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Sonría: hay ocho fotógrafos por España documentando la vida durante la pandemia

Reunidos bajo el proyecto ‘Covid Photo Diaries’, un grupo de profesionales de la fotografía ofrecen su mirada a través del objetivo para contar las historias (sean tiernas o duras) que deja el paso del coronavirus por todo el país

Redacción EM 17-06-2020

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Un usuario de los servicios de Cruz Roja en Zaragoza.

judith prat

Javier Fergo, José Colón, Judith Prat, Olmo Calvo, Susana Girón, Anna Surinyach, Manu Brabo e Isabel Permuy son fotógrafos. Cada día, desde que se decretó el estado de alarma, salen a la calle, buscan una historia y la comparten a través de un proyecto conjunto: ‘Covid Photo Diaries’, que desde su perfil de Instagram ya cuenta con más de 18.000 seguidores. En esta misma plataforma, se definen como “ocho fotógrafos, un virus”.

“Nuestra intención es ofrecer un mapa lo más amplio posible de un momento tan importante como este”, explica a entremayores Judith Prat. “Y creo que hemos conseguido lo que queríamos: dar una visión de lo que ocurre en diferentes puntos del país, con diferentes perspectivas y diversos temas, que cada uno aborda con total libertad”. Así, estos profesionales continuaron no dejaron de lado su pasión por la cámara muy a pesar de las restricciones, las cuales cambiaron tajantemente la forma en que trabajaban. “Una de las cuestiones que más nos preocupaba era que pudiéramos ser un peligro para las personas que fotografiábamos”, admite Prat. Por este motivo, lo primero que hicieron fue acopiar material de protección para poder continuar con su actividad. “Al principio, eso era muy difícil y hacíamos fotos de calle, pero conforme pudimos tener la equipación necesaria, empezamos a trabajar de otra manera y a contar otro tipo de historias”.

Precisamente las historias que Judith se centró en contar se situaban en los cuidados a personas vulnerables en el medio rural de Zaragoza. “Se había puesto el foco en los sanitarios de los hospitales, y nos estábamos olvidando de los profesionales de Atención Primaria que han sido dique de contención a la hora de detectar casos”. Y Prat acabó documentando la actividad de la atención médica domiciliaria. “Me llamó mucho la atención la complicidad entre el personal sanitario con sus pacientes. Cómo los cuidan, cómo se esfuerzan por protegerlos. A veces se nos olvida la importancia de todo ese sistema de cuidados”. En este sentido, cree que “hay que reforzar el papel de lo público para  temas tan importantes y tan vitales como este”.

Un buen día, Prat sacó su foto favorita. Se había trasladado hasta Cariñena, donde conoció a Mariano, de 91 años. “Vive solo y sus nietos viven en Madrid. Se confinó desde el primer momento y el único contacto que tenía con el exterior era Pilar, su cuidadora. Verlos juntos era maravilloso”, cuenta la fotógrafa. “Pilar contaba que Mariano era cocinero, y él contestaba que aprendió cuando iba a vendimiar a Francia. Mariano leía perfectamente sin gafas una novela sobre el lejano oeste, y contaba que tenía ganas de que se terminase el confinamiento para salir a leer a la puerta de casa y sentarse en la calle al sol”, recuerda. Pequeñas historias que, sin quererlo, hacen que Prat afirme con contundencia que “una sociedad que se dice avanzada tiene que tener un fuerte sistema de cuidados para que nadie se quede atrás”.

RETRATAR UNA PANDEMIA
Más que poner caras a los efectos de la Covid-19, Prat quería contar historias a través de las imágenes. Y lo más duro para ella fueron “los funerales, o la ausencia de ellos”. Entierros en soledad o con solo tres destrozados miembros de la familia, que a la fotógrafa le parecieron “durísimos”. “Culturalmente, tenemos otra forma de despedir a quienes fallecen, y es acompañando a la familia y amigos. Durante todo este periodo, eso no se ha podido hacer”, lamentó.

La cuestión es que esas historias tenían que quedar grabadas, por difíciles que fueran. Y ahí reside el imprescindible papel de la fotografía. “Este ha sido un hecho insólito en nuestro país y en nuestra historia, y nuestra labor es registrar lo ocurrido durante ese tiempo”, defiende Prat, quien confiesa que “en algunos momentos no nos han dejado hacer nuestro trabajo, y eso es un error gravísimo”.  

Gracias a ellos y a otros muchos fotógrafos, todas las caras de la pandemia habrán quedado inmortalizadas, así que sonría: podría haber un fotógrafo cerca.


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