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'Una vez te llaman señora, parece que se instala y ya no te vuelven a llamar de otro modo'

Entrevistamos a Ana Belén Rivero, autora de 'Señora', una novela gráfica que habla de cómo nos damos cuenta de que nos hacemos mayores

A. Lemos 10-04-2019

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Pregunta.- ‘Señora’ es ya su tercer libro. ¿Qué la lleva a hablar sobre “hacerse mayor”? Y, ¿qué es “hacerse mayor”?
Respuesta.- Fue una decisión editorial. Había compartido una viñeta sobre lo que implica ser mujer con más de 30 años y toda la presión que acarrea por la consecución o no de la maternidad. Como tuvo éxito, se decidió que el libro fuera sobre ello con tintes autobiográficos. 
De momento, para mí, es tener menos ganas de hacer cosas pero la certeza de que todo lo malo nunca es para tanto. 

P.- El título viene dado por el hecho de dirigirse a una mujer como “señora”. ¿Qué reacción le inspira al ser apelada de esta forma? ¿Por qué?
R.- Bueno, depende del día. Antes de ayer jugaba con muñecas, el tiempo pasa muy deprisa y que de un día para otro se dirijan a ti como señora no es plato de gusto dado que toca aceptar que ya no eres una niña. Además, parece que se instala y ya no te vuelven a llamar de otro modo desde la primera vez. Pero como todo, al final terminas acostumbrándote. 

P.- En las 144 páginas de ‘Señora’, a través del humor, se habla de lo malo de envejecer, de las expectativas que se tenía con menos edad y la realidad alcanzada. ¿Ya era hora de que alguien se quejase? 
Bueno, creo que es el pan del día a día de la queja adulta: en lo que nos hemos convertido y qué podríamos haber hecho por mejorar. Creo que es una queja generalizada entre adultos.

P.- Como no podía faltar, algunas páginas están dedicadas al amor, “eso que mueve montañas”. ¿Cómo lleva este aspecto una ‘señora’?
Fenomenal. En otras cosas no, pero en este aspecto lo llevo muy bien. Hace 11 años me enamoré de un buen amigo, pese a que la amistad es una línea de fuego que, en teoría, no tiene que cruzarse en la senda del amor. Fue la mejor decisión que he tomado nunca. Somos muy felices, nos cuidamos y respetamos y nos reímos muchísimo juntos…
Parece ciencia-ficción tener relaciones tan sanas en una era tan complicada. 

P.- Desde luego, lo que más se nota del envejecimiento son los cambios físicos. Estos cambios, ¿atormentan de la misma forma a hombres y  mujeres?
R.- No, porque, desgraciadamente, la belleza femenina viene considerándose moneda de valía por encima de su intelecto o sus capacidades y los años pasan por nosotras como apisonadoras. Encima, el capitalismo ha encontrado en nuestra lucha por mantenernos jóvenes y delgadas un filón, y no cesará en su empeño por culpabilizarnos si no obedecemos. 

P.- Pese al tabú que supone, también toca el tema de la muerte. ¿Cómo se concilia un humor tan satírico como el suyo con esta temática?
R.- Bueno, es precisamente la sátira lo que me ayuda a enfrentarme a todo lo malo que me acontece. Es la forma de entender mi realidad e intentar que no me aplaste riéndome con ello. 
Para mí ha sido duro perder a alguien que fue muy especial, y tener que despedirnos de las personas que han formado nuestro mundo es parte del proceso de hacerse mayor, por eso le dediqué un capítulo. 

P.- Mientras escribía/dibujaba ‘Señora’, ¿a qué público se dirigía? ¿Qué acogida ha tenido entre sus lectores?
R.- Me dirigía a quienes están como yo: quienes están en la treintena, han hecho todo lo que les dijeron que tenían que hacer (estudios, trabajo, relaciones serias…) y se han encontrado con una situación de precariedad que no les permite evolucionar como se supondría que tendrían que evolucionar los adultos. 
Hay quien se siente más o menos identificado pero, en general, está siendo bien acogido.

P.- Este libro incluye también una serie de recortables. ¿Cómo se le ocurrió esta idea y cuál es su intención con ellos?
R.- Es una pequeña tontería de diseño, puedes jugar con la contra y las pestañas y convertirme en una señora de rulos y bata o dejarme como estoy en la portada con los pantalones del pijama de Hello Kitty y una camiseta de las Spice Girls que ya no entra. 

P.- ¿Cuál es su conclusión de este proceso de envejecer después de haber publicado este libro? ¿Ha cambiado con respecto a su idea inicial?
No, la verdad es que sigo en la casilla de salida. 
Aún me queda mucho que pelear y mucho de lo que quejarme todavía.


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