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OPINIÓN

¿De la epidemia de la soledad a la pandemia del aislamiento social?

Por Maria Ángeles Tortosa, profesora de la Universitat de València, y y Gerdt Sundström, profesor Emerito de University of Jönkoping (Suecia)

30-03-2020

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En un artículo anterior habíamos analizado la imagen común de epidemia de soledad y su dramatización en los medios. Es cierto que un pequeño porcentaje de personas mayores (9-10%) en España, y menos en los países nórdicos, alberga sentimientos inquietantes de soledad, pero esto se confunde con el hecho de que las personas mayores viven cada vez más solas, o solo con su pareja, cuando en su mayor parte las personas mayores quieren y ahora pueden permitirse esa autonomía. En cambio, los más jóvenes ven esto como un problema y suponen que aumenta la soledad.

Varias encuestas, en España e internacionales, muestran que entre quienes viven solos, la mayoría prefiere esto a vivir con otros. Sin embargo, a un pequeño porcentaje no le gusta vivir solo, para ellos, en general, surgen soluciones, pero demasiado lentas, como las viviendas compartidas y cooperativas solo para personas mayores. En Suecia el 1% de las personas mayores viven en alojamientos como éstos; en cambio en España todavía están en desarrollo. Quedan otras soluciones como mejorar los servicios sociales y más lugares de reunión, como los ya administrados por UDP y otros. Creemos que el enfoque británico de un Ministerio de Soledad específico es ineficiente y demasiado paternalista.

El paternalismo y los estereotipos de las personas mayores ocurren en todas partes. Con el Coronavirus, el paternalismo del Estado Sueco es visible en anuncios sobre "proteger a nuestros viejos y frágiles". En España y otros países las medidas obligatorias aíslan a las personas y los medios suponen que la soledad aumentará. Quizás, pero también tiene algunos efectos inesperados. La cercanía social puede estar bien (pero también facilita el contagio), y los medios chinos ahora informan del aumento drástico en las solicitudes de divorcio, que piensan es resultado de la cercanía forzada.

Nos enfrentamos a una contradicción: algunas medidas de los gobiernos presionan por más contactos sociales, otras intentan reducir los contactos sociales y aislar a las personas. Confundidos, hablamos de una pandemia de soledad. Hay una paradoja: Cada vez más vemos a las personas mayores como activas, más de ellas continúan trabajando y son autónomas, y sin embargo, también las estereotipamos como grupo, siendo frágiles, solitarias, aisladas...

Tal vez podríamos estar de acuerdo en algunos hechos:
La soledad no siempre se debe al aislamiento social.
La soledad no siempre se debe a vivir solo.
Algunas personas que viven solas son de hecho solitarias.
Algunas personas que viven con otros son solitarias, como las personas mayores que cuidan las 24 horas, siete días de la semana, a su pareja demente. 

Es hora de hablar sobre los aspectos positivos. Muchas personas ahora comienzan a ayudarse entre sí, de una manera que antes no era necesaria. Hay una reserva de ayuda en la crisis. ¿Quizás algunas personas viven esta época como un "regalo" y un descanso de esta era moderna con su escasez de tiempo para la familia y la reflexión? Pensemos en el bienestar común que nosotros como sociedad civil podemos crear si actuamos juntos.


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