La Red Centinela Sanitaria inicia un estudio pionero sobre la soledad entre los mayores
La soledad no deseada se ha convertido en uno de los grandes retos sociales y sanitarios asociados al envejecimiento. Consciente de esta realidad, Castilla y León pondrá en marcha durante 2026 un estudio pionero para conocer con mayor precisión cómo afecta este fenómeno a las personas mayores de la comunidad, cuáles son sus principales factores de riesgo y qué elementos pueden contribuir a prevenirlo o reducir su impacto.
La iniciativa, impulsada a través de la Red Centinela Sanitaria dentro de su Programa 2026, nace con el objetivo de estimar su prevalencia entre las personas de 65 años o más y aportar evidencia científica que permita diseñar intervenciones más eficaces desde los ámbitos sanitario y social.
El estudio parte de la premisa de que la soledad no deseada no puede identificarse únicamente con el hecho de vivir solo. Según se describe en el protocolo de investigación publicado por la Consejería de Sanidad de la Junta de Castilla y León, se trata de una experiencia subjetiva que genera malestar y que puede estar relacionada tanto con circunstancias personales como con cambios vitales, entre ellos la jubilación, la pérdida de la pareja, el fallecimiento de personas cercanas o la reducción de las redes sociales y familiares.
A su vez, la investigación adquiere una relevancia especial en Castilla y León, una comunidad marcada por el envejecimiento demográfico y la dispersión territorial. Según los datos recogidos en el protocolo, el índice de envejecimiento de la comunidad alcanza el 230%, muy por encima de la media nacional, situada en el 148%. Esta realidad, unida a la despoblación de amplias zonas rurales y a la progresiva desaparición de algunas redes comunitarias tradicionales, sitúa a muchas personas mayores en una posición de especial vulnerabilidad. Precisamente, uno de los aspectos que pretende analizar el estudio es la diferencia entre aislamiento social y soledad subjetiva. Los investigadores consideran esencial medir ambas dimensiones para identificar situaciones de riesgo real y orientar adecuadamente las futuras políticas públicas.
El trabajo también permitirá conocer qué factores actúan como elementos protectores frente a la soledad. Entre ellos figuran los vínculos familiares, las amistades, la participación en actividades sociales, el apoyo comunitario o la existencia de entornos accesibles y favorecedores de la interacción social.
EL PAPEL CLAVE DE ENFERMERÍA
La investigación se desarrollará a través de las consultas de enfermería de Atención Primaria, aprovechando la cercanía y el contacto continuado que estos profesionales mantienen con las personas mayores. El protocolo destaca que el personal de enfermería ocupa una posición privilegiada para detectar de forma precoz situaciones de fragilidad social, aislamiento o soledad no deseada, gracias a las consultas programadas, la educación sanitaria y las visitas domiciliarias que realizan habitualmente.
La población objeto del estudio estará formada por personas de 65 años o más que acudan a consultas de enfermería, tanto presenciales como telefónicas o domiciliarias. También se incluirán usuarios atendidos en centros de personas mayores.
El trabajo de campo se extenderá hasta marzo de 2027 mediante ocho jornadas específicas de captación distribuidas a lo largo del año. Durante estas sesiones, los profesionales sanitarios recogerán información relacionada con la percepción de soledad, las redes de apoyo familiares y sociales, el tipo de hogar, los factores de riesgo para la salud y el uso de recursos comunitarios disponibles.
Finalmente, otro de los objetivos del estudio es analizar la carga asistencial asociada a la soledad no deseada y conocer en qué medida las personas mayores utilizan los recursos ofrecidos por instituciones y organizaciones para combatir el aislamiento social.
UNA RADIOGRAFÍA ACTUALIZADA DE UNA REALIDAD QUE PREOCUPA
Los responsables del proyecto recuerdan que diversos estudios han demostrado que la percepción de soledad no siempre guarda relación directa con las características objetivas del entorno o con el lugar de residencia. Una persona puede sentirse sola aunque esté rodeada de gente, mientras que otras mantienen elevados niveles de bienestar emocional pese a vivir en solitario.
Más allá de sus consecuencias emocionales, la soledad no deseada es considerada actualmente un importante problema de salud pública. La evidencia científica la relaciona con un mayor riesgo de trastornos de salud mental, enfermedades cardiovasculares, deterioro cognitivo, alteraciones inmunológicas y pérdida de funcionalidad. También se asocia a un aumento en el consumo de psicofármacos y en el uso de recursos sanitarios.
En este contexto, la iniciativa se alinea con las estrategias autonómicas y nacionales que consideran la prevención del aislamiento social una prioridad creciente en las políticas de envejecimiento. El protocolo recuerda que la Estrategia de Promoción de la Salud y Prevención del Sistema Nacional de Salud ya identifica esta cuestión como una línea de actuación prioritaria para los mayores.
Los resultados permitirán disponer de una radiografía actualizada de una realidad que preocupa cada vez más a profesionales, Administraciones y entidades sociales. En una comunidad donde el envejecimiento es uno de los principales desafíos de futuro, disponer de datos fiables sobre este fenómeno puede convertirse en una herramienta clave para diseñar respuestas más eficaces.
