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OPINIÓN

Pandemia y personas mayores. La tragedia de las residencias

Por Vicente Sanz, presidente de Conjupes

11-11-2020

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Finalizábamos el año 2019 con dos preocupaciones que priorizaban las actividades y estrategias de trabajo de las organizaciones de mayores y, muy particularmente, de nuestra confederación (Conjupes). Se trataba de combatir la soledad y de evitar el maltrato de las personas mayores. Pero, aunque estos objetivos siguen presentes, la pandemia de la Covid-19 y su brutal impacto, especialmente en el grupo de población de personas mayores, trastocaron todos los planes.

Al principio de la pandemia el sector más afectado eran los mayores. La edad media fue de 70 años y el 25% tenía más de 80 años. 

Las residencias han sido el principal foco de contagio durante la llamada primera ola. La cifra de muertos en estos centros oscila, según las fuentes entre 20.000 y 30.000 personas. Una verdadera tragedia. Y, ¿cómo ha podido ocurrir este desastre?

Pensamos que ha habido dos tipos de causas. Unas de tipo estructural y otras relativas a la manera de afrontar la crisis.

A partir de las últimas estadísticas de la dependencia del Imserso, calculamos que hay 155.000 personas (de todas las edades) con prestación residencial, que requieren cuidados. Y luego hay otras 156.000 prestaciones económicas vinculadas al servicio. De ellas un 70% son prestaciones residenciales pero puede variar. Es decir unas 100.000. En total, unas 250.000 personas en situación de grave o muy grave dependencia de las 300.000 que viven en centros residenciales. Un gran porcentaje mayores de 85 años y con numerosas enfermedades asociadas, como hipertensión arterial, cardiopatía crónica, diabetes, EPOC y obesidad.

La gran mayoría de las residencias españolas están concebidas únicamente como residencias y no como centros sociosanitarios que es lo que tenían que ser, dado el perfil de los residentes. Centros con instalaciones adecuadas, con importante dotación de personal sanitario y especializado que hubieran atendido a sus usuarios.
En cambio, ¿qué había? Una gran escasez – e incluso ausencia total– de personal sanitario, de equipos y, además, la precariedad laboral de gran parte de  sus trabajadores.

Hay que resaltar, no solo los daños físicos y las muertes, sino también el fuerte impacto psicológico en las personas mayores debido entre otros motivos a su situación de soledad –sin visitas– y de encierro continuo durante meses en sus habitaciones. Según el I Congreso Virtual de la SEGG, se calcula que casi el 60% presenta depresión, el 42% ansiedad y uno de cada tres sufre estrés postraumático. 

¿Y cómo se afrontó la crisis? Pues, salvo excepciones, con incapacidad manifiesta: no se dotó de personal sanitario ni equipos a las residencias, ni se restringieron las visitas a tiempo;  insuficiente material de protección para enfermos y trabajadores; ausencia de test para saber si estaban contagiados, aislamiento incorrecto de los infectados y,  todo ello originó que muchos murieran en absoluta soledad como sucedió también en los hospitales.
Ante la segunda ola de la Covid-19 se han mejorado algunas cosas pero pensamos que hay que efectuar profundos cambios.

En primer lugar, la transformación de las residencias en verdaderos centros de atención individualizada que puedan atender de manera integral a las personas y orientados a mejorar la calidad de vida de sus usuarios. Se lleva mucho tiempo hablando del asunto pero medidas reales pocas o ninguna.

En segundo lugar, el estado de pandemia ha puesto en evidencia la falta de coordinación que padece el Sistema Nacional de Salud. Cada comunidad autónoma gestiona sus servicios de salud de forma independiente lo que sacó a relucir los déficits de recursos materiales y personal, que nos condujo a las medidas de “triaje” que sufrieron en gran medida las personas mayores. Entre otras medidas se necesita un sistema de registro de salud pública único y homogéneo para todo el país, que nos permita conocer con certeza la situación de salud de los ciudadanos.

Por último, reivindicamos la intervención del movimiento asociativo en las decisiones que se adopten para el necesario cambio de modelo de atención residencial. En esta coyuntura, por el momento, hemos sido convidados de piedra.


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