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OPINIÓN

Bioética en la atención a las personas mayores

Por Libertad Álvarez, presidenta del Comité de Bioética Asistencial de Amavir

04-02-2020

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En el campo de atención a las personas mayores y dependientes, la bioética asistencial es una disciplina totalmente necesaria que debe responder a muchos retos para alcanzar la excelencia en el trato y la atención integral a las personas. 

En la sociedad actual contamos con un número muy elevado de personas mayores que se encuentran en situación de dependencia física y/o psíquica y que precisan apoyo para desempeñar actividades en su vida diaria por parte de otras personas (bien sean familiares o profesionales) o por organismos especializados. Ante esta realidad, es necesaria la elaboración de unos mínimos estándares éticos que protejan y velen por el respeto a la dignidad de la persona mayor y la promoción de su calidad de vida. 

La bioética está basada en cuatro principios básicos (autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia), de cuya aplicación pueden surgir conflictos éticos en distintos ámbitos, tales como adecuación terapéutica al final de la vida, uso y abuso de restricciones físicas y químicas, consentimiento informado, cuidados dignos, intimidad, afectividad y sexualidad, confidencialidad, calidad en la atención, etcétera. Pero quizá el más complicado de manejar, sobre todo en centros residenciales, sea el principio de autonomía, dadas las características de estos centros y del colectivo que atienden, formado por un gran número de personas con déficit cognitivo que pueden dar lugar a pensar que son incompetentes para la toma de decisiones sobre su vida. 

Las personas mayores tienen derecho a decidir qué es lo que quieren o no, por eso es necesario esforzarse en valorar la competencia de la persona para la toma de decisiones de una manera individual. Por ejemplo, alguien que presente deterioro cognitivo puede ser competente para tomar ciertas decisiones como qué actividades hacer, qué ropa ponerse o con quién relacionarse. Y, a la vez, puede ser incompetente para otras, como el manejo del dinero o renunciar a un tratamiento prescrito e importante para su salud. Para gestionar todas estas cuestiones, existen diferentes herramientas que pueden ayudar a los profesionales a medir el grado de competencia de cada persona en cada situación. Y en el caso de personas cuyas competencias están muy mermadas, la autodeterminación puede hacerse efectiva a través de terceros siempre que se respeten las voluntades y tengan en cuenta la biografía y valores de la persona. En este sentido, existen instrumentos legales, como el plan anticipado de decisiones, documento de instrucciones previas o autotutela que recogen de forma anticipada las decisiones en relación a una hipotética incapacidad. 

Estos asuntos requieren de una profunda reflexión por parte de quienes trabajamos en el ámbito sociosanitario. Estamos ante un cambio de paradigma que implica reconsiderar los modelos tradicionales, para procurar una mejor atención a las personas mayores, más personalizada, y poniendo mayor énfasis en su autonomía y capacidad de decisión y en el respeto a su dignidad como personas. Esto nos permitirá también mejorar el reconocimiento social de cuantos nos dedicamos a este sector. 


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