comunidad judía en este país y el perfil de los usuarios de los centros de la Red Amia
Según un estudio, en la capital y en Gran Buenos Aires hay 244.000 judíos, mientras se estima que en todo el país habría entre 280.000 y 300.000 (según un estudio realizado por el Joint Distribution Committee, a través de uno de sus centros de estudios -Meida-, en 2004). En total, 2.000 mayores participan en los Centros la Red de Amia de capital y Gran Buenos Aires y 400, en el interior del país.
Una característica común entre este grupo minoritario es la noción de identidad. Aún los sujetos mayores que dejaron de asistir o nunca asistieron a una institución de este tipo, consideran que ser judío es parte de su identidad y por ello buscan en esta etapa diversos marcos de pertenencia.
Si nos remontamos a su historia de arraigos y desarraigos permanentes les fue indispensable buscar estar unidos para sentir que seguían conformados como pueblo. Y ese espíritu de unidad y sentimiento de pertenencia, el carácter inquieto de búsqueda permanente y las ansias por ponerse en acción, son aspectos con los cuales nosotros profesionales convivimos a diario.
Haciendo un poco de historia, la comunidad judía de Buenos Aires fue pionera en la creación de estos centros sociales que se iniciaron en la década de los 70 y ,ya desde sus orígenes, otorgó un lugar prioritario a los mayores.
En la actualidad funcionan más de 30 centros socioculturales solo en Capital Federal y Gran Buenos Aires, a los que hay que sumar los 24 centros de la Red del Interior del país.
El Área de Adultos Mayores de Amia se plantea como objetivo fundamental el abordaje integral de las problemáticas y desafíos que se presentan en esta etapa vital. Se desarrollan actividades inspiradas en “compartir y crecer en comunidad” y en promover que esta etapa sea vivida con dignidad y en plenitud.
Hoy contamos con la experiencia de ver muchos mayores que acuden a los centros desde hace más de dos décadas a realizar actividades socioculturales y esto nos permitió ser parte del proceso de transformación de una nueva vejez, con sujetos más estimulados y proactivos.
Las personas mayores que concurren a los centros, en general, son autónomos e independientes, y concurren a desarrollar diferentes actividades diurnas. Hoy en día ellos tienen la idea clara de que son parte de una gran red-madre que los nuclea y vincula, proporcionando tanto capacitaciones a los profesionales que los coordinan, como la programación y organización de eventos, tales como: actividades entre diferentes centros, como salidas o viajes; gestadas y gestionadas entre miembros de diferentes instituciones, como diseñar una muestra de bailes o una obra teatral; y actividades internas de cada centro, como actividades formativas.
Esta noción de red y el profundo sentimiento de pertenencia, con los años, ha ido generando un cambio en la autopercepción del adulto mayor respecto de cómo querer envejecer y ha ido creando conciencia, ganas de participar. Dentro de este contexto, la persona mayor, posee gran posibilidad de elección aunque no siempre fue así. Antiguamente existía un concepto, el de “lealtad a la institución”, que en la década anterior era incuestionable y que restringía esta capacidad de elegir. Hoy la persona se ha puesto en el centro de la programación y de la institución.
Otro aspecto característico de los participantes de los Centros de esta Red que me animaría a destacar, es el valor agregado de “lo vincular”. Las personas, en general, no van a realizar una actividad y se vuelven a sus casas, que es lo que comúnmente se ofrece en otros centros de jubilados u hogares de día de la ciudad. Las propuestas de los centros de esta Red privilegian el trabajo grupal. Este punto, según mi criterio, es clave a la hora de fortalecer los aspectos psicosociales y es allí donde la Red verdaderamente actúa entre los miembros como sostén, permitiendo a las personas compartir, reunirse por elección propia en otros momentos fuera del centro, nutrirse unos de otros y con otros, aprender cosas nuevas y tener la posibilidad de verse espejados en otros, a quienes también les suceden cosas. Esta visión le permite a la persona mayor generar un espacio de confianza y, a partir de éste, logra involucrarse y tener su propia identidad y referente relacional.
Cuando los adultos mayores poseen un cierto grado de dependencia o heteronomía, la Asociación Mutual Israelita, a través del Departamento de Programas Sociales, ofrece una labor conjunta entre los profesionales de la Red de Adultos Mayores y los de Acción social, brindando asistencia, traslado, atención psicológica y una gran variedad de talleres culturales y de estimulación corporal y cognitiva en el Centro Integral para el adulto mayor, perteneciente a la Amia. Si las personas mayores, en cambio, tienen un alto grado de dependencia o vulnerabilidad y fuera necesaria su institucionalización, el Área de Acción social interviene acompañando a la persona mayor, tanto como a sus familiares, en el proceso de derivación a hogares geriátricos con el fin de ser institucionalizado.
Finalmente quisiera revalorizar los espacios de intercambio profesional, ya que nos invitan a reflexionar, a cuestionarnos sobre nuestro quehacer, a reformular conceptos y a tomar conciencia de lo mucho que tenemos recorrido en el ámbito de la Gerontología, invitándonos a pensar en lo mucho que hay todavía por recorrer.

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Redacción EM
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Información elaborada por el equipo de redacción.

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