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La Fundación Ciencias de la Salud arroja luz sobre el control de la infección en las residencias

La entidad publica un documento en el que, a través de las respuestas de expertos de varias entidades implicadas, se apela a la urgencia de establecer planes mínimos de prevención en los centros de mayores

Redacción EM 19-01-2022

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"Las residencias de mayores tratan de reproducir, lógicamente, condiciones de vida para sus habitantes lo más parecidas a las del hogar. Sin embargo, no dejan de ser lugares donde conviven en proximidad personas con frecuentes e importantes enfermedades de base que comparten cuidadores en un hábitat común". De esta manera se contextualiza el documento 'La opinión del experto. El control de la infección en residencias de ancianos: Un documento de reflexión’ que acaba de publicar la Fundación Ciencias de la Salud

En ese sentido, desde la entidad alertan de que "las residencias de mayores son también un nosocomio, es decir un lugar donde se cuida y trata a enfermos y donde la transmisión de microorganismos patógenos es posible y frecuente". Así, el objetivo de este trabajo ha sido recopilar la información disponible sobre el control y prevención de infección en residencias de mayores en España, tratando de explorar qué espacio hay para mejorar en este aspecto. 

Se conocen las medidas de prevención de infección en otros centros, como es el caso de los hospitales, pero, exponen en el documento, "sabemos menos sobre esta prevención en instituciones más pequeñas, con dotaciones menores de recursos para este fin como es el caso de las residencias de mayores". 

Ante esta situación, el Patronato de la Fundación de Ciencias de la Salud formuló una serie de preguntas sobre la normativa existente para la prevención de la infección en residencias, su grado de cumplimiento y los indicadores existentes y utilizados para seguir este proceso, cuestiones que fueron distribuidas entre un grupo multidisciplinar de expertos en esta materia desde distintos puntos de vista, incluyendo la visión de las asociaciones de pacientes, de los medios de comunicación, de personas responsables de la Administración, de geriatras, infectólogos, microbiólogos y otros especialistas. 

CONCLUSIONES DESTACADAS
Teniendo en cuenta el documento, se pueden extraer determinadas conclusiones como que, en primer lugar, no existe ningún programa regional ni nacional sobre prevención de la infección nosocomial en las residencias, a pesar de que las enfermedades infecciosas son una causa importante de morbimortalidad en los mayores tanto en la atención hospitalaria, como en las consultas de Atención Primaria y, por supuesto, en las residencias. 

Por ello, los expertos aconsejan como "absolutamente necesario" el establecimiento de planes de prevención de infección nosocomial para proteger a la población que vive en estos centros. Esta población es muy vulnerable, está afectada por otros factores de riesgo como la inmunodepresión asociada a edades avanzadas de la vida, la comorbilidad, la utilización de tratamientos inmunodepresores y otros factores de riesgo muy prevalentes en la población institucionalizada (úlceras por presión, sondas vesicales, disfagia, incontinencias, etcétera). 

Un punto clave es la formación de los profesionales que, explican, tampoco tiene el nivel alcanzado en los hospitales –existe un elevado número de gerocultores con formación básica y un escasísimo número de enfermeras y médicos–, lo que dificulta el establecimiento de medidas de contención del riesgo de infección tanto en los pacientes/residentes, como entre estos y los profesionales que trabajan en las instituciones. 

"Un plan de prevención de la infección en las residencias debería ser de obligado cumplimiento en todos estos centros e ir acompañado de un programa de formación adecuado para los profesionales que trabajan en ellos, el establecimiento de un registro de infecciones por microorganismos MDR, de la colaboración de los servicios de microbiología y de las autoridades sanitarias de la zona y de una comunicación efectiva entre estos recursos y la atención primaria y hospitalaria", explican los expertos consultados por la fundación.
 
Como paso inicial, sería necesario elaborar un programa de vigilancia, con un cuidado especial en aplicar las precauciones estándar, y hacer especial énfasis en la higiene de manos. También es aconsejable medir la infección adquirida en el centro, ya sea mediante cortes de prevalencia o estudio de la incidencia. Y plantear políticas activas para el correcto uso de antibióticos. Así, recoge el documento, "es necesario disponer de un plan general con guías de prevención y manejo de las infecciones en centros residenciales con al menos tres grandes apartados: medidas de prevención generales, protocolos específicos para la prevención de las infecciones de mayor prevalencia y planes de manejo de los antibióticos. El plan debe incluir la higiene de manos, la infección urinaria, la infección respiratoria, la infección de piel y partes blandas, el uso adecuado de antimicrobianos y la infección relacionada con C. difficile". 

Para garantizar el cumplimiento de un plan de control de infecciones, se debe nombrar a un responsable del mismo, dentro del equipo sanitario de la residencia. Dicha persona contará con el respaldo de la dirección de la institución y será el referente del centro, encargándose de transmitir todas las pautas al resto de los compañeros y a los residentes y familiares, así como actuar de persona de contacto con los responsables sanitarios del Servicio Público de Salud. "Debe ser un médico, si existe, o una enfermera", explican. 

Son también necesarios los programas de prevención de infecciones para mayores que residen en su domicilio. Los expertos detallan que estos deben ser coordinados por Atención Primaria e incluir programas de vacunación, de prevención de los síndromes infecciosos más frecuentes en los ancianos, de la adquisición de infección desde personas más jóvenes del entorno familiar y finalmente programas PROA para la racionalización del uso de antibióticos en el domicilio. 

"El gran problema moral en la población anciana –concluye el documento– es la discriminación, que termina siendo maltrato, y que a veces es manifiesta, pero otras veces tiene carácter sutil y, en ciertas ocasiones, resulta incluso desconocida hasta para las propias personas que la practican. De ahí la necesidad de educar a la población en general, y muy particularmente a quienes están directamente relacionados con el cuidado en las residencias asistidas".


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