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Cine comercial y los senior: una batalla por ganar

Papeles secundarios, con poca trascendencia para la trama y estereotipados: ese es el perfil del personaje mayor del cine de Hollywood. Hablamos con expertos que nos explican el porqué de esta tendencia y cómo podemos acabar con ella

A. Lemos 13-06-2019

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Fotograma de Gran Torino.

WARNER

El cine es uno de los mayores tesoros culturales que tenemos hoy en día. Con los años, las cintas más famosas nos han ido dejando verdaderos iconos populares. Desde Chewbacca, el wookie de La Guerra de las Galaxias, hasta el controvertido Torrente de Santiago Segura, todos los personajes de la gran pantalla tienen unas características que los distinguen del resto. Y muchas veces, estas características se basan en estereotipos –sean estos positivos o negativos–, que se acaban por instalar en el imaginario social, sean estos reales o no. Así de grande y atrayente es la fuerza del cine. 

Ahora, cabe preguntarse qué papel tienen los mayores en Hollywood. Para José Ramón Martínez Riera, presidente de la Asociación de Enfermería Comunitaria y profesor en la Universidad de Alicante, los roles de los senior en el séptimo arte son muchos. Sin embargo, “suele estar influenciado por el momento vital en que se encuentran. Es decir, es mucho más fácil que sean personajes enfermos, deprimidos, jubilados o, de manera más positiva, ligados a la experiencia, la bondad o la dulzura”, explica el experto, que hace dos años escribió un artículo científico para la revista ‘Gerokomos’ titulado ‘Las personas mayores a través del cine’.

Para Martínez Riera, el problema está en que estas características también pueden asociarse perfectamente a personajes jóvenes, mientras que los mayores no suelen jugar papeles creativos, vitales o innovadores. Y eso contribuye a “perpetuar los estereotipos sociales que están interiorizados en nuesta sociedad”, lamenta.

Otro de los problemas que expresa el experto es la idea de la felicidad y la vejez. Y es que se da por hecho que, cuando nos hacemos mayores, el deseo de ser felices se traslada a un segundo plano, en detrimento de la tranquilidad, el bienestar y la salud, “sin dar importancia a que ser feliz sigue siendo esencial en los senior, cosa que raramente se ve reflejado en el cine”, asegura. En este sentido, la participación de personajes mayores se convierte en un “contrapunto a la felicidad, la vida, la ilusión y las ganas de vivir, cuando realmente forma parte de su existencia en mucha más proporción de lo que la sociedad es capaz de identificar y valorar”.

LA IMAGEN SENIOR
“Más que positiva o negativa, se utiliza como medio para contar otras historias, y no como fin de la propia película”, zanja Martínez Riera. La consecuencia principal de esta tendencia recae en que los mayores acaban siendo personajes secundarios, intrascendentes o de relleno para la trama. A esto hay que sumarle que el cine que se consume –al menos, en España– suele ser el de Hollywood, por lo que el contexto cultural de las historias no se corresponde con el nuestro. De esta forma, se produce una especie de distorsión de la imagen que se tiene del mayor.

Martínez Riera admite que, por esta causa, los personajes mayores tienen escasos elementos positivos más allá de la dicotomía entre abuelos dulces, simpáticos y entrañables o los que se presentan como amargados, irascibles y cascarrabias.

Pero, ¿por qué sucede esto? ¿Qué fue primero: la sociedad o el cine? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? La realidad es que, como con todas las cosas, hay mayorías y minorías, y pese al incansable envejecimiento de la población, los mayores bien pueden ser considerados una minoría en el cine, ya que esta percepción en el aumento de este grupo etario “no ha sido abordado en el cine, al menos que yo sepa”, señala Martínez Riera.

La población española comparte la idea de que los mayores tienen deteriorada su memoria, que son irritables o que resuelven mal los problemas a los que se enfrentan. Esto los encasilla, limita y desplaza a un ámbito de olvido o lástima que impide su autoproyección social”, y por tanto, también lo que se puede decir sobre ellos en la gran pantalla. Y lo peor de todo: estos estereotipos no siempre vienen de grupos jóvenes. Los propios mayores también se los creen.

