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Juan Muñoz Martín / Autor de las sagas infantiles ‘Fray Perico y su borrico’ y ‘El Pirata Garrapata’

'La vida hay que vivirla como una fiesta. Los que estéis cuerdos y sanos, disfrutadla'

Juan Muñoz Martín sorprendió a sus fans este verano, al empezar a publicar en Twitter a sus 91 años. Hablamos con el autor de las sagas infantiles más famosas y atemporales de la literatura española

Redacción EM 16-11-2020

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Pregunta.- Usted ha dedicado su trayectoria como escritor a la literatura infantil, con la comedia y la rima por delante. En su experiencia, ¿cómo redujo la distancia entre su yo adulto y su público para atraer la atención, la risa y, finalmente, el cariño de los más pequeños? 
Respuesta.- De una manera natural y sencilla, sin buscar la risa, me sale del alma el dirigirme a los niños y llegar a ellos. Yo no sé exactamente cómo lo consigo, simplemente trato de comunicarme con los niños porque lo llevo en la sangre. La labor de la enseñanza me viene de familia, mi madre Matilde y mi abuelo Ángel ya se dedicaban a ello y sabían muy bien cómo dirigirse a los niños para atraer su atención. En casa, con mis 12 hermanos, el humor y el divertimento, el jugar con las situaciones y palabras era algo muy valorado entre nosotros. No teníamos juguetes. Teníamos a ver quién hacía reír más a los demás. Recuerdo un juego que compartíamos, lanzar un cebollino, con su terrón de tierra, y que volase sobre la cabeza de un hermano o un amiguito. Aquello suponía una tremenda ofensa para aquel que le sobrevolaba la planta, se solucionaba a base de una dicharachera ocurrente con la que acabábamos todos muertos de risa por el suelo. Teníamos el reto de intentar ser más divertido que los demás, mis hermanos eran un chiste, jugábamos con las palabras, que aprendíamos de aquellos libros que encuadernaba mi padre, con colecciones de clásicos del periódico y del quiosco y que yo leía a escondidas. Mi padre Ovidio nos animaba a leer, pero decía: “No tanto como Juan, que parece no hace otra cosa”. Mi padre nos llevaba un día por semana al Museo del Prado, allí es donde aprendí historia. Por eso mis personajes andan como Pedro por su casa en tan fantástico lugar. Os animo a visitarlo, es un placer estar dentro del Museo del Prado. Para mis personajes y para mí, es el paraíso. 

P.- Sus personajes emblemáticos y que han marcado a varias generaciones son Fray Perico y el Pirata Garrapata, pero no son los únicos que ha creado. ¿Por qué cree que son los favoritos de sus lectores? ¿Tiene usted preferencia por alguno de ellos? 
R.- Hay muchas circunstancias alrededor. Las editoriales hicieron una labor muy importante promocionando la lectura por los colegios. Las ilustraciones tan atractivas y divertidas de Fray Perico y el Pirata Garrapata creadas por el dibujante Antonio Tello, que supo plasmar el alma y el carácter de mis personajes. Antonio es un genio no suficientemente reconocido y valorado. Adicionalmente, la colección Naranja de El Barco de Vapor, de la que Fray Perico es el libro número uno de la serie y en ventas, permitió que Fray Perico entrase en muchos colegios y hogares para quedarse. 
Fray Perico escucha y habla con San Francisco. San Francisco escucha y sonríe a Fray Perico y concede milagros. Ambos (un hombre simple y bondadoso y un santo) se tratan como personas y entre los dos se humanizan y llegan al corazón de todos los lectores, porque entre los dos se respetan, se quieren y se vuelven reales. Un ejemplo de buenas personas para los niños desde los seis años que ya lo están leyendo. Son entrañables y por esto gustan a los mayores. Mis libros no son solo para niños, son también para los mayores que se acuerdan de la inocencia de cuando eran niños, cuando la vida y su entorno era más amable. 

