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La SEGG y La Caixa reclaman el abordaje multidisciplinar del problema de la soledad

Según un estudio elaborado por esta entidad bancaria, en los senior hay un alto riesgo de aislamiento social, afectando, este cambio, más a los hombres que a las mujeres e incidiendo más en las que poseen un bajo nivel educativo

Redacción EM 15-07-2019

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El CaixaForum de Barcelona acogió el curso ‘Soledad en las personas mayores’, dirigido por Javier Yanguas y Sacramento Pinazo, y organizado por la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) –a través de su Fundación Envejecimiento y Salud (FES)– con el apoyo de Fundación La Caixa.

En palabras de Cristina Segura, directora del programa de personas mayores de la Fundación Bancaria La Caixa, “el curso trata de analizar la soledad y el aislamiento social, bajo una mirada interdisciplinar aportando soluciones eficaces y eficientes que mejoren la calidad de vida y bienestar emocional de las personas mayores”. El vocal social de la SEGG, el psicólogo Raúl Vaca, agradeció la labor de la anterior junta directiva de la SEGG que trabajó con anterioridad este curso, así como a La Caixa por su compromiso en la mejora de la calidad de vida de los senior, explicando que “entendemos que la mejor forma de tratar de responder a las necesidades complejas y cambiantes de la sociedad a medida que envejecen sus miembros: el trabajo colaborativo entre todas la entidades”.

EL RIESGO DEL AISLAMIENTO SOCIAL
La primera intervención corrió a cargo de Javier Yanguas, director científico del Programa de Mayores de Fundación La Caixa, quien presentó el estudio elaborado por esta entidad sobre ‘Soledad y riesgo de aislamiento social en las personas mayores’. Las conclusiones de la investigación señalan la existencia de un alto riesgo de aislamiento social entre las personas mayores que tiene una mayor incidencia en hombres y la importancia del nivel educativo, puesto que cuanto más bajo sea más probabilidades de aislamiento social habrá. A lo que, añadió Yanguas, “las trayectorias vitales también tienen importancia en el fomento de redes sociales que perduren o que faciliten generar unas nuevas con el fin de evitar las situaciones de soledad”. Así, el experto reclamó la importancia de “estar alerta para actuar ante la soledad de las personas en los próximos años”.

A continuación Mercè Pérez Salanova, de la Universitat Autónoma de Barcelona, departió sobre los conceptos y representaciones de la soledad durante el envejecimiento, resaltando la importancia de generar oportunidades de participación para que las personas en riesgo de aislamiento social y soledad creen redes duraderas y estables que les protejan ante dicha soledad.

Por su parte, la doctora en Psicología y exvicepresidenta de Gerontología de la SEGG, Sacramento Pinazo, hizo una revisión sobre la evidencia científica obtenida por las diferentes intervenciones que se pueden realizar para paliar la soledad no deseada. En primer lugar, señaló la importancia de saber distinguir cuándo hay que intervenir y cuándo no, básicamente se intervendría cuando exista una situación de soledad no deseada por la persona o existen riesgos importantes para su integridad física. Además, destacó que existe un déficit importante de intervenciones con evidencia científica publicadas en muestra española (los estudios existentes suelen ser anglosajones o nórdicos). Finalmente, destacó que las intervenciones que mejor funcionan son aquellas que utilizan los recursos comunitarios y piden que los usuarios sean proactivos en todas las fases del diseño de dichas intervenciones.

Por su parte, Montserrat Celdrán, patrona de Amics de la Gent Gran y profesora de la Universitat de Barcelona, explicó los resultados del primer estudio del Observatorio de la Soledad, en el que se explicita que la soledad ocurre de diferentes formas a lo largo del ciclo vital de una persona. Tanto la soledad deseada como la no deseada. Las intervenciones que se realicen deben estar adaptadas a esas diferencias propias de cada etapa de la vida. Además, concluyó diciendo que existen necesidades comunes en todas las generaciones.

Asimismo, Luz Morín, de Espacio Communitas, habló sobre la intervención comunitaria, concretando que “la intervención comunitaria debe implicar siempre a tres agentes para optimizar los resultados que se obtengan: la ciudadanía, los recursos técnicos y profesionales, y finalmente, a las Administraciones públicas”.

ÉTICA Y EFECTOS SOBRE LA SALUD
Francesc Torralba, director de la Cátedra Ethos de ética aplicada de la Universidad Ramón Llull y presidente de varios comités de ética asistenciales, reflexionó sobres las implicaciones de ética y la soledad en los senior, dando un papel fundamental a la responsabilidad que tenemos no solo como profesionales, si no como personas que viven en sociedad, de intervenir ante los casos de sociedad recurriendo a la Ley de Oro de la ética: aquello que no quieres para ti, no lo des a los demás; es decir, si hay un problema o situación en la que a ti no te gustaría vivir o experimentar, trata de cambiarla si alguien la sufre. 

La médico de la Fundació Envelliment i Salut de la Universidad Autónoma de Barcelona, Laura Coll, expuso la evidencia existente que relaciona soledad con las consecuencias negativas para la salud de las personas que la sufren y ha resaltado la importancia del capital social como protector de dicha soledad. “La soledad contribuye a un aumento de la tension arterial, problemas cardiovasculares y del sueño. Además de un mayor riesgo de tener demencias e incluso Alzheimer”, explicó la doctora.

Por su parte, Andrés Losada, profesor de la Universitat Rey Juan Carlos, expuso cómo la soledad en los cuidadores  introduce una mayor vulnerabilidad y riesgos para la salud de dichos cuidadores. Además, señaló la necesidad de estar pendientes de las personas más vulnerables –a su juicio, las hijas cuidadoras– y aclaró que en la soledad experimentada por una cuidadora influyen procesos inconscientes en el que intervienen factores culturales (familismo), procesos sociales (aceptación de la enfermedad, discriminaciones, etcétera) e institucionales (recursos existentes para intervenir y cuidar a los cuidadores).  “Las intervenciones pueden ayudar a las necesidades específicas de los cuidadores, a romper barreras (como la de pedir ayuda o reservar una parte del tiempo para el ocio propio), proporcionando recursos en los que apoyarse y ayudando a ser coherentes con el valor del cuidado”, concluyó. 

La última intervención del curso corrió a cargo de Javier Yanguas. La fragilidad y la soledad experimentada por las personas en situación de fragilidad, fue el epicentro de su exposición. A su juicio se caracteriza por una experiencia personal de la fragilidad que implica sentirse más o menos vulnerable, la experiencia de pérdidas significativas en las relaciones sociales y la pérdida del sentido de la vida. Además, introdujo lo que ha denominado soledad existencial que se caracteriza por una falta importante de conexiones o relaciones, la presencia de emociones negativas (miedo, pánico, tristeza, abandono), alienación o vacío y, finalmente, aislamiento.


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