La vicepresidenta de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, Sacramento Pinazo Hernandis, también publicó un artículo sobre esta temática hace unos años –‘Reflexionando sobre la vejez a través del cine’–. En una entrevista con entremayores, Pinazo manifestó que evitar estos estereotipos es posible. “Los guiones cinematográficos”, dijo, “reflejan y destacan ciertos aspectos, pero es posible (y muestra de ello son unos cuantos buenos films) hacer películas comerciales y reales”.

LA REALIDAD DE ENVEJECER
Al ser preguntada por ejemplos de películas que plasman una idea real de la vejez, Pinazo elabora toda una cartelera: “Pienso en ‘Elsa y Fred’ (2005), ‘¿Y si vivimos todos juntos?’ (2011), ‘En el séptimo cielo’ (2008), ‘La familia Savages’ (2007), ‘Lejos de ella’ (2006)...”, comienza a enumerar. Los requisitos fundamentales son que “se trate a los personajes como a adultos, se reivindiquen sus derechos, se denuncien situaciones de la vida y que hablen del cuidado y la carga que supone atender las situaciones de dependencia”.

Martínez Riera también coincide con Pinazo en algunos títulos, como ‘El señor Ibrahim y las flores del Corán’ (2003) o ‘Gran Torino’ (2008), y añade ‘Arrugas’ (2011), ‘Up’ (2009) o ‘La vida empieza hoy’ (2010), entre muchas otras. Aunque la lista que propone es larga, reconoce que el cine comercial “no apuesta por historias o argumentos que se ajustan a las necesidades o realidades sociales”, por lo que “se huye de guiones en los que los mayores son parte activa”, quedando relegados a un “reducto vital que se utiliza como elemento cómico o dramático, pero muy alejado de la objetividad”.

El concepto de persona mayor está muy ligado a la edad de jubilación laboral, un criterio que Martínez Riera tacha de insuficiente, “y en algunos casos, incluso erróneo o injusto”. “Se ha determinado que una persona es mayor cuando tiene 65 o más años en los países desarrollados. En los países emergentes, lo es a partir de los 60. Y esto se traslada a cualquier ámbito vital, como si se tratase de la fecha de caducidad de un yogur, a partir de la cual ya no es recomendable su uso”, lamenta.

En este sentido, Pinazo recomienda a los directores y guionistas que, para cualquier tema que quieran tratar, incluyan personajes mayores. “En la sociedad hay un 17% de población mayor, y se encuentran en todos los ámbitos: médicos, profesores y alumnos, empresarios, políticos...”, indica la gerontóloga, que apuntilla que “la diversidad en las personas mayores es muy grande, y esa realidad debería aparecer en pantalla”.

En el transcurso de su investigación, eso fue precisamente lo que descubrió Pinazo: que la imagen de los mayores aparece distorsionada. “Hemos encontrado que los senior suelen aparecer con un papel coral, no protagonista; a menudo se muestran los estereotipos negativos y muy pocas veces, los positivos”, apuntilla. Y este problema, dice, se agrava cuando se trata de mujeres mayores. “Aparecen todavía más vinculadas a los roles negativos (malas, locas, brujas), y menos como protagonistas o heroínas. Aparecen también como enfermas y son cuidadas, cuando la realidad es que son más las mujeres quienes son cuidadoras de otros...”, reflexiona la experta.

CINE Y TRANSFORMACIÓN SOCIAL
“Las películas tienen que hacer algo más que entretener”, sentencia Martínez Riera. “Tiene que ofrecer visiones del mundo, movilizar deseos, influir en nuestras posiciones y percepciones de la realidad y ayudar a construir la sociedad”. O, dicho de otra forma: “el cine tiene el poder de cambiar la forma en que comprendemos el mundo, y por tanto, también es capaz de dar un giro a los prejuicios que se tienen contra los mayores”.

La exposición progresiva a cierta información o mensajes puede mantener o modificar la concepción de la realidad. Por eso la mirada que proponen las películas es tan importante: porque influye en lo que piensa todo aquel que se sienta en la butaca del cine, en este caso, las personas mayores. Y, por supuesto –y como consecuencia lógica–, es capaz de desmontar  esos prejuicios, por arraigados que estén.


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