P.- Tanto Fray Perico como el Pirata Garrapata han viajado a otros tiempos y culturas: Egipto, Francia, China, la India… ¿qué mensaje envía a los más pequeños con este tipo de cuentos? 
R.- Me encantan los viajes de los grandes marinos y los grandiosos descubridores, aquellos hombres que se lanzaban a la mar y a lo desconocido. Muchos de ellos eran eruditos y estudiosos que tenían afán de descubrir el mundo y la ciencia, arriesgaban su vida y dejaban a un lado las comodidades. Las comodidades y las cosas nos atan. Hay que tirarlas. Las dejaban en tierra. En aquellos tiempos, la tripulación incluía a narradores y escritores. Me hubiera gustado estar en uno de aquellos navíos. Nuestra historia es también muy enriquecedora, por eso mis personajes viven en ella, en cualquier tiempo y lugar. 
Niños, jóvenes, adultos y mayores: hay que lanzarse al aprendizaje y al descubrimiento y conocer otras culturas y costumbres. Es algo apasionante. Además, la vida que nos toca hay que vivirla como una fiesta. A todos los que estéis sanos y cuerdos, disfrutadla. Luego están las enfermedades (físicas y psíquicas), que hay que llevarlas lo mejor posible y hay que acompañar a los enfermos. Yo he acompañado a muchos y a los que más quería y es muy duro. He sobrevivido a las personas más queridas, incluido a todos mis hermanos, a mi mujer (Ninfa para unos y Maruja para otros) y a alguno de mis hijos. Y aquí sigo, animándoos a todos a seguir el ejemplo de mis personajes, que son yo mismo. Lo que se valora cuando te haces mayor es el afecto, el que das y el que recibes.   

P.- ¿Le gustaría ver a Fray Perico o al pirata Garrapata en televisión o en el cine?
R.- Me encantaría si la obra está hecha con calidad y cariño y si reflejase la idiosincrasia del libro y los personajes y si el director, guionista y actores entienden mis mensajes. Puedo visualizar a actores y directores para ello, pero no voy a decir nombres, les he escrito y no me han contestado. Me gustaría que, si se hace, la pieza tuviera golpes tipo la escena del camarote de los hermanos Marx de ‘Una noche en la ópera’, que la puedes ver muchas veces y siempre te saca una sonrisa. Lo que ocurre con mis libros es que se han convertido en clásicos, mis lectores repiten y releen porque recuerdan las carcajadas que los episodios provocan y quieren revivirlos. Todas las riquezas acumuladas a veces no tienen tanto valor como aquel recuerdo infantil de estar en tu habitación, en casa de tus padres, leyendo tu primer libro (que para muchos fue Fray Perico y Garrapata) y disfrutando. Muchos de mis lectores quieren trasladar esa emoción a sus hijos. Estoy encantado porque lo consiguen, me lo cuentan y yo estoy aquí, por suerte, para verlo y disfrutarlo.  

P.- Antes que escritor, usted ya era maestro. ¿Qué le empujó a escribir?
R.- Siempre me gustó escribir. En el colegio me felicitaban por mis ingeniosas y divertidas redacciones y por su calidad literaria. Conseguí entrar en las instituciones a las que mi madre decidió enviarme, para así yo tener la educación que ella consideraba la más docta y erudita, y las redacciones en aquellos tiempos eran la prueba de acceso. Mi redacción me permitió acceder y estudiar en el Seminario Conciliar de Madrid, con nueve años. Estudié Latinidad y Filosofía, que era lo mío, mi padre en casa ya me quitaba los libros, pero mi madre (lista como todas las madres) me colocó allí donde yo debía de estar. Pasados unos años, como los directores del seminario ya se percataron y no me veían muy pro-seminarista, llamaron a mi madre y se decidió que entrase en el histórico Instituto Cardenal Cisneros de la calle Reyes, estaba junto a mi casa familiar de Amaniel 7. En este Instituto han estudiado grandes ilustres de nuestra historia que se dedican a facetas más valoradas que la literatura infantil y juvenil. Soy antiguo alumno y profesor del IES Cardenal Cisneros, no sé si esto está constatado en algún lugar además de en mi memoria. De hecho, de aquella época tengo escrita una versión propia del Quijote en verso. ¡Imaginaos! Siempre me ha gustado escribir, me divierte. Mi Quijote en verso es una obra de arte. Espero que se aprecie y se guarde para quien le interese pueda leerla y divertirse. Está inédita en una carpetita que guardo con mucho cariño en casa.    

