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COVID-19

La SEGG propone al ministerio una serie de pautas a adoptar en las residencias de mayores

La sociedad, a través de sus expertos, hace llegar sus consideraciones en la gestión de esta epidemia

Redacción EM 18-03-2020

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La Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, a través de su grupo de expertos médicos de residencias, ha propuesto al Ministerio de Sanidad una serie de pautas que considera importantes para la gestión de la epidemia de Covid-19 en residencias de personas mayores y centros sociosanitarios. En concreto se han hecho llegar estas recomendaciones: 

1. Se ha de establecer un plan de actuación único, tanto para las residencias de mayores públicas como privadas.
2. Las derivaciones al hospital de agudos de ancianos con Covid-19, desde una residencia de mayores, se han de reducir al máximo, en todo caso, no ha de basarse la limitación en la edad sino en criterios de situación funcional y pronóstico y ser individualizadas.
3. Los pacientes deben ser tratados en unidades aisladas y dedicadas específicamente a pacientes con Covid-19, para separar rápidamente a estas personas del resto de personas de la residencia y evitar la propagación de la enfermedad. Si no se puede aislar por unidades, será preciso aislar todo el centro.
4. La distribución de recursos sanitarios y sociales en España es muy heterogénea entre comunidades autónomas e incluso dentro de cada comunidad autónoma, según la ciudad o región de que se trate. Es por ello necesario establecer un plan de recursos por territorios a consensuar entre la autoridad sanitaria y social.
5. Según la disponibilidad de atención médica y de enfermería y la posibilidad de realizar un correcto aislamiento, las unidades de Covid-19 se podrán ubicar en:
- Hospitales de media estancia, hospitales de apoyo o unidades de atención intermedia.
- Algunas residencias de ancianos con las características señaladas (la gran mayoría de las existentes en el país no son candidatas).
- Unidades habilitadas específicamente para la presente epidemia: alas desocupadas de hospitales de agudos, residencias acabadas pendientes de apertura, hoteles equipados específicamente, grandes espacios equipados para tal fin como pabellones deportivos, etcétera.
6. En todos los casos se deberá realizar una inversión urgente para aportar las correspondientes EPIs, fármacos y material sanitario y personal para una correcta atención de los pacientes.
7. El criterio de la derivación de enfermos desde y a la residencia de mayores debe ser autorizada y monitorizada por un equipo con experiencia clínica y conocimiento de la situación del hospital y de las residencias de cada territorio.
Asimismo, alertan de que "no debe depender de los servicios de urgencia hospitalarias ni de los servivicios de emergencia de las comunidades autónomas". 
 
Esta propuesta se basa en que las personas positivas a Covid-19 en residencias de ancianos representan un problema de salud pública de primer orden en la presente epidemia por los siguientes motivos:
- Son personas con una alta dependencia física y cognitiva y con múltiples enfermedades, lo que hace de ellas una población especialmente vulnerable a esta infección.
- Viven muy próximos unos a otros y con muchos espacios diseñados para actividades grupales que favorecen la transmisión de la enfermedad.
- Necesitan ayuda intensa y diaria para su higiene y para vestirse, en muchos casos para realizar desplazamientos y para poder comer, lo que implica una alta intensidad de contacto físico con los cuidadores profesionales (mucho más alta en intensidad y frecuencia que en un hospital de agudos).
- Un elevado porcentaje de las personas padecen deterioro cognitivo importante con trastornos del comportamiento, lo que hace en la práctica imposible evitar su deambulación, la manipulación indebida de utensilios y, en definitiva su aislamiento y la transmisión de la enfermedad a otros residentes.
Además, hay que tener en cuenta los siguientes condicionantes que presentan las residencias y centros sociosanitarios:
- La mayoría de residencias de mayores del país no disponen de servicio médico y de enfermería, sino que dependen de los servicios que prestan los equipos de atención primaria.
- Los escasos establecimientos residenciales con un perfil más sociosanitario que disponen de médico y enfermería, no suelen tenerlo disponible las 24 horas del día los siete días de la semana.
- Aún aquellos que disponen de médico y enfermería no tienen acceso a medicación hospitalaria, a material sanitario para administración intravenosa o aerosolterapia, ni a equipos de protección individual.
- En muchos casos no se disponen de espacios para poder hacer aislamiento ni individual (sólo en torno al 15% de las habitaciones son individuales) ni en grupos de pacientes (no se pueden sectorizar todos los edificios).
- La gran mayoría de centros no disponen de oxígeno en las habitaciones ni la capacidad para poder prescribirlo y se les debe proporcionar por los circuitos habituales de oxigenoterapia a domicilio.
Los trabajadores también tienen unas características diferentes a los trabajadores de
los hospitales:
- Las plantillas están mucho más ajustadas por normativa que la de los hospitales de agudos (por ejemplo, en el caso de las enfermeras llega a ser de cinco veces menos; es decir, atienden a cinco veces más pacientes por turno que las enfermeras en un hospital de agudos).
- El perfil técnico es inferior al de un hospital, al haber más Gerocultores y menos Médicos y Enfermeras, lo que puede dificultar la aplicación de protocolos.
- Existe una enorme dificultad para completar las plantillas por escasez de profesionales, máxime en el momento actual, donde se está produciendo un efecto absorción por parte de los hospitales para cubrir las bajas que les está causando la epidemia.
 
Las personas mayores que viven en residencias y centros sociosanitarios son muy vulnerables por su edad y por el acúmulo de múltiples enfermedades crónicas, de tal forma que un traslado al hospital de referencia, cuando tienen un cuadro de patología respiratoria grave, se debería plantear siempre en función de su situación basal física y cognitiva y de las posibilidades reales que le puede ofrecer el hospital.

En un elevado porcentaje de casos, por el perfil de personas que se atienden en estos centros, el hospital no cambia su pronóstico, no podrá ofrecer tratamientos para su curación y no podrá ingresarlos en camas de UCI al no cumplir criterios. Y, en cambio, el traslado a un servicio de urgencias hospitalario debería valorarse de forma muy cuidadosa porque puede ayudar a la transmisión descontrolada de la enfermedad.


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