viernes, 16 enero 2026
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El COPG reclama que se garantice el acceso a la atención psicológica tras la pandemia

“No se pretende hacer una previsión alarmista ni catastrofista, hablando de futuras pandemias psicológicas”, aseguran desde el COPG. “Solo que es responsabilidad de quien administra los servicios públicos diseñar y ejecutar políticas que protejan a las personas"
El Colegio Oficial de Psicoloxía de Galicia (COPG) trasladó al Gobierno regional un documento que recoge un análisis del impacto psicológico de la pandemia de la Covid-19 en la población gallega, así como un conjunto de propuestas y recomendaciones para garantizar la accesibilidad a la atención psicológica a través de los distintos servicios públicos.

El COPG pretende, de este modo, realizar una contribución en los ámbitos de la salud, de la educación, de las políticas sociales, de las organizaciones, de la justicia, de la movilidad y del deporte, con el objetivo de que se contemple el enfoque imprescindible que la psicología tiene en una emergencia como la actual, y evitar un mayor sufrimiento a los ciudadanos.

Entre las medidas propuestas, se especifica la necesidad de descentralizar y acercar la asistencia psicológica a las personas, instaurando la figura del psicólogo clínico en los centros de Atención Primaria, lo que permitiría un acceso más rápido a este servicio y disminuiría la sobrecarga de trabajo en las Unidades de Salud Mental, especialmente en las personas que se vieron más afectadas por la pandemia (personas mayores, niños, adolescentes, profesionales, supervivientes la Covid-19, víctimas de violencia de género o de abusos, etcétera). Asimismo, insisten en la importancia de reforzar los cuadros de psicólogos en Salud Mental en el Sergas, para poder dar cobertura a las personas que ya eran usuarias con anterioridad y que vieron aplazadas sus consultas debido al confinamiento.

En el ámbito de los servicios sociales, señalan desde el COPG, es esencial que se implanten programas de intervención social a través de los psicólogos del campo comunitario que atiendan las nuevas situaciones de vulnerabilidad surgida de la emergencia, y que además fomenten la cohesión dentro de la comunidad y la resiliencia como habilidad para afrontar la adversidad vivida.

La pérdida de seres queridos, el paso por una enfermedad tan grave como el coronavirus, el aislamiento, la pérdida de empleo, la precarización y reducción de los ingresos, las  restricciones a la movilidad, el teletrabajo, la exposición del personal sanitario y de las demás profesionales esenciales, el miedo al contagio, la incertidumbre, el miedo... Todos estos son elementos que agudizan el estrés y que, de una manera u otra, en mayor o menor medida, afectaron a toda la  población.

Las personas que demostraron mayor vulnerabilidad en el contexto de la emergencia sanitaria y que precisan de una especial atención en la postemergencia son aquellas que contaban con una psicopatología previa; personas que se contagiaron ellas mismas o sus familiares y que vivieron con altos niveles de ansiedad tanto la enfermedad como después por el rechazo social; familiares de fallecidos que vivieron la muerte de una manera muy trágica por las restricciones del confinamiento; personas mayores, tanto usuarias de residencias como aquellas que se encontraron solas, sin apoyos y con miedo al contagio; personal sanitario, que se vio desbordado, etcétera.

“No se pretende hacer una  previsión alarmista ni catastrofista, hablando de futuras pandemias psicológicas”, aseguran desde el COPG. “Solo que es responsabilidad de quien administra los servicios públicos diseñar y ejecutar políticas que protejan a las personas, que no añadan sufrimiento a lo que ya ha sucedido, y que actúen con justicia social para reparar los daños y evitar otros mayores”.

Para el colegio, la dimensión psicológica que tuvo tanto la etapa de mayor dureza de la emergencia sanitaria como la presente “nueva normalidad” es innegable, “si bien en un primero momento tuvo que quedar supeditado al interés superior que obligaba la necesidad de contención del coronavirus. Pero el riesgo de contagio permanecerá hasta encontrar, cuanto menos, una vacuna para ella, y por lo tanto, es preciso abordar una modificación de las conductas y de los hábitos de las personas, por lo que en la postemergencia, la ciencia  psicológica cobra un papel imprescindible en la planificación de las Administraciones”. Un enfoque que, añaden, “permita realizar una labor preventiva de sensibilización y de concienciación para integrar los cambios conductuales, y mantenerlos en el tiempo”.

El pasado mes de mayo, la  OMS ya hizo un llamamiento a “aumentar las inversiones para evitar una crisis de salud mental”. Así, concluyen, como colegio profesional insisten en el papel decisivo de una ciencia como la psicología en estos momentos decisivos.

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Redacción EM
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