P.- ¿Cómo se organizaba para compaginar estas dos profesiones?
R.- Son totalmente compatibles. De hecho, siempre he leído mis historias inéditas a los alumnos y así ya sé qué parte y qué diálogo es la que más gusta a mis escuchantes –lo mido en función de las carcajadas–. Luego lo publicaba como historia corta en un periódico y, si además recibía cartas y mensajes de niños y padres que elogiaban con entusiasmo, acaba ampliando y escribiendo capítulos que llegaban a ser un libro. Algunos libros los he publicado y otros me los han rechazado. Lo que estos ignoran es que mis alumnos (niños) cayeron al suelo de la risa con esos textos disparatados que ellos (adultos, claro) consideran, como es de lógica, no comerciales. En cualquier caso, mi legado dice que se hagan llegar a los niños y mayores de una forma u otra. Es cuestión de tiempo y de encontrar la fórmula y el momento. Estoy abierto a sugerencias. Twitter me ayuda, pues hay estupendos profesionales que me envían propuestas. Algunas las veréis en breve. 

P.- Usted ha asegurado en otras ocasiones que le gusta escribir a mano. ¿No le gustaría probar a escribir a ordenador?
R.- Me es cómodo escribir a mano. ¿Por qué? Porque siempre he tenido a alguien cercano que me ha ayudado a trascribirlo. Yo escribo rápido a mano sobre papel reciclado, que luego paso al que está cerca, y si no lo entiende, pues amorosamente se lo tengo que releer para que lo ponga en bonito y entendible para el resto de la humanidad.

P.- Ahora, a sus 91 años, es uno de los usuarios más queridos en Twitter, donde aprovecha para conocer a sus lectores. ¿Por qué se decidió a usar esta red social? 
R.- Porque en Twitter había visto que hablaban de mí, en primer lugar, fue gracias a Carlos Alsina, que me dedicó un programa precioso con música y todo y, en paralelo, mi admirado David Sierra (colaborador en ‘Gente despierta’ y salmantino). David tuiteó sobre su entrevista conmigo y el asunto se convirtió en lo que llaman trending topic, pues en cuestión de minutos contestan 40.000 queridos lectores freilunos y garrapatunos. A estos tengo pendiente de contestar (que voy poco a poco porque yo tengo noventa y solo uno). 
El pasado agosto, mi colega de Ediciones SM Patricia García-Rojo escribió sobre mi conversación con ella en la pasada Feria del Libro. Se generó un poquito de revuelo en Twitter y entonces lanzo mi cuenta –@autorfrayperico– para poder contestar y agradecer a mis lectores y compañeros de profesión su cariño.
Todos saben que me gusta apoyar a periodistas y jóvenes escritores. Vamos a ver, ¿cuándo eres escritor? Yo ya escribía a los nueve años. En mi caso, me convertí en escritor cuando milagrosamente El Ministerio de Cultura (entonces llamado de Información y Turismo) me concede el Premio Doncel en 1966 y me lo entrega el ministro Fraga Iribarne. Aquello fue un acontecimiento. 
El segundo acontecimiento fue que Fray Perico y los disparatados frailes ganasen el Premio Barco de Vapor en 1979. Otro gran acontecimiento ocurre en 1992, cuando El Ayuntamiento de Alcalá de Henares decide crear y otorgarme el Premio Cervantes Chico (un Cervantes para la obra dedicada a los pequeños grandes lectores). Soy, con mucho orgullo, primer premio Cervantes Chico de la historia. Y por suerte, muchos otros creadores lo vienen recibiendo. Desde aquí pido que el Cervantes Chico incluya también a esos ilustradores que empujan a que la obra escrita entre por los ojos. Brindo por un Cervantes Chico ilustración y cómic, y como primer galardonado, voto por mi gran colega Antonio Tello, que lo tenemos sin reconocimiento.

P.- ¿Es usuario habitual de este tipo de herramientas digitales? 
R.- Soy usuario habitual desde el confinamiento. Me entretiene muchísimo y me acerca a los lectores. Suelo acudir en persona a los colegios y a la feria del libro. Ahora, las redes me permiten seguir en contacto con todos mis lectores y sin ponerme la masbaratilla.

P.- ¿Sigue escribiendo? ¿Podremos leer algo suyo próximamente?
R.- Sigo escribiendo. Tendréis más detalles pronto.


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