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OPINIÓN

La desconexión de los mayores rurales

Por Teresa López, presidenta de Fademur

07-10-2019

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Por empezar sin originalidad, pero con la máxima claridad. La población rural destaca, según todos los expertos y estadísticas, por dos características: su envejecimiento y su masculinización. En un mundo, el rural, en el que se han marchado los más dinámicos de sus vecinos –jóvenes y mujeres– abundan los mayores de 65 años, pero la desconexión entre ellos es muy pronunciada.

Estoy pensando en esos pueblos de montaña en los que ser mayor y salir de casa en pleno invierno supone jugarse la vida. Pienso en todas aquellas localidades en las que ha cerrado hasta el teleclub. Son lugares en los que poco a poco se van desalojando a las personas de los espacios públicos. Los puntos de reunión se van clausurando, desaparecen, y la población se queda sin lugares de encuentro.

A esta desconexión galopante y forzada entre los paisanos de pequeños municipios tenemos que añadir aquella que les aísla de otros pobladores y que, sobre todo, afecta a la población de mayor edad. Me refiero a la desconexión consecuente de los recortes en servicios básicos en el medio rural, de los que las líneas de transporte básico son un ejemplo emblemático. 

Si ya es duro vivir en un lugar hostil para cualquiera –en el que muchas veces no hay ni una farmacia, un ultramarinos o una guardería– imagina hacerlo sin poder acceder a una ruta de autobús o tren de calidad que te permita, al menos, hacer uso de los servicios de otras localidades de mayor tamaño. Pues es así como viven miles de mayores en nuestro país, quienes componen el núcleo duro de la resistencia a la España vaciada de la que todos hablan y, a su vez, sufren con mayor gravedad el desamparo en el que se están sumiendo los pueblos.  

Y es que, ¿cuántas veces hemos escuchado que en los pueblos poco haces sin un coche? Siempre ha habido una parte de cierto en esto, pero hoy en día es dramático. Ser mayor y no poder conducir un vehículo puede suponer que solo tengas la oportunidad de comprar lo más básico de una farmacia una vez a la semana, cuando abren el botiquín. También que tengas que gastar un alto porcentaje de la pensión para poder acudir en un servicio de taxi a los servicios médicos especialistas.

Los ejemplos son muchos más y todos ellos sangrantes. Por eso, desde Fademur luchamos en dos frentes contra estas situaciones. Por un lado, intentamos lograr la igualdad de servicios (necesaria para la igualdad de derechos) entre el mundo rural y el urbano. Lo hacemos a través del diálogo y la presión a todos los niveles de la Administración, la única que, en última instancia, puede y debe garantizar estos servicios a todos sus ciudadanos. 

Por el otro, a sabiendas de que la población rural solo puede contar consigo misma, en Fademur estamos trabajando muy duro para promover el envejecimiento activo y, así, depender lo mínimo, y lo más tarde posible, de lo público. A través de nuestro programa ‘Cuidándonos para un Futuro Mejor’, las mujeres rurales estamos promoviendo una mejora de la calidad de vida de las personas mayores de 65 años. 

La alimentación, los afectos, la vida pública e intelectual, el ejercicio físico, el uso de nuevas tecnologías de la información y la comunicación… Los cambios de hábitos que afectan a todos estos aspectos pueden suponer una mejora sustancial de la existencia de muchísimas personas que, viviendo en el mundo rural, no pueden contar con nada ni con nadie más. 


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