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OPINIÓN

¿Es necesaria la formación del asistente personal?

Por Teresa Orihuela Villameriel, directora técnica de Fundación Intras

12-03-2019

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Driss, el joven negro que trabajaba para Fracoise Cluzet en la película francesa ‘Intocable’, es la imagen de la asistencia personal. El candidato más inapropiado, sin formación y ausente de compasión hacia el discapacitado consigue un engaste perfecto entre asistente y asistido. La sabiduría popular nos recuerda: “Siempre hay un roto para un descosido”.

La formación oficial no es la clave para que una persona mayor en situación de dependencia o una persona con diversidad funcional encuentre al asistente apropiado. El apoyo que precisa para poder desarrollar su proyecto de vida incluye un amplio espectro de posibilidades en lo que a tareas y escenarios se refiere: actividades de la vida diaria en la intimidad del hogar o acompañamiento en el contexto social, educativo o laboral...

La experiencia en el uso de la figura de asistente personal nos muestra que la formación más relevante se centra en la propia relación entre asistente y asistido. Es, además, esencial la existencia de una afinidad personal, aspecto de difícil objetivación, precisamente por tratarse de una relación entre sujetos y, en consecuencia, marcada por la subjetividad. Sin embargo, no es una relación de voluntariado o de amistad, es una relación laboral entre dos personas, una que precisa apoyo en su proyecto vital y otra que desea trabajar prestando el apoyo.

La insistencia en estos dos aspectos, la formación innecesaria y el acento en la relación laboral, han llevado a la construcción de una figura que a veces funciona mejor en la teoría que en la práctica, y cuando funciona aparecen ingredientes que mucho tienen que ver con componentes relacionales y personales.

La formación se orienta por las necesidades y deseos de cada asistido. La experiencia en la prestación del servicio de asistencia personal y en la formación de asistentes nos muestra que existen una serie de competencias básicas para abordar el apoyo a las personas y a la inherente vulnerabilidad de todos los seres humanos. 

Competencias comunicativas, emocionales y éticas, que pueden ser innatas, pero que también se aprenden y enseñan. La importancia esencial del carácter laboral de esta figura y la capacidad directora del asistido no tiene que ensombrecer su carácter relacional y personal.

La Gerencia de Servicios Sociales de Castilla y  León, en colaboración con entidades como Fundación Intras, forma con este enfoque a personas con diversidad funcional y en situación de exclusión social como asistentes personales, considerando que la experiencia de primera mano es un valor para poder apoyar a otros.

Poner el foco en el asistente personal, diseñar su código deontológico, valorar los aspectos más personales de esta relación y profesionalizarla es trabajar por la calidad de vida de los mayores en situación de dependencia o con diversidad funcional.


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