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La SEGG propone diez recomendaciones para los posibles rebrotes que surjan en residencias

La sociedad científica envía un documento a las autoridades sanitarias para evitar "respuestas tardías" ante los nuevos casos de coronavirus entre los usuarios de estos centros

Redacción EM 20-08-2020

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La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) ha elaborado y enviado a las autoridades sanitarias un decálogo de recomendaciones para el manejo de los rebrotes de Covid-19 que puedan aparecer en las residencias de mayores.

En el documento se concretan propuestas sobre la asunción de riesgos de rebrotes para evitar el cierre absoluto de las residencias, la prevención y detección precoz de casos en un centro, el aislamiento con sectorización de las residencias, la formación de los profesionales, la elaboración de mapas de centros, la designación de circuitos de derivación y tratamiento, definición de rol de los diferentes niveles asistenciales, la habilitación para dispensar tratamientos hospitalarios en residencias, planes de contingencia y transparencia.

Se parte de la premisa de que en la situación actual, en la que el virus no ha sido erradicado y se produce una transmisión asintomática en una alta proporción de casos, la desescalada de estos centros irá asociada a la aparición de rebrotes.

"El rebrote por sí mismo no supone una gestión inadecuada de la desescalada o del control de la infección. Es la respuesta tardía a estos rebrotes la que se debe evitar y minimizar al máximo", señalan desde la SEGG.

Estas recomendaciones pretenden dar una respuesta rápida ante la aparición de cualquier rebrote, intentando frenar la expansión de la infección y tratar de forma adecuada a los pacientes infectados por el SARS-CoV-2 en la mejor ubicación posible y, en función de su situación clínica y deseos, ofrecer tratamiento preventivo, de soporte o paliativo. Como se realiza con el resto de la población.

1. Es necesario asumir el riesgo de rebrotes y evitar el cierre absoluto de las residencias. La SEGG es consciente de que desescalar siempre conlleva rebrotes y que éstos pueden afectar especialmente a las residencias, por sus características, y es por ello que hay que extremar las precauciones en esta población. Pero el aislamiento extremo está causando importantes efectos secundarios en los residentes, afectando a veces muy gravemente a su bienestar y estado de salud: la restricción de la movilidad y del contacto social tiene importantes repercusiones negativas en el adulto mayor, especialmente un incremento en la incidencia de síndromes geriátricos: aparición de fragilidad, sarcopenia y/o incontinencia aparición de trastornos afectivos (ansiedad, depresión…) y cognitivos por restricción del contacto social.

Es por ello que hay que buscar permanentemente el equilibrio entre proteger del contagio por coronavirus, el mantenimiento de la movilidad y algunas relaciones sociales.

2. Prevención y detección de casos en el centro. Se debe realizar test PCR para SARS-CoV-2 en los casos de ingreso nuevo en la residencia, ante cualquier síntoma –fiebre, síntomas respiratorios, diarrea, desorientación, manifestaciones cutáneas, etcétera–; y en todo contacto directo con una persona con coronavirus. También se debe realizar test periódicos a los profesionales del centro.

Ante la aparición de un positivo en el centro, se realizará el correcto aislamiento del residente en su habitación o en la planta o área y se realizarán test PCR de cribado y cuarentena a todos los contactos cercanos. Según las recomendaciones del Center for Disease Control (CDC) actualizadas a 16 agosto 2020, no necesitan test PCR ni cuarentena aquellas personas en las que se tenga evidencia de que han pasado la enfermedad (anticuerpos positivos) en los últimos tres meses, salvo que la persona presente síntomas. Si hay positivos en la residencia, el régimen de visitas debe ser restringido, de acuerdo a las normas de cada comunidad autónoma.

3. Aislamiento. Sectorización de las residencias. Para realizar un correcto aislamiento y prevención de la extensión del virus en el centro, el centro tiene obligación de proveer de los equipos de protección individual (EPI) a los profesionales y se recomienda disponer de una reserva de los mismos para evitar el desabastecimiento. Se recomienda que la ocupación de la residencia no sea superior al 90% para asegurar la disponibilidad de habitaciones libres para el aislamiento.

