lunes, 12 enero 2026
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Santiago González D’Ambrosio / Responsable de la iniciativa ‘Prado Inclusivo’

‘Hay algo que todos compartimos y llevamos dentro: la capacidad de crear y de emocionarnos ante una obra de arte’

‘Un elemento muy importante de las temáticas que elegimos es que tengan un vínculo con los intereses de los colectivos a los que nos dirigimos’. De esta manera, cuenta Santiago González D'Ambrosio, es como ‘Prado Inclusivo’ capta el interés de los distintos grupos que acuden al Museo del Prado de Madrid. La iniciativa, que trata de acercar el arte a los más vulnerables, comenzó su nueva temporada con actividades para las personas mayores
PREGUNTA.- El Museo Nacional del Prado celebra una nueva edición de ‘Prado Inclusivo’, programa con cinco actividades para acercar la cultura a colectivos como las personas mayores, personas con deterioro cognitivo o con diversidad funcional intelectual y psíquica, entre otras. ¿Cuántas personas se han beneficiado hasta ahora de esta iniciativa y que previsiones tienen para este año?

RESPUESTA.- El programa de ‘Prado Inclusivo’, que antiguamente se llamaba ‘Prado para todos’, lleva funcionando desde 2006. Progresivamente, hemos ido aumentando los grupos y los colectivos a los que nos dirigimos que, por así decirlo, se benefician de las actividades. Después de unos primeros años de asentamiento del programa, estamos en torno a los 900 o 1.000 participantes anuales. Los dos últimos años, hemos subido estas cifras bastante hasta llegar a los 1.400; y las previsiones para este año son un poquito más altas, porque vamos a ampliar algunos grupos –tendremos un centenar– y estaremos en unos 1.500 o 1.600 participantes en 2022.

P.- ¿La cultura sigue siendo menos accesible para determinados colectivos?

R.- Desde el Museo del Prado entendemos que sí, que todavía hay colectivos para los cuales la cultura es menos accesible. Eso nos impulsa a generar toda una serie de medidas de acción positiva para el acceso al museo. 
Estos colectivos –por ejemplo, personas con diversidad funcional, personas mayores con alguna enfermedad neurodegenerativa o personas con trastornos del espectro autista (TEA)–, muchas veces, para disfrutar del museo necesitan que las instalaciones tengan una serie de apoyos más allá de lo que entendemos por accesibilidad. Porque el museo, en general, no tiene barreras arquitectónicas, ya que es perfectamente practicable, visitable, se puede recorrer, tiene apoyos de textos… pero hay ciertas adaptaciones que son más específicas y que estamos desarrollando. Por ejemplo, los textos en lectura fácil de los cuáles tenemos una guía con diez obras maestras y queremos seguir aumentando ese contenido. También está la información en pictogramas para las personas con autismo. En general, se trata de aportar textos o información en otros formatos –o con otras características– que sean más fáciles o más sencillas para que ciertos colectivos y que, cuando lleguen al museo, no encuentren una barrera invisible. 

El museo está abierto y es para todos, pero si no se realizan estas adaptaciones algunas personas pueden tener la sensación de que no entienden de arte o la percepción de que el museo es algo elevado que solo es para especialistas, historiadores, artistas o personas con formación. Nosotros tratamos de borrar o eliminar esa barrera invisible.

Por otro lado, además de la inclusión de estos contenidos de apoyo, contamos precisamente con este programa, ‘Prado Inclusivo’, con actividades que tiene un elemento fundamental que es el apoyo personal. Es decir, están diseñados y realizados por personas que tienen una formación específica y que conocen el tipo de adaptaciones que hay que implementar: cómo debe de ser el lenguaje, de qué manera hay que adaptar los tiempos, los recorridos, las propuestas creativas y participativas que se llevan a cabo, el diálogo y el trato con los grupos. 
Alguna persona es la primera vez que viene, otras ya han repetido en programas anteriores. Otras veces conseguimos que, a través de su participación en ‘Prado Inclusivo, vuelvan después de forma libre con sus familias o amigos. Con esta actividad, el museo deja de estar alejado de los intereses de algunos colectivos y consigue que se perciba como lo que es: un lugar para todas las personas.

P.- Entre los objetivos de la iniciativa, habláis de llevar el museo y “el poder sanador del arte a personas y lugares que todavía no había alcanzado”. ¿Cuál es el poder sanador del arte?

R.- El arte y la creatividad son elementos comunes a todas las personas, con independencia de su edad, formación, diversidad funcional… Hay algo que todos compartimos y todos lo llevamos dentro: la capacidad de crear y de emocionarnos ante una obra de arte. 

Yo no solo hablaría del poder sanador del arte, sino del poder sanador que tiene el propio museo, como espacio de inclusión, de normalización o como un lugar en el que las personas dejan a un lado sus entornos cotidianos, como podrían ser los centros ocupacionales, un centro de rehabilitación psicosocial o una residencia. El museo es un entorno donde lo que prima es la naturalidad, la cercanía y el diálogo. Lo que persigue este espacio es que todos seamos iguales y esto surge de un modo espontáneo a partir de lo que nos muestran las obras de arte. Estas obras nos llevan a hablar de muchas cosas, algunas son personales o tienen que ver con la actualidad, con la historia, con el arte en sí… Generamos un entorno de confianza y seguridad que, de alguna manera, aporta ese poder sanador del que hablamos. 

Además, este programa lo empezamos a adaptar al formato online a raíz de la pandemia, en unos momentos muy difíciles para colectivos como, por ejemplo, el de las personas mayores de las residencias, y entendimos que, en ese encierro, estaría bien abrir una ventana –aunque fuera a través de la pantalla del ordenador– para respirar y salir de esa única realidad pandémica en el que todos estábamos metidos.

P.- Hablando de emociones, y ahora que mencionas a las personas mayores, dentro del programa está prevista la actividad ‘Te quiero en pintura: retratos con emoción’, dirigida los que superan los 65 años. ¿En qué consiste esta actividad?

R.- Esta actividad se dirige al colectivo senior, con deterioro neurocognitivo o no, con algún tipo de discapacidad física o no. Nos adaptamos a cada grupo, que suelen venir de residencias, de asociaciones de personas con Alzheimer o de centros de día. 

La propuesta o el hilo conductor de la actividad parte de la idea de la memoria emocional. Como otros programas que se han realizado en el museo o en otros centros –como el de la reminiscencia, de activar los recuerdos de las personas–, en este caso, los estudios nos hablan de que la memoria emocional puede ser una de las vías más importantes para acceder a los recuerdos, vivencias y emociones positivas. 

Las personas que tienen deterioro cognitivo conservan durante más largo tiempo la memoria que se graba a través de la emoción. Lo primero que se olvida es lo cotidiano, lo que tienes que hacer a corto plazo, mientras que este tipo de memoria con un nexo emocional se mantiene e incluso es más fácil estimularla y eso puede mejorar la calidad de vida y activar un mayor bienestar en las personas mayores.

Entonces, partiendo un poco de esa idea, lo que hacemos es hablar de algunos de los grandes pintores del museo –Tiziano, Rubens, Velázquez, Goya…– desde su lado más íntimo y más humano. Esto se hace a través de sus obras, que suelen ser autorretratos, en los que los propios artistas proyectan un momento de su trayectoria vital; y también otras obras en las que han incluido retratos de algunos de sus seres queridos, viendo cómo incorporan a esos seres queridos a su propia creación artística o por qué y en qué momento. Esto nos permite hablar de su vida personal y no tanto de su trayectoria artística o profesional. 

Ese estímulo nos sirve para realizar una serie de dinámicas de memoria emocional y las personas que están participando en el grupo, si lo desean, pueden aportar, por ejemplo, fotografías personales o de sus familiares y participar contándonos sus vivencias y emociones.

P.- ‘Invencibles en El Prado’ es otro de los talleres que se centra en el concepto de resiliencia y que se dirige a personas con daño cerebral o población en situación de vulnerabilidad social. ¿Cómo eligen las temáticas?

R.- Por un lado, un elemento muy importante es que las temáticas tengan un vínculo con los intereses de los colectivos a los que nos dirigimos. No queremos tratar temas que les queden completamente alejado, sino que tengan alguna relación, como en el ejemplo que comentas, el de ‘Invencibles en El Prado’, en el que trabajamos el concepto de la resiliencia con colectivos que justamente se han enfrentado a situaciones vitales complejas y que pueden empatizar con las situaciones y verse reflejados a través de las obras del museo. 

Otra actividad, la de ‘Sui géneris. Arte, publicidad y estereotipos’, en la que nos dirigimos a colectivos que en su entorno trabajan mucho con la idea de género, igualdad y respeto, y de romper con todos esos estereotipos y roles de género que nos han condicionado a lo largo de la historia, tanto a hombres como a mujeres. 

Buscamos esas temáticas, que no suelen ser la típicas o las más clásicas o historicistas, para ofrecer otras completamente transversales y que, como dije, se vinculen al público al que nos dirigimos. 
Luego también es importante que, si se va a realizar alguna actividad creativa, esta también guarde relación con las obras que hemos seleccionado; y si hablamos de grupos con problemas de movilidad, hay que diseñar un recorrido en el que las obras estén cercanas unas a las otras.

P.- En cuanto a las visitas presenciales, ¿cómo suele ser el procedimiento?

R.- La mayoría de los programas consisten en dos sesiones. En la mayoría de casos, primero hay una sesión en el centro de la entidad que participa y una segunda, en el museo. De esta manera, se va estableciendo un primer contacto entre los participantes y la educadora del museo. 

Esta educadora se desplaza hasta las instalaciones del centro y allí suele realizar una presentación con imágenes de lo que se van a ver en el museo y suele proponer también un primer diálogo o propuesta creativa. De alguna manera, la educadora prepara a ese grupo para luego venir al museo y aprovechar esa visita en las mejores condiciones: con cierta confianza con la persona que les acompaña, teniendo una idea más precisa de lo que van a trabajar, de lo que van a ver, hablar o de si van a realizar o no un taller. Es decir, el viaje es de ida y vuelta, porque las personas no solo vienen al museo, sino que el propio museo también sale de sus puertas y conoce directamente la realidad de esas personas.

P.- También cuentan, como comentó antes, con la posibilidad de realizar las visitas por videoconferencia. En ese segundo caso, ¿cómo se realiza esa visita al Prado de forma online?

R.- El primer año de pandemia este formato lógicamente fue el predominante, con un 75% de las actividades en formato online, ya que era bastante complicado salir, se trabajaba con colectivos muy vulnerables, estaba el tema de las mascarillas… e hacíamos las dos sesiones online, pero con la flexibilidad suficiente para poder cambiar a tres sesiones u a otra forma de realizar las actividades. Nosotros tenemos un gran abanico de contenidos, con presentaciones en diferentes formatos y distintas opciones de talleres y recorridos. Es decir, si un grupo tiene unas circunstancias particulares nos podemos adaptar, porque lo importante es no dejar a nadie fuera.

En el formato online, hacemos una conexión por las plataformas habituales de Internet, con la educadora y participantes conectados, y en el que se comparte un diálogo a través de la pantalla, comentando las imágenes que se muestran. Además, ampliamos nuestros contenidos a través de nuestra página web, para que cualquier persona o centro pudiera hacer uso de esos materiales, incluso sin la necesidad de realizar la conexión con el museo.

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Horacio R. Maseda
Horacio R. Masedahttps://entremayores.es/
Licenciado en Periodismo por la Universidad Pontificia de Salamanca. Cubre la información empresarial de entremayores y la edición de Euskadi.

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