Las conversaciones que nunca tuvimos con nuestros mayores
Por quinto año consecutivo, en SPC hemos celebrado nuestra particular Semana de los Mayores, enmarcada en el Día Internacional de las Personas Mayores del 1 de octubre. Bajo el lema, ‘Las conversaciones que nunca tuvimos’, esta edición ha sido un poco más especial, ya que nos ha invitado a mirar a las personas mayores más allá del papel que ocupan en nuestras vidas.
Y lo cierto es que, a veces, sabemos poco de ellas. Solemos verlas en su rol familiar como abuelos, padres, tíos... pero no todos son iguales. Son las personas que fueron y que siguen siendo, son las decisiones que tomaron, los oficios que ejercieron, las historias que construyeron. Y para poder ver a cada una de ellas, tenemos que escucharlas, entender qué necesitan de verdad y dejar de agruparlas bajo el término ‘sénior’.
El sector tecnológico, como parte de la sociedad, ha pecado de la homogeneización del diseño de dispositivos. La palabra ‘mayor’ agrupa hoy a muchas personas con relaciones diferentes con la tecnología. Hay quienes la han usado toda su vida y quienes nunca la han necesitado, quienes viven solos y buscan autonomía y quienes buscan, sobre todo, tranquilidad para su familia. Un espectro amplio de necesidades, no una categoría cerrada.
Diseñar pensando en cada necesidad, y no en un único modelo de persona, es lo que de verdad ayuda a las generaciones mayores a mantenerse conectadas. Porque innovar no es incorporar más tecnología, es decidir qué tecnología merece existir, con qué criterio y para quién. Una innovación solo tiene valor real cuando responde a una necesidad concreta, no cuando se suma por inercia. Y eso, antes que una decisión de producto, es la consecuencia de haber escuchado.
En SPC llevamos casi cuatro décadas diseñando tecnología para ellos. Una trayectoria que nos ha enseñado que la autonomía y el envejecimiento saludable se consiguen eliminando barreras, creando diferentes productos y no añadiendo siempre las mismas funciones para todos.
Para diseñar una tecnología distinta hace falta, antes, tener una conversación distinta. Tener las conversaciones que nunca tuvimos. Empezar a preguntar en lugar de asumir. Y, sobre todo, actuar en consecuencia de lo que esas conversaciones nos cuenten.