La sectorización debe señalar los circuitos de entrada y salida de las zonas Covid y zonas No-Covid. Se deben señalar también los circuitos de retirada de residuos, separando los residuos biológicos. La sectorización debe ser comprobada y aprobada por los Servicios de Salud Pública correspondientes, al no existir estos especialistas (ni tampoco la responsabilidad de disponer de ellos) en las residencias de mayores de nuestro país.

4. Formación de todos los profesionales. Especialmente aquellos con menor formación técnica como gerocultores o profesionales de la limpieza, lavandería o cocina, deben ser formados en la correcta utilización de los Equipos de Protección Individual (EPI). Se debe nombrar un responsable Covid-19 en cada residencia entre sus profesionales mejor formados, para que monitorice y corrija errores en la utilización de los EPI.

5. Mapas de centros. Los centros sociosanitarios y las residencias son heterogéneos y con grandes variaciones de unos a otros, incluso dentro de la misma ciudad y comunidad autónoma. En cada área sanitaria se debe establecer un mapa de las residencias de mayores, clasificando los centros en tres categorías:
- Tipo A: centro residencial con profesionales suficientes con capacidad para prestar la atención que requieren estos pacientes y con posibilidad de aislar áreas del edificio para un aislamiento correcto.
- Tipo B: centro residencial con profesionales sanitarios suficientes que no tienen capacidad para aislar zonas del edificio, pero sí pueden tratar puntualmente en habitación individual algún caso aislado. 
- Tipo C: centro residencial sin profesionales sanitarios suficientes y que no tienen capacidad para aislar zonas del edificio ni habitaciones.

6. Circuitos de derivación y tratamiento. Los residentes deben ser clasificados en función de su situación basal y de su situación clínica. Se clasifican en: persona frágil/dependiente o con multimorbilidad compleja; persona en situación de final de vida; personas con afectación leve; personas con afectación moderada; y personas con afectación grave.

7. Rol de los diferentes niveles asistenciales.
En Atención primaria: realización de pruebas PCR y test serológicos a residentes y profesionales y atención clínica a las residencias de tipo C y B. En Atención geriátrica hospitalaria (y geriatría de enlace si existe): atención a residentes derivados al hospital tras valoración individualizada, soporte de consultoría telefónica a dudas de atención primaria y soporte de consultoría presencial, si se estima oportuno, a las residencias de tipo A.

8. Habilitación para dispensar tratamientos hospitalarios en residencias. Se debe dar la posibilidad, durante la duración del plan, al menos a las residencias de tipo A, de ofrecer oxigenoterapia, tratamientos intravenosos convencionales y tratamientos paliativos.

9. Planes de contingencia. De forma urgente todas las residencias de mayores deben disponer de un plan de contingencia ante el rebrote que establezca: responsables de la realización de los test PCR a residentes y profesionales y protocolos de actuación; sectorización de cada residencia; clasificación del centro en tipo A, B o C; y planes de formación de los profesionales para hacer frente a la infección. Así como planes de refuerzo de las plantillas, de comunicación con familiares y de refuerzo de actividades sociales, recreativas y ocupacionales, en caso de cierre total de la residencia.

10. Transparencia. Los planes de contingencia ante los rebrotes deben ser públicos y accesibles a cualquier ciudadano y, desde la SEGG, recomiendan que se publiciten a través de las páginas web de las consejerías de salud de cada comunidad autónoma.

Es también recomendable la publicación de la afectación de la epidemia de Covid-19 en las residencias de mayores de España, con datos homogéneos lo antes posible. "La terrible afectación que la epidemia ha tenido en la población más vulnerable de nuestra sociedad, los adultos mayores, transciende las estrategias políticas y territoriales y nos obliga a recuperar la confianza a través de la transparencia", destacan en el documento